Las vitrinas de las carnicerías estuvieron vacías desde la semana pasada debido a la incertidumbre acerca de los nuevos precios.

Ciudad GuayanaMortadela, mondongo, salchichas y costilla. Eso es lo único que exhibe en su negocio la Carnicería La Villa de don Polo, en Puerto Ordaz, Luis Rodríguez.

Desde principios de mes ha escuchado la misma respuesta de los ganaderos: “No vamos a despachar”. Es lógico, apunta Rodríguez, cuando no había un acuerdo entre Gobierno y productores sobre los nuevos precios. Y la consecuencia es visible: en las carnicerías de Ciudad Guayana no hay carne.

A diferencia de finales de octubre y de principios de noviembre, cuando al menos había una oferta disminuida pero la había, por estos días lo único que hay son congeladores vacíos.

Hay dos causas. Primero, las inspecciones sorpresivas de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), que obligó a muchos carniceros guayaneses a vender a precios de pérdida y que generó, luego, escasez debido al temor a decomisos y cierres. Luego, la prolongación sobre el acuerdo para los nuevos precios, que finalmente fue anunciado este miércoles.

Los carniceros estamos vendiendo asustados. Lo que pasa es que de algo tenemos que vivir y con algo tenemos que pagar a los empleados. Solo nos queda algo de cochino y salchicha. Mira el estante de los refrescos: ni eso tenemos. Los ganaderos no se quieren mover porque ahora uno siente que si transporta carne es como si llevara drogas, lamenta Rodríguez.

Lee también
Anuncio de regulación de precios vació carnicerías de Táchira

¿Cómo hacen?

Nebraska Figuera es propietaria de Mawida´s, un cafetín universitario. Ha podido mantener a la venta los productos con carne —como empanadas— por el inventario.

Pero esta semana andamos en búsqueda. Tenemos proveedores de carne, aunque no sabemos el precio. La semana que viene, si se acaba la carne, podremos saber más sobre lo que pasa, apunta.

Leonardo Marcano, propietario de un quiosco de comida rápida en Villa Colombia, Puerto Ordaz, sí tomó la decisión más drástica: dejar de vender hamburguesas.

Lo que vendo es perro caliente. La carne no se consigue, y donde se consigue está en 90.000, 100.000 bolos. Si compro carne a ese precio, tengo que vender la hamburguesa a 40.000. ¿Cómo yo vendo una hamburguesa en 40.000? Eso es un exabrupto, razona.

Luis Rodríguez explica que la incertidumbre ha traído otras consecuencias, como que ganaderos del estado Bolívar prefieren vender, por otros caminos, la carne en Colombia y en Brasil. Así no hay pérdidas, resume, sin saber qué va a ser de su negocio la próxima semana.

Foto: Marcos Valverde



Participa en la conversación