Tamara Herrera: “El Gobierno no tiene un plan, solo una lista de cosas por hacer”

Economista y directora de Síntesis Financiera, Tamara Herrera define la hiperinflación en un sola palabra: destrucción. Cree que sin cambios profundos y una gran convocatoria nacional no se detendrá el acelerado crecimiento de los precios.

Tamara Herrera, economista y directora de Síntesis Financiera, se acerca al tema hiperinflación en un café de Los Palos Grandes, en el que, hasta hace algo más de un año, era poco probable conseguir mesa y en el que el día de la entrevista —a las 6 de la tarde— solo estaba ocupada una. Allí, hace unos meses, tomarse una taza de café no implicaba gastar más de 12 % del salario mínimo.

El pasado mes de julio, en un foro de Fedecámaras, Herrera afirmaba: “Este año la hiperinflación será de seis dígitos”. Incluso, adelantó una cifra: 85.000 %. La realidad la superó y hoy ya no se atreve a estimar en cuánto cerrará la inflación dentro de dos meses. “Mañana puede ser cualquier número, pero todo apunta a que no estamos saliendo de la hiperinflación”.

Un año en hiperinflación. Venezuela viene de un largo período de inflación de dos dígitos anuales. ¿Cómo se gestó este resultado que hoy vemos?

—La hiperinflación en Venezuela es un brote que llegó después de un proceso de incubación. No es que alguien echó una pócima química y pasamos a 50 %. Una vez que pasamos esa frontera entramos en una dinámica de hiperinflación, que tiene rasgos comunes con las que se han dado en diversos países, pero también tiene sus rasgos particulares.

¿En el caso de Venezuela, cuál fue el detonante?

—En nuestro caso tiene mucho que ver con la destrucción institucional que hay en el país, producto del modelo político. Sabemos que la semilla de la hiperinflación está en la mala gestión fiscal. Aquí se hicieron cambios al marco legal para permitir ese crecimiento sin control del gasto. Nos ‘volamos’ el marco legal que impedía el financiamiento monetario del gasto. En algunos casos, de un solo plumazo o, como en el de la Ley del Banco Central, con reformas a cuentagotas que se iniciaron en 2009.

¿Cómo estalla la crisis?

—Ya había un debilitamiento, causado por las políticas económicas, que se agravó por la gestión monetaria per se. El gasto comenzó a crecer cada vez de forma más desbocada, alimentado por la supuesta carrera contra la inflación. Con ello vino el financiamiento monetario del gasto, que alcanzó proporciones que nunca antes habíamos visto (aunque sí lo previmos).

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Por eso digo que estaba siendo incubado progresivamente, cada vez con más fuerza. Cuando se precipitó la crisis petrolera mundial de 2015, quedó al descubierto la debilidad del país. Venezuela no pudo reaccionar, bombear más (produciendo más) para compensar que el petróleo valía menos, debido a la destrucción de la industria petrolera.

Sin leyes que impidan el financiamiento monetario, ¿es necesaria una reforma legal profunda para salir de la hiperinflación?

—Se pueden tomar medidas que nos saquen de la hiperinflación, aunque es un tema muy complejo por la profundización que ha tenido la crisis económica. Estamos inmersos en un proceso de colapso desde hace mucho tiempo. Y todos los pecados (de política económica) han convergido y se cruzaron. Las reformas, los controles, son cada vez más duros y aleccionadores. Las medidas son cada vez más hostiles, hay más fiscalizaciones y más intervencionismo.

Hace dos meses el Gobierno lanzó un plan o una serie de medidas que, sin reconocerlo, tenían como objetivo hacer frente a la hiperinflación…

—Lo primero que debo decir es que eso no es un plan. Se trata de una serie de medidas para resolver un problema que no reconoces. Si el Gobierno no rinde cuenta acerca de su propia medición de inflación, cómo sentará a los actores para resolver un problema que no existe.

Pero, en todo caso, allí están las medidas tomadas hace dos meses…

—Sí, allí están, pero no funcionan, entre otras razones, porque están tomadas con un doble discurso. Dos mensajes para dos audiencias distintas. No hay dirección. Mal podría el Gobierno convocar a lo que se necesita para salir de la hiperinflación.

¿Qué se necesita?

—Un país no sale de hiperinflación si no es con una gran convocatoria nacional. ¿Qué hizo el Gobierno? Una lista de cosas por hacer, una lista de instrucciones que nadie conoce, que se van descubriendo por trozos. Las medidas están fragmentadas, no están debidamente concatenadas.

De los anuncios que hizo el Presidente, ¿cuáles son los más importantes?

—Por un lado sacó su propia regla cambiaria, hizo un incremento gigantesco del salario y, por el otro, un aumento importante de la presión tributaria.

Explica Herrera que el aumento del salario tiene como objetivo la recuperación del poder adquisitivo, para otorgar a la sociedad la capacidad de manejar los importantes incrementos de precios que eran necesarios, pero que se hicieron de forma incompleta, como, por ejemplo, la corrección del precio de la gasolina, que aún no se ha hecho y que “empatucó” al mezclarla con el carnet de la Patria.

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Para la directora de Síntesis Financiera, medidas como la desregulación cambiaria, que pudo haber incidido en el rescate de la confianza, no tiene resultado —ni siquiera temporal— porque el anuncio fue impreciso y ellos mismos se encargaron de destruirla. “El anuncio estuvo tan lleno de mensajes hostiles que destruyó cualquier posibilidad de arrojar resultados positivos”.

En relación con los ingresos, afirma: “Los subieron sin que importara la posibilidad de instrumentarlos. El Gobierno había acumulado toda su caja monetizada por el BCV, mientras que las empresas entraron en shock. El costo recesivo se sentirá por un buen tiempo”.

Después de un año de hiperinflación y de medidas recesivas, ¿cómo está el tejido industrial?

—Muy debilitado, raquitizado. Se ha destruido el tejido de rescate. Se ha quitado terreno a la posibilidad de resurgir. Si a una economía deprimida le impones un shock de esta magnitud, una presión tributaria enorme (cuando se está aprendiendo a sobrevivir en hiperinflación), pues ella misma empieza a empequeñecerse, a racionarse.

El aparato productivo está en modo supervivencia. Hay empresas que no saben si van a cerrar en diciembre para no volver a abrir. Es una situación gravísima. Las medidas no tenían soporte para el sector privado y el efecto sobre las empresas que aún quedan en pie será devastador.

¿En este escenario puede haber un llamado a los capitales privados para que inviertan?

—Ese es el problema, el Gobierno hizo las cosas absolutamente al revés. No hubo ninguna medida o mensaje que indicara dónde está el norte. Dónde están las medidas que compensen los mayores costos, dónde está el proyecto para bajar la sobrerregulación, dónde está el estímulo a la inversión extranjera.

¿Pero puede haber un llamado efectivo con los antecedentes de incumplimiento de condiciones y contratos por parte del Gobierno de manera reiterada?

—Exactamente, claro que no. Eso no está en el discurso ni en las acciones del Gobierno. Lo que vemos debilita el sentido de las acciones económicas correctivas. Venezuela, mientras no atraiga capitales, no sale de esta situación.

¿Hacia dónde apuntan las acciones del Gobierno?

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—Las “soluciones” son cada vez más depresivas. El Gobierno comenzó por lo último que debió hacerse, la reconversión monetaria. Como se hizo sin solucionar la hiperinflación, se volvió más inflacionaria.

¿Qué escenario tenemos dos meses después de las medidas?

—Una profundización de la crisis. Le pusieron un lastre mayor a la depresión y un globo mayor a la hiperinflación. Esta situación fue inducida por las autoridades económicas.

En este momento, ¿qué esperar?

—Creo que vendrán más medidas. Me da la impresión de que, de una manera fragmentada, muy mal coordinada y sin receptividad, seguirán intentando con más medidas. Pareciera que están buscando satisfacer las sugerencias de China y de otros actores internacionales para ver si hacen el asunto creíble.

En esta serie de medidas aisladas y con poca credibilidad, ¿cómo entra en juego el petro? ¿Podrían intentar materializar la criptomoneda para sustituir el bolívar?

—La hiperinflación es un repudio a la propia moneda. Cuando los países optan por una reforma monetaria, como parte del rescate, lo que hacen es anclar o generar credibilidad en la moneda. El cambio de moneda, acompañado de credibilidad, lo que hace es rescatar la demanda de dinero o el deseo de la gente de preservar esa moneda. Si el Gobierno le cambia el nombre al cono monetario (y lo llama petro) sin hacer nada más, pues vamos a estar en las mismas y hasta peor. Yo soy muy escéptica en este sentido. Yo intuyo que entre los multipropósitos con el petro el Gobierno apunta a un sistema monetario dual, una especie de emulación del de Cuba.

¿La única salida a la hiperinflación es un cambio de gobierno?

—El Gobierno no quiere hacer lo que hay que hacer. Las autoridades económicas nos metieron en este problema y son las únicas que nos pueden sacar y esto durará hasta que haya disposición a hacer los cambios.

Para Tamara Herrera, la hiperinflación, en una sola palabra, es destrucción. Una vez terminada la entrevista, las palabras del encargado del café no hacen más que corroborarlo. Cuando se pagaba la factura preguntó: “¿A quién entrevistaban?”. A una economista, le respondimos. “Acerca de qué”, dijo luego. Le informamos que para un trabajo especial porque cumplimos un año en hiperinflación: “¡Apenas un año! No lo puede creer, a mí me parece un siglo”, dijo con tristeza.

Esta entrevista forma parte del especial “12 meses en hiperinflación“.


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