Servicio de Lactancia Materna del J. M. de Los Ríos se ofrece en una mesa del cafetín

lactancia materna

Las especialistas pasan consultas durante todo el día, llevan registros diarios, pero solo se limitan a dar una orientación básica. En ese espacio no hay atención personalizada, ni enseñan las técnicas para amamantar. Hacerlo en un espacio no acorde va en contra de la integridad de la mujer, quien debe quitarse parte de la ropa y dejar al descubierto sus senos en un área común para la comunidad y el personal de este importante centro de salud.

Caracas. “No mejora el enfermo” diría la abuela de la familia para resumir lo que acontece en el primer puesto asistencial pediátrico de referencia nacional: el J. M. de Los Ríos.

Ahí es frecuente la ausencia de antibióticos para los niños —una noticia que recorre las redes sociales— pero puertas adentro hay otras fallas con el mismo grado de repercusión, como es el caso del cierre del Servicio Mi Gota de Leche, habilitado “temporalmente en el piso 4”, al lado de un laboratorio.

El cierre o, mejor dicho, suspensión de las consultas, se hizo efectivo el pasado 12 de noviembre, con la autorización y conocimiento de la Dirección hasta tanto esté operativo el ascensor de la torre de consultas.

La doctora fundadora del servicio, Evelyn Mercedes Niño, dijo que tanto el personal como las madres de los lactantes se ven imposibilitadas para poder llegar al piso 4 por las escaleras. Muchas de ellas se recuperan de una cesárea y no es aconsejable subir tantos pisos.

El servicio Mi Gota de Leche del J.M de Los Ríos

Por tanto, y para no dejar desasistido el servicio, optaron por atenderlas en el cafetín, donde ocupan dos mesas para brindar un mínimo de orientación acerca de la lactancia.

No podemos dejarlas solas, tenemos que dar la cara. Al día por aquí pasan hasta 20 bebés, que, sumadas sus mamás, son 40 pacientes requeridos de orientación y apoyo y que con el problema del ascensor no han podido ser atendidos.

Con dificultad atienden a las beneficiadas.

Explicó la pediatra que desde septiembre han venido conversando con la directora Natalia Marthino, “quien ha sido muy receptiva y ha manifestado su disposición para apoyarnos, una vez le fue presentado el informe situacional sobre las deficiencias y condiciones del local que ocupa el servicio desde junio de 2015. Ella pudo constatar personalmente, además de conocer las actividades que desarrolla este departamento especializado en la asistencia y promoción de la lactancia materna, así como las estadísticas de rendimiento del mismo”.

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El servicio lleva más de un mes cerrado.

No es que en el piso 4 el programa Mi Gota de Leche este en su máxima capacidad operativa. En ese espacio están hacinados: mide 8 metros cuadrados y ahí las madres no pueden hacer los ejercicios. Lo ideal sería que lo regresen a su espacio natural, al lado del servicio Neonatal.

Desde entonces, Mercedes Niño se para en la puerta de la Dirección para pedir respuestas. La semana pasada le informaron que no es posible resolver la dificultad con el elevador, que no solo afecta a Mi Gota de Leche, sino al resto de las consultas como Urología, Nefrología, Cardiología, entre otras, que hacen vida en esta ala del hospital.

En el cafetín ocupan dos mesas para recibir a las mamás. Pero no pueden hacer uso de todas las técnicas para enseñar a amamantar. Si alguien llega con mastitis ese no es el ambiente adecuado para asistirla. Se requiere de asepsia, de los equipos e indudablemente en un cafetín, con todas las bacterias rondando, es imposible garantizar el derecho a la salud.

Los registros que acumula este servicio —que ya tiene 16 años— también muestran la gravedad de la situación. En octubre beneficiaron a 808 mujeres y en noviembre solo llegaron a 211.

Asimismo, el lactario sufrió un déficit, de los 7277 litros de leche materna recolectados en octubre, en noviembre llegaron a un litro.

La doctora Niño junto con su colega Elide Rangel, este martes estaban sentadas en un lado del cafetín explicando a una señora la situación del centro y la razón de la suspensión. En ese momento hacían entrega a una niña de su certificado summa cum laude, por sus tres años continuos como Bebé Amamanta, uno de los buenos resultados del programa que ha salvado a centenares de niños.

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Fotos: Mabel Sarmiento Garmendia


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