Con la Copa del Mundo cerca de terminar, el fotógrafo caraqueño Miguel Vallenilla habló con Crónica.Uno sobre el gran evento en suelo ruso.

Caracas. En medio de la celebración croata por el gol que a la postre clasificó a los balcánicos a la primera final mundialista de su historia, el fotógrafo salvadoreño Yuri Cortez emergió desde el suelo sin soltar la cámara y captó en primer plano el festejo enloquecido de los futbolistas ajedrezados, quienes, apenados por haberlo tumbado, se le acercaron para pedirle disculpas y hasta un beso le dieron.

En lugar de Cortez, el abrazo de Mario Mandzukic en Moscú se lo ha podido haber llevado el fotoreportero venezolano Miguel Vallenilla, de 31 años, uno de los pocos comunicadores —junto con el periodista de Meridiano Televisión, Tony Carrasco— que viajó al Mundial Rusia 2018 desde Venezuela.

El caraqueño dirige el portal de fútbol Grada Digital y se le suele ver semana a semana en los escenarios donde se juega la Liga Futve con su inconfundible look de gorra, lentes y cabello largo.

El Mundial fue posible gracias al aporte económico obtenido a través de la página web y de distintos patrocinantes que confían en el proyecto de Grada Digital, que ya lleva casi ocho años de trabajo. También se consiguieron alianzas con medios como el diario Líder, además de lo que se pudo obtener por la venta de fotografías a algunas agencias, explica Vallenilla, quien también estuvo en la Copa del Mundo Brasil 2014 y asegura haber aprendido de esa experiencia para administrar los recursos económicos de la mejor manera posible durante el evento.

Ese conocimiento llevó al joven a optar por quedarse en el apartamento de un amigo venezolano que vive en Moscú, y, en cuanto a la comida, va de compras a uno de los mercados de la capital rusa para luego cocinar los alimentos en su base de operaciones y no gastar en restaurantes. El traslado a ciudades como San Petersburgo o Nizhny Novgorod lo ha hecho a través de las variadas opciones habilitadas para el certamen.

La movilización aquí en Rusia no ha sido complicada. Por suerte hay muchos tipos de transporte como trenes, trolebús, Metro y los vuelos que te ayudan