La tribu despachó en seis juegos a Cardenales de Lara en la final de una temporada que se las ingenió para mantener el nivel pese a la crisis.

Caracas. El jonrón con tres en bases del fornido Luis Jiménez en el sexto juego de la final sirvió de epílogo para la campaña 2017-2018 de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) que si algo tuvo para rescatar es haber mantenido el nivel competitivo en medio de condiciones desfavorables que hicieron temer inclusive por la viabilidad de su realización.

Paradójicamente, un toletero que jugó 13 temporadas con los Cardenales y es nativo de Bobare en el estado Lara fue el protagonista en el juego que le dio el tercer cetro a Caribes de Anzoátegui, una novena a la que siempre se miró con desconfianza pese a llegar a la postemporada tras redondear un diciembre notable que pudo extender hasta enero bajo el timón de Omar López, estratega que sumó su segunda corona con los anzoatiguenses.

La tribu terminó la ronda eliminatoria con una cadena de ocho victorias y nueve lauros en los últimos diez desafíos. Desde el 16 de diciembre se impuso en 20 de 24 encuentros y en la postemporada ganó 12 de 16 careos ante las tres escuadras que lideraron la tabla. Primero despachó en cinco juegos a los Navegantes del Magallanes, hizo lo propio con los Leones del Caracas y apenas necesitó un cotejo más para prolongar a 17 la sequía de temporadas sin títulos de los pájaros rojos, el favorito de todos en la instancia decisiva.

“Desde diciembre yo y el resto del grupo estábamos confiados en clasificar y hacer grandes cosas en los playoffs. Ese balance de juventud y experiencia que tenemos se vio reflejado en el terreno para alcanzar el campeonato”, explicó el capitán aborígen Niuman Romero en medio de la celebración tras el out 27 en Barquisimeto.

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La nueva tarea que le aguarda al monarca es intentar estirar hasta febrero la dinámica ganadora en la Serie del Caribe que arranca el 2 del próximo mes en Guadalajara. Allí la directiva oriental tiene planeado mantener el mismo núcleo que el sábado alzó el trofeo de la Lvbp y reforzarse con algunos brazos entre los que se mencionan a los relevistas Felipe Paulino (Cardenales), Dustin Antolín (Tiburones) y Pedro Rodríguez (Magallanes). La representación venezolana no celebra un título caribeño desde 2009 cuando los Tigres de Aragua se coronaron en Mexicali.

El balance

La consagración de Anzoátegui dio por concluida una zafra sin grandes figuras en el diamante, pero que pudo mantener el interés y la competitividad a lo largo del calendario. A falta de nombres rutilantes en el terreno, los experimentados Freddy García (Tigres), Guillermo Moscoso (Tigres), Andrés Eloy Blanco (Magallanes) y Jesús Guzmán (Leones) se mostraron como en sus mejores años y tuvieron un resurgir en el circuito.

También lo tuvo Mario Lisson (Magallanes), quien inesperadamente colgó los spikes tras la eliminación de la nave, despedida que todavía deberá ratificar el derecho García, quien al principio de la 2017-2018 aseguró que cerraría su ciclo como jugador, pero después de los seis ceros que le colgó a Cardenales como refuerzo de Caribes en el sexto juego de la final ya no parece tan convencido de abandonar la lomita. Uno que apenas inició sus participaciones en la pelota criolla fue el jardinero Alexander Palma (Leones), el Novato del Año que impresiona por su naturalidad en el plato y sus desplazamientos de bigleaguer en las praderas. Entre los importados, la jerarquía en cuanto a credenciales corrió por cuenta de los cubanos Yandy Díaz (Leones) y Adonis García (Magallanes), pero los números los puso el dominicano Jesús Valdez (Magallanes).

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Las decisiones en el terreno por primera vez las tomaron puros árbitros venezolanos y a juzgar por las constantes reclamaciones de los protagonistas, el ensayo no fue del todo exitoso. En las tribunas, el público respondió en los cotejos importantes como los clásicos Caracas-Magallanes o en plazas como el Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto, si bien hubo escenarios como el José Bernardo Pérez donde se hizo evidente la proliferación de sillas vacías pese a las promociones y esfuerzos de las directivas por llevar gente a los parques.

La afición sintió el impacto inflacionario, sobre todo en el costo de los alimentos y bebidas en los estadios y, por primera vez en muchos años, sufrió el incremento de los boletos en plena temporada, aunque también hay que señalar que al menos en sus localidades populares, el beisbol siguió siendo una opción de entretenimiento más económica que otras en las entidades donde se jugó.

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