Juan Maragall, director de Educación saliente, en entrevista a Crónica.Uno destacó que la política del Estado apunta a la exclusión y al desmejoramiento académico.

Dice que ahora la educación mirandina está en manos de Héctor Rodríguez, “quien hizo una consulta nacional en términos bastante amplios, cuando fue ministro, pero que no condujo a nada”.

Caracas. Cambio de Gobierno, cambio de timón. Y eso fue lo que pasó en el estado Miranda, con el triunfo del oficialista Héctor Rodríguez, quien llegó para destronar casi nueve años de gestión en manos de la oposición.

Educación y Salud figuraban como dos pilares dentro del gobierno que lideraba Henrique Capriles Radonski, fuerte adversario a las políticas gubernamentales.

El 15 de octubre, pasadas las 10:00 p. m. esos pilares se tambalearon con los resultados que dieron como ganador a Rodríguez.

¿Y qué vino después? La transición que duró una semana completa.

Ahora, en el caso de la Educación mirandina, direccionada por el profesor Juan Maragall, una agenda quedó a medio camino.

Y las expectativas de que se cumpla no son nada alentadoras, aun cuando el nuevo gobernador tiene carrera en lo social, pues fue ministro de Educación entre 2014 y 2015, de la Juventud en 2013, segundo vicepresidente para el Área Social en 2011 y ministro de Deportes en 2010.

Sobre el particular fue muy tajante y reflexivo Maragall, fiel creyente de que la educación se hace en los salones y no detrás de un escritorio.

¿Qué cree que pase con la educación en Miranda?

—Si van a aplicar en Miranda las mismas políticas que emanan del Ministerio, son muy malas noticias para el estado. Si observas la política Educativa Nacional, al final está reducida a repartir Canaimitas y si es que les quedan, todavía seguirán dándolas. Pero no hay una política de construcción de escuelas, ni de fortalecimiento de la formación docente, no hay programas pedagógicos. Nosotros somos el único país en Latinoamérica que no evalúa el rendimiento académico, somos la oveja negra en evaluación. La mayoría de los países de la región han creado institutos de evaluación de la educación que le reportan al país cómo van en la materia. Aquí estamos en la cola, en el sótano. Somos la vergüenza en Latinoamérica en cobertura de rendimiento y en exclusión escolar, cuando a finales de los 90 éramos un orgullo a seguir.

¿Cuál es el principal logro de la gestión en Miranda?

—Son tres cosas: lograr que todo el mundo pueda ir a la escuela, que la infraestructura esté en buenas condiciones y que el docente sea bueno. Y ahí nosotros enfocamos nuestra gestión. Para que la gente pudiese incorporarse al sistema educativo construimos 50 escuelas, ampliamos más de 35 planteles y rehabilitamos más de 500 escuelas. Además, creamos más de 55 rutas de transporte escolar para que los niños fuesen a clases, potenciamos el programa de alimentación para que tuvieran motivaciones adicionales, dotamos y nos ocupamos del mantenimiento y recuperamos la carrera docente, desde el punto de vista profesional: ascendimos más de 1000 directores por la vía de concursos y de los 10.000 docentes que tenemos, 6000 ingresaron a la carrera por concurso. Todo se hizo sin discriminación político-partidista. Todo eso que te digo condujo a un mejoramiento de los alumnos.

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Según Maragall, eso se traduce en que subieron los promedios académicos de Lenguaje y Matemáticas.

Cuando entraron a la Gobernación encontraron un rendimiento en Matemáticas de 5 puntos y en Lenguaje de 7. Eso sobre 20 puntos.

“Y como decimos en criollo, estaban raspados. Pues eso lo subimos a 10 puntos de promedio en Matemáticas y a 13 puntos en Lenguaje. Se hizo progresivamente y ese es el indicador más claro de que se hizo un esfuerzo importante por mejorar el rendimiento académico”.

¿Eso es posible compararlo con algún otro estado?

