Renuncias de profesores se incrementaron 58% en la Facultad de Medicina de la UCV

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Solo en 2017, 72 profesores renunciaron a la Facultad de Medicina. El fenómeno va en ascenso y parece no tener fronteras. De acuerdo con cifras del Decanato, la diáspora se profundizó en 2018. A la fecha, más de 114 docentes de esa especialidad han abandonado la academia.

En los últimos dos años 186 docentes han dimitido de sus cargos, entre otras razones, por los bajos salarios y la ausencia de políticas que garanticen el bienestar social a una población que se lo juega todo en las aulas. En total, 325 profesores han abandonado las escuelas de medicina desde 2017. La inscripción de estudiantes que prosiguen sus carreras de pregrado, durante el período 2018, se redujo en 20 % en las escuelas de Medicina, 30 % en Salud Pública y 40 % en Enfermería.

Caracas. La escasez de insumos no solo compromete la atención sanitaria, también deja sus zarpazos en la formación académica, sobre todo en las escuelas de Medicina, el semillero de los próximos facultativos. A propósito de ello, el Consejo de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) acordó reducir sus horarios de formación académica para establecer media jornada de clases y otra media de protesta.

La medida, que fue avalada por la Facultad de Medicina, busca darle cuerpo a la emergencia humanitaria que embiste a la principal universidad del país. A principios de este mes, el Consejo Universitario de esta casa de estudios declaró la crisis universitaria, un eslabón del conflicto de gobernabilidad que parece aniquilar el mayor patrimonio académico del país: la UCV. Desde 2007, la alma mater recibe un presupuesto reconducido, cuyo grueso se destina al pago de personal obrero, administrativo y docente.

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En un comunicado refrendado por el decano de la Facultad de Medicina, Emigdio Balda, la comunidad universitaria alerta sobre la situación actual y considera necesario emprender una campaña para recaudar fondos entre los egresados que ejercen fuera del país. El déficit presupuestario además ha comprometido las distintas líneas de investigación de al menos siete institutos médicos especializados de la UCV.

Además de la reducción de la jornada de estudio, el Consejo de la Facultad de Medicina resolvió crear un comité de conflicto intergremial para extender y profundizar ese mecanismo de organización en todas las escuelas y facultades de la UCV. El profesorado espera asumir con urgencia un tema que atenta contra la formación de una nueva generación de médicos.

Solo en 2017, 72 profesores renunciaron a la Facultad de Medicina. El fenómeno va en ascenso y parece no tener fronteras. De acuerdo con cifras del Decanato, la diáspora se profundizó en 2018.

A la fecha, más de 114 docentes en esa carrera han abandonado la academia. Durante este período, el número de renuncias se incrementó 58 %, si se cotejan las estadísticas con las de 2017. En los últimos dos años 186 docentes han dimitido de sus cargos, entre otras razones, por los bajos salarios y la ausencia de políticas que garanticen el bienestar social a una población que se lo juega todo en las aulas.

Pero el cuadro luce aún más profuso si se pone en perspectiva el número de profesores jubilados y de permiso. Con 60 educadores jubilados este año, el número de docentes en retiro se incrementó en 24 % en esa facultad, esto si se compara con 2017, cuando 50 instructivos cambiaron su estatus activo a inactivo. La facultad esgrime un número grueso que deja a los estudiantes de la carrera sin su mayor recurso: la experiencia de los facultativos más versados en temas médicos, algunos de ellos con hasta 50 años de ejercicio en hospitales públicos. En total, 325 profesores han abandonado las escuelas de Medicina desde 2017.

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La crisis universitaria, que deja a los hospitales desprovistos de su mayor recurso, sus médicos, va en escalada. La deserción, sostiene la universidad, deja a muchas cátedras y laboratorios de esa profesión sin educadores. En el mejor de los casos, existen asignaturas con un solo facilitador, un fenómeno que se repite tanto en las escuelas Luis Razetti, en Ciudad Universitaria, y José María Vargas, en San José de Cotiza. “La labor asistencial de los institutos está seriamente comprometida y en muchos casos ausente. Hay unidades de investigación cerradas”, destaca el Decanato.

En el último bienio, advierte la facultad, la nómina de profesores se ha reducido en un 40 %. Hoy la academia está en aprietos y tiene en contra las renuncias, jubilaciones y permisos gestionados por su personal. No se trata de un panorama fortuito. En este nivel, las consecuencias del conflicto se asoman como una bifurcación. Además del magisterio, los estudiantes también abandonan los salones. La inscripción de estudiantes que prosiguen sus carreras de pregrado, durante el período 2018, se redujo en 20 % en las escuelas de Medicina, 30 % en Salud Pública y 40 % en Enfermería.

La situación no es menos dramática en el área de posgrado. La Facultad de Medicina reporta una caída de 40 % en el número de residentes de primero, segundo y tercer año. De los 700 cargos ofertados este año, para el ingreso en 2019, solo se inscribieron 545 aspirantes, lo cual deja 30 % de la oferta de especializaciones vacante.

En el oficio emitido por la facultad, que se dio a conocer este miércoles, descuellan siete consideraciones de los docentes entre las que se enumera el acuerdo de mantener la universidad abierta, para acompañar la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones salariales y sociales, de manera pacífica.

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El acuerdo cobra importancia en un momento en el que el Instituto Anatomopatológico de la UCV, que es la principal referencia para la clasificación de algunas neoplasias, tampoco escapa del escollo. En ese centro, situado en la Ciudad Universitaria, el servicio de Inmunohistoquímica perdió su capacidad para determinar marcadores tumorales. La institución lleva más de dos años en cierre técnico por falta de parafina y placas para hacer las pruebas.

Se trata de un servicio importante que permite clasificar el tipo de tumor que afecta a los enfermos oncológicos y que depende, en gran medida, del Ministerio de Salud. Su estado ruinoso es la consecuencia de un sistema desmembrado por la falta de insumos y medicamentos que el gremio sitúa en 90 % en los hospitales.

Fotos: Archivo


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