Ser papá y policía no es tarea fácil  

Salir en familia es un dolor de cabeza para el inspector jefe de Polisucre, Enio González, pues siempre está pendiente de que no corran peligro

Yohana Marra / @yohanamarra

Caracas. Con 41 años encima el supervisor jefe de Polisucre, Enio González, tiene tres hijas convertidas en unas señoritas. Quisiera que jamás sigan sus pasos de convertirse en policía porque tiene miedo a perderlas.

“He visto a muchos compañeros enterrar a sus hijos, incluso a muchachos que conocí desde niños y se fueron primero que ellos. En mis manos está esforzarme para que estudien otra cosa”, dijo con un tono bastante pausado, como si le costara hablar del tema con tan solo imaginarse en esos zapatos.

Ser papá, esposo y funcionario no es fácil pero sabe bien separar cada cosa, es demasiado firme con eso. Al llegar a casa se pasa el interruptor por eso habla poco de lo que vivió en las calles para no preocuparlos y para despejar la mente. Su familia lo respeta.

Aunque su profesión es bastante peligrosa siempre trata de mostrarle a sus chamas lo más positivo. No quiso crearles un tabú con su pistola, pero eso sí, tienen normas de seguridad en casa.

Salir un fin de semana le preocupa porque nunca se siente seguro, siempre está viendo a todas partes y pendiente de estén lo más seguros posible.

“Me da impotencia, pienso a cada lugar que voy. He envejecido muy rápido, antes se podía ir a una fiesta tranquilo ya no. Mis hijas siempre me piden que las cuide y eso trato”, soltó.

Para Enio llevar una pistola a veces es un arma de doble filo, ya que debe pensarlo dos veces para reaccionar ante un malandro si está con sus chamas. Pasó por un atraco con su hija mayor -hace tiempo- y no hizo nada simplemente para no ponerla en peligro. “Dejé que me robaran porque pensé como padre, la protegí a ella”.

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Procura no ser fanfarrón con su profesión, incluso a veces ha tenido que ocultarlo por su bien, como en 1995 cuando estudió Biología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) por dos semestres. No pudo llevar los dos horarios y faltaba mucho a clases, lo peor era que a nadie le podía decir en qué trabajaba porque “me quemaban vivo”.

Sin embargo pudo sacar varias carreras y se convirtió en técnico superior en Publicidad y Mercadeo, licenciado en Administración, así como en Ciencias Policiales.


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