—No es comparable. Antes de este proceso existía el Sistema Nacional de Evaluación y Aprendizaje. Se hacían evaluaciones bianuales y se publicaban los resultados, estábamos empezando el camino a tener una rendición de cuentas ante la sociedad. Eso desapareció con el proceso chavista. Ellos no creen en las evaluaciones ni en el rendimiento. Su visión de la escuela es otra. Tanto es así que si tú le preguntas a un ministro de Educación de los últimos 15 años cuántos alumnos de tercer grado están alfabetizados, no van a responder. Y eso es lamentable, porque en ese estado es cuando se supone el niño ya sabe leer y de ahí en adelante lee para aprender. En tercer grado se da un cambio sustancial en el uso de la lectura y si tienes analfabetas en ese grado ya estás marcado por el fracaso. Y en Venezuela existe ese índice.

¿Cómo lo están dejando en Miranda?

—Nosotros encontramos casi 30 % de analfabetismo y lo bajamos, eso en menos de 3 % en tercer grado. Eso se hizo gracias a una política orientada a mejorar los niveles de comprensión escrita y lectora.

¿Cuántas escuelas deja esta gestión?

—Entre escuelas, centros de formación de oficio y de adultos y enseñanza especial sumamos 700. Esto fue un proceso dinámico al que incorporamos 14.000 nuevos estudiantes a lo largo de estos ocho años.

En Miranda se llevó la matrícula a 150.000 estudiantes

No obstante, factores sociales hicieron mella en el programa educativo. Escasez de alimentos, problemas económicos y de violencia en el barrio hicieron que en 2016, 10.000 estudiantes abandonaran la escuela.

Según Maragall, en primaria el porcentaje de deserción es de 9 % y en bachillerato es 13 %.

¿Y eso fue constante estos años?

—Es un fenómeno de 2017. Incluso nosotros teníamos previsto hacer un censo ahora a finales de octubre y principios de noviembre, obviamente ya no estamos y no lo haremos pues no es de nuestra competencia. Pero cuando hicimos el censo a finales de junio esa fue la estimación: 10.000 alumnos fuera del sistema y la proyección en el país es de 560.000 estudiantes.

Las causas son multifactoriales. Tenemos un porcentaje de niños que no cenan ni desayunan y ni van a la escuela porque ahí tampoco hay comida, otros que no cenan ni desayunan, pero no van —aunque funcione el comedor— porque se van con las mamás a buscar comida; otros que aun teniendo alimentos no asisten porque no tienen para el transporte y cuando [el niño] va entonces es la maestra la que falta porque tampoco tiene qué comer. Simplemente la escasez de alimentos cambió la rutina familiar y escolar.

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Un alumno gasta en pasaje entre Bs. 900 y Bs. 2000 a diario para poder ir a clases. Eso hace que muchos no vayan. A eso se añade el factor violencia.

Las estadísticas que maneja el docente dan cuenta de que para octubre de 2016, 8 % de los estudiantes reportaba que en su entorno había enfrentamientos entre bandas; y en marzo de este año el ascenso fue desmedido: 30 % reportó problemas asociados a la inseguridad.

“Eso significa que en una de cada tres escuelas hay violencia en sus comunidades”.

¿A ustedes los obligaron a aplicar el cambio curricular?

—No. Pero a mi entender lo del currículo fue una restructuración de la carga de horarios, eliminaron los laboratorios de ciencias e incorporaron cursos que son como electivos, y eso no es un cambio profundo en el sistema. Ningún país del mundo ha mejorado su desempeño educativo basado en un cambio de currículo.

La transformación la quisieron hacer en el sistema medio de enseñanza, donde el principal problema es la falta de profesores. Entonces si quieres mejorar la calidad media tiene que aplicar una seria política de mejoramiento e incentivo económico para los profesores. Así como está planteado no suma ni resta, no va a tener un impacto positivo ni va a reducir la deserción escolar. Eso lo que hace es distraer los problemas, cuando el gran reto que tienen, y esto pasa en todo el mundo, es captar el interés y la motivación de los adolescentes. Pero el ajuste curricular no corresponde a ese reto.

Según Maragall, el presupuesto 2018 que estaba montado superaría el billón de bolívares. El de este año llegó a 50.000 millones.

¿Qué cree que pueda pasar con la educación media en Miranda?

—Hay un altísimo riesgo social. Si tomamos en cuenta que para 2016 había entre 800 y un millón de adolescentes fuera de las aulas, a eso le sumas los de 2017, superamos el millón. Muchos están buscando una manera de sobrevivir, eso no significa que todos caigan en la violencia, pero si seguirán en la pobreza, porque aquí, en el país, está marcada la exclusión social del adolescente.

¿Qué tareas dejan pendiente?

—Queda pendiente el censo, estamos esperando los resultados totales de las evaluaciones de las escuelas y esperemos que continúen con el programa de Lengua que llamamos “Pilas” y el de Matemáticas “Anímate”, que no se paren los programas de promotores de paz, de formación de directores de escuela, que llamen a concursos docentes y que se avance en el proceso de regularización de la titularidad.

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Además, quedaron varias escuelas en proceso de construcción. Estábamos terminando una en Araira, la escuela Vicente Emilio Sojo en Guatire y un proyecto en Ojo de Agua en Baruta. Ojalá eso continúe.

Lamentablemente, algunas de esas infraestructuras están a mitad de camino. Ahora iniciativas nuevas no creo, pues eso no lo han mostrado a nivel nacional. Hasta 2015 que fue cuando publicaron la Memoria y Cuenta construyeron entre 20 y 25 colegios, cuando debieron estar levantando cerca de 500 planteles nuevos. El problema es que no tienen conciencia de edificar nuevas instalaciones.

Luego de los resultados del 15 de octubre, las direcciones a cargo de Henrique Capriles hicieron traspasos de sus gestiones. En el caso de Educación fueron nombradas comisiones de ambos lados, seis del nuevo gobernador e igual número de funcionarios salientes. La rendición de cuentas terminó el viernes 20 de octubre.

¿Quién queda en el cargo?

—Me lo han preguntado varias veces. El encargado es el gobernador, es él quien decide cuánto va a signar a cada sector, el personal, qué políticas va a aplicar. La educación en Miranda está en manos de Héctor Rodríguez.

¿Fue ministro de Educación, usted cree que ese será su fuerte?

—Para ser justo, hizo una consulta nacional en términos bastante amplios, de hecho, nosotros participamos. Pero más allá de eso, la consulta no condujo a nada, a ningún cambio en la educación del país. Eso se hizo en 2014 y han pasado tres años. Simplemente tuvo un período amplio para la consulta, y no tuvo capacidad ejecutiva para introducir un cambio.

En su campaña para gobernador y luego del triunfo no ha dicho nada relevante. Me impresiona la omisión frente a los temas de salud y educación, justamente donde la gestión de mirandina ha sido más exitosa.

Sin contar que en esa cartera no hay continuidad de programas…

—Iba a cumplir casi 9 años en mi gestión y conocí creo que a cinco ministros. Ahí hay mucha inestabilidad, colocan a un operador político, pero no es gente que conozca de educación. El mismo Héctor Rodríguez va desarrollando una carrera política pero no deja nada en su ruta.

Perfil y trayectoria 

Juan Maragall cursó estudios educación mención Ciencias Pedagógicas en la Universidad Católica Andrés Bello (1985) y en las áreas de Psicología Social (USB), Gerencia Educativa (UCAB) e Informática Educativa (University of Hartford).

Desde 2008 y hasta la actualidad ha sido secretario de Educación del Estado Bolivariano de Miranda desde donde ha impulsado proyectos centrados en el desarrollo pedagógico de los docentes, poniendo en primer lugar a más de 150.000 niños y 640 escuelas a su cargo.

A su salida de esta dirección se está tomando su tiempo:  “Estoy evaluando opciones. Soy hombre de escuela, de estar en medio del ruido de los niños y en diálogo permanente con los directores”.



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