Un absceso cerebral que ameritó una intervención quirúrgica hace seis años le dio un completo giro a la vida de Jorge Díaz. Requirió unos exámenes que determinaron su ingreso en la lista de portadores de VIH, un diagnóstico que terminó con su carrera como subgerente de un banco.

Barcelona. Un accidente de tránsito cambiaría para siempre la vida del contador Jorge Díaz. Antes del percance, Díaz llevaba una vida tranquila y se desempeñaba como subgerente de una sucursal bancaría en la ciudad de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. Hoy, su vida se limita a realizar trabajos de mantenimiento y efectuar una visita mensual a la sede de la Dirección de Salud Pública del estado.

Desde hace seis años, Díaz pasó a engrosar la lista de pacientes portadores del VIH que hacen vida en Anzoátegui. Su diagnóstico le fue dado de manera circunstancial, como, según los especialistas, suele ocurrir en muchos pacientes, en esta ocasión por el accidente que sufrió, el cual le originó un absceso cerebral que necesitó una operación de urgencia.

Yo, por cuestiones de rutina, me había hecho la prueba de VIH cuatro meses antes del accidente, pero ese día y tras la complicación que surgió, tuvieron que hacerme la intervención y cuando realizaron los exámenes el resultado fue positivo. El mundo me cambió completamente, a tal punto que dejé mis labores como subgerente de banco y ahora me dedico solo al mantenimiento”.

Díaz admite que el cambio le ha pegado un poco, pero, pese a todo, sostiene que lleva una vida normal, no con el trabajo de sus sueños, pero sí con la satisfacción de que puede desempeñarse sin mayores complicaciones. En medio de la conversación, le preguntamos sobre su familia y tras una pausa que daba la sensación más a reflexión, Díaz suelta un: “Ellos en lo suyo y yo en lo mío”.

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Cada paciente de VIH es único, y de ese sello radicará el tratamiento que recibirá el paciente a lo largo de su vida. En el caso de Díaz su tratamiento se basa en la ingesta de Anzavir y Tenofovir, los cuales acude religiosamente a retirar cada mes en la sede del departamento de VIH de la Dirección de Salud Pública anzoatiguense (Malariología).

Las cifras oficiales en cuanto a este tema son guardadas como el más preciado secreto. El personal del departamento es amable, pero a la hora de consultársele sobre el número de casos en la región, un muro emerge y, como si se tratase de un pacto de confidencialidad entre pacientes y médicos, esta cifra no es dada a conocer.

El día que sostuvimos nuestro encuentro con Díaz, siete personas, entre familiares y portadores, habían acudido al organismo a retirar los medicamentos que les permiten mantener un ritmo de vida normal. Ese desfile de personas, afirma Díaz, se da todos los días de la semana, unos con más movimiento que otros.

“Hubo un tiempo en que aquí solo entregaban los medicamentos dos días a la semana, pero ahora lo hacen a diario y, gracias a Dios, siempre hay y totalmente gratis. No sé cómo funciona en otras partes, pero estas personas, la verdad, siempre están atentas, son un apoyo en todo momento. Todos los pacientes tenemos el número de la doctora encargada del área y, a la hora de cualquier complicación, la llamamos y ella está presta”, indicó Díaz.

Sin rechazo, pero con cierto temor

Aunque asegura no haber sido víctima de rechazo o discriminación por su padecimiento, Díaz afirma que hay cosas que ha dejado de hacer desde que se enteró que es portador de VIH; una visita al odontólogo se ha convertido en un reto personal que, asegura, está en la necesidad de afrontar prontamente.

“Uno tampoco es que va por ahí contándole a todo el mundo su condición, pero mira, yo no me he sentido rechazado en lo más mínimo, tengo es este reto personal porque desde que fui diagnosticado con VIH una de las cosas que dejé de hacer fue ir al odontólogo, pero tengo que acudir porque tengo que hacerme una reparación en una muela y no sé cómo voy a tratar eso, es uno de los retos de mi vida”.

El sonido de una corneta marca el final la conversación con Díaz, quien contará los días del calendario para realizar una nueva visita al lugar que considera le permite tener una segunda oportunidad en la vida.

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Foto: referencial


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