Según los productores, lo que se queda de este lado de la frontera debe ser vendido por el monto en que lo comprarían los colombianos.

San Cristóbal. “El costo de la vida sube otra vez”, dice una canción muy famosa y que ahora se ha convertido en una de las frases más utilizadas por los sancristobalenses. Vivir en la frontera hasta hace poco era casi una bendición, pues el comercio se mantiene activo debido el dinamismo constante entre San Cristóbal y Cúcuta, capital del Departamento Norte de Santander, lo que llevó a que esta línea fronteriza fuera considerada, por muchos años, el paso más activo de América.

Actualmente, el panorama no es el mismo. Vivir en la frontera se ha vuelto un verdadero calvario para los tachirenses, que ven como sus salarios pierden valor a medida que pasan las horas.

Ropa, zapatos, productos de limpieza y los alimentos disparan sus precios en cuestión de horas, pues según lo declarado por varios compradores, e incluso vendedores, es que lo que se queda de este lado de la frontera debe ser vendido al precio que lo comprarían los colombianos.

Pero que alguien me explique eso de que un kilo de cebolla de cabeza va a costar 250.000 bolívares el kilo si eso se produce aquí. Nos van a matar de hambre al paso que vamos, señaló Dominga Chacón, quien tomaba de la cesta del mercado apenas una cebolla, ya que su presupuesto es, como el de miles de tachirenses, reducido.

Todo, absolutamente todo lo que se comercializa en San Cristóbal tiene precios exagerados en comparación con otros estados cercanos. Por ejemplo, un solo plátano cuesta entre 6000 y 8000 bolívares, mientras que en el estado vecino de Barinas, el mismo plátano se puede adquirir por 2500 bolívares.

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Una de las razones, además de la escalada inflacionaria que afecta los bolsillos de los venezolanos, es porque resulta mejor para el comerciante vender sus productos en Cúcuta que en su propio país. Por ello, a lo largo y ancho del Puente Internacional Simón Bolívar se observan personas cargadas de aguacates, fresas, moras, plátanos, cebolla de cabeza, cebollín y cualquier hortaliza que se produzca en la entidad andina.

La gente debe entender que para uno es mejor pasar las cosas a Colombia que venderlas aquí. Primero te pagan en pesos y segundo, cuando los cambias valen el doble de lo que uno percibe vendiendo en las ferias o mercados. Hay que ganarle, dijo Jairo Zambrano, feriero de hortalizas.

Lo más triste es que venden caro y nos dejan son las sobras. Mire las zanahorias. Más de 80.000 un kilo y son pequeñitas. Las cebollas parecen las semillas, tomates chiquiticos. Todo lo bueno se lo llevan para Cúcuta. A nosotros nos dejan lo que allá no les compran y bien caro, reprochó Freya Álvarez quien esperaba a pagar en el Mercado de los Pequeños Comerciantes de San Cristóbal.

Foto Cortesía



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