El politólogo considera que  la oposición debe acudir a las elecciones regionales. Agrega que la dirigencia se ha dejado poner contra las cuerdas por la opinión de los “guerreros del teclado”.

Caracas. De las tres primeras cosas que debemos esperar que haga la coalición dominante a través de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) ya una está en marcha: “Tener el control en el sentido de evitar lo que el Gobierno llama la ‘política insurreccional’ de la oposición. Y eso pasa por el control de la Fiscalía, el allanamiento de la inmunidad de ciertos parlamentarios, pasa por la reforma del poder judicial y por una serie de cosas que van encaminadas a evitar que la política insurreccional que desarrolla la oposición no pueda tener éxito”.

Ese es el punto uno en opinión del politólogo Ricardo Sucre Heredia. El segundo es el económico: “Ahí no se ve mucha claridad en el sentido de que el discurso oficial es de más controles, más castigos”. ¿Más de lo mismo? “Pudieras hacer más de lo mismo creando una especie de chantaje: somos el poder y deben vender a unos precios tales o actuaremos contra ustedes. Es como una especie de economía de la amenaza, que no creo que sea sostenible en el tiempo”.

Para Sucre, el presidente Maduro podría tener en sus manos la oportunidad de tomar decisiones pragmáticas que ayuden a aliviar la crisis, pero de momento no luce como una apuesta segura: “No creo que vaya a hacerse presente la lógica de una economía más abierta, con un sentido más pragmático. No ahorita”.

En su análisis, el otro aspecto apenas asoma en el horizonte: “Es el tema internacional. Tengo la impresión de que el tercer punto de acción será una especie de maniobra para administrar la Constituyente hacia el mundo externo. Creo que hay señales, como el cambio del canciller. Hay que administrar la Constituyente. Quizás no sea casual que Aristóbulo Istúriz e Isaías Rodríguez estén otra vez allí, son personas experimentadas”.

Tal como quedó conformada la directiva de la ANC, ¿se puede decir que hay o no hay equilibrio entre los grupos de poder del chavismo?

-No soy muy de esas tesis. Por supuesto, hay grupos de poder, pero en esta crisis la figura de Maduro salió muy consolidada. No veo débil a Maduro, lo veo más fortalecido. Lo que siento es que lo que hay allí es una división del trabajo, no esa famosa fractura o eso que llamaron el “diosdadato”. Y siempre he pensado que si hay algún tipo de tensión será a propósito del tema de las presidenciales. De hecho, fue Diosdado Cabello quien propuso esta directiva. Diría además que hay un equilibrio: Delcy Rodríguez es una figura chavista y madurista. Es una figura de confianza para Maduro. Es mujer, es directa, confronta, es de la izquierda insurreccional, no de la pragmática. Maduro junto a la dirección del partido habrá dicho: necesitamos enviar unas señales para poder administrar esto, sobre todo internacionalmente. Y sacan a Sanuel Moncada, nombran a Jorge Arreaza, nombran a Istúriz y a Isaías Rodríguez, quienes juegan con las dos caras: la moderada y la radical. Veo un equilibrio y siento que hay una división de trabajo entre los grupos y el liderazgo de Maduro, está muy claro.

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¿No tiene sustento pensar que hay grupos enfrentados en el seno del chavismo?

-Debe haberlos, pero no con esa fuerza como para pensar que Maduro está atrapado o que no tiene maniobra. Maduro está atrapado desde siempre en la lógica de tener que demostrar si es capaz de calzar en los zapatos que Chávez dejó. Por eso su principal motivador en ese sentido es conservador. Maduro pudiera dar el giro pragmático, pero al mismo tiempo está atrapado con eso. Si hago un ajuste cambiario, ¿qué me van a decir? Que soy neoliberal. ¿Qué van a decir esos actores que están en equilibrio pero que pueden desequilibrarse?

Cualquier ajuste pragmático implicaría reconocer errores y echar para atrás. Y eso no está en la naturaleza del chavismo…

-No está, evidentemente, porque sus cuadros más importantes no son de la avanzada de izquierda pragmática, sino que están muy marcados por esa prepotencia venezolana de “yo soy más arrecho que todo el mundo”. Pero no lo descartaría en el caso de Maduro. Lo que veo –tratando de ponerme en sus zapatos- es que él tiene que sentir que está seguro de poder garantizar el orden interno, lo que ellos llaman la paz. Lo que el Gobierno entiende como paz es un orden interno. Y creo que su lógica es: si garantizo eso, puedo ser pragmático. Claro, él no lo va a decir. Se han hecho algunos ajustes en materia de precios, pero creo que pudiera ir a algo más estructurado. No digo que sea ahora, pero no lo descartaría en el mediano o largo plazo.

¿Funciona la ANC como un mecanismo para generar esperanzas de cosas buenas por venir entre las clases populares?

-Te diría un rotundo sí. Me tomé la molestia de ver mucho el discurso del chavista de base el día del simulacro de la Constituyente y siento que hay dos motivadores para el voto chavista. El primero, la idea de paz, de orden. Por más trucadas o manipuladas que hayan sido las entrevistas a la gente, sobresalía mucho ese elemento: paz, ya estoy cansado de las guarimbas, de la violencia. Y el segundo motivador es ese que dices. Si yo tratara de llevar lo que vi a una idea sería así: “le voy a dar otra oportunidad a Maduro porque el hombre ha aguantado y espero que salgan cosas buenas y pueda, en verdad, abordar los problemas”. Me atrevo a decir que hay un pasivo o puede ser un pasivo a futuro porque ya no le van a dar otra oportunidad.

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Los problemas vienen cuando quiebras las expectativas al pueblo, cuando percibe que no se dio lo que le prometieron y con la Constituyente se han hecho demasiadas promesas…

-Ese es el reto. El Gobierno manejará por un lado elementos populacheros con algunas medidas, con otras tratará de dar un cauce en la Constitución, derechos, etcétera. Dependerá también de cómo responda la parte opositora, porque esperar a que ese quiebre sea por combustión espontánea no sería acertado. El chavismo tiene capacidad política, aunque eso no se le reconoce mucho. Tiene maniobra, sabe jugar políticamente. Si eso lo dejan así, el chavismo podrá superarlo. De hecho, logró encauzar a su público en una estrategia de Constituyente y lo logró activar. ¿Eso va a durar o no? Sabemos que la Constituyente no será la solución a los problemas. Pero si eso lo dejan solo entre el público oficialista, el Gobierno tendrá la habilidad de sortearlo a un costo muy grande posiblemente.

Además de su origen cuestionado, la ANC parece un mecanismo que requiere mucho esfuerzo y coordinación para ponerse en marcha, 545 personas, muchas propuestas más la línea que baje del Ejecutivo. ¿Es posible que a la larga sea la propia ANC la que termine de fragmentar a la coalición dominante o esa es una esperanza vana?

-Ahora no se descarta ningún escenario, pero como están las cosas hoy, no lo veo. Siento a esa coalición con una buena división del trabajo, muy cohesionada. Siento que cada quien sabe su rol, que tienen un proyecto de poder claro. Veo mucha confianza en el sentido del manejo del poder y te lo dicen: llevan 18 años en esto. Creo que lo van a poder manejar.

Digamos entonces que el Gobierno está mejor de lo que se cree… ¿Y la Unidad Democrática está tan mal como se ve en este momento?

-Diría que sí, que el Gobierno está mejor de lo que la opinión general le concede. Por el precio pagado es difícil hacer un análisis tan frío de la Unidad, pero diría que mantiene sus activos: tiene apoyo popular, tiene estructura, una dirección. Y tiene un activo importante ahora que es el apoyo internacional. Pero siento que su cálculo estratégico no funcionó. No funcionó en el 2014, no funcionó ahorita. A lo mejor mañana funciona. Pero a los precios de hoy, no funcionó. La diferencia con respecto al año 2014 es que hoy el precio pagado ha sido mucho mayor. La estrategia de la fractura, al menos hasta ahorita, no ha funcionado. Lo que ha creado es una ruptura interna muy fuerte y una fractura con tu público, con el público más extremo que ahora te reclama y algunos de esos reclamos –aunque no soy parte de esa corriente- tienen razón. Y al público moderado lo alejó. Al menos en la encuesta Ucab-Delfos al 29 de mayo los bloques están distribuidos más o menos proporcionalmente: 40% que es el bloque opositor, 30% que es el chavista y 30% que son los no identificados. El bloque opositor ha bajado, el chavista también. El precio para el opositor ha sido mayor, esa disminución alimenta al bloque no identificado. Diría entonces: tienes tus activos, pero tu estrategia política no salió bien. La comparación puede ser banal, pero es como si Apple o Samsung, que son tremendas empresas, sacan un mal producto y deben ver qué hacen al respecto.

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Y esa sensación de derrota entre la gente, ¿tiene fundamento real? ¿La pelea ya se perdió?

-Depende de lo que llames “la pelea”. Si es tumbar al Gobierno, sí. Ahora, si es construirte como alternativa, diría que no. Estás allí. Como el ejemplo de Apple y Samsung: están allí. A lo mejor este “producto” no funcionó, pero no siento que la gente le haya retirado toda la confianza. Si entiendes por pelea que hay que tumbar al Gobierno, esa pelea la perdiste. Y a un costo sumamente alto. Ahora, si entiendes por pelea acumular cosas como fuerza política o que la gente vea en ti que tienes una serie de capacidades, entonces diría que sigues allí. El Gobierno se ve fortalecido pero también tiene nuevos retos, nuevas limitaciones. Por eso el concepto de administración para el Gobierno es importante. Y el reto de la oposición es plantearse como alternativa para lo que pudiera ser la tentación del Gobierno, que yo llamo la etapa gomecista: perdurar con un poder sin control. En esa pelea todavía está y todavía tiene fuerza la oposición. Pero para crear una crisis como la que se pretendía, ya se necesita apoyo externo. Y la sensación de derrota se explica por el error de la dirección política de crear unas expectativas sumamente altas e irrealizables. Se dejaron poner contra las cuerdas por la opinión de los “guerreros del teclado” y, por supuesto, la situación de la ANC catalizó esas diferencias que ya venían allí.

Regionales: ir o no ir. ¿Usted qué aconseja?

-Desde el año 2015 mi posición es ir a esa elección y a cualquier otra que establezca el calendario. Ahora tienes la nueva variable de Smartmatic y el CNE. Y, claro, no puedes ir como quien va a un picnic y vamos a poner el mantelito en la grama. Las elecciones de 2015 cerraron un ciclo sobre cómo se hacen elecciones en Venezuela, ¿por qué? Porque el Gobierno vio que puede perder y puede perder con sus propias reglas. ¿Hay que ir? Rotundamente digo que sí.

Foto:  Miguel González



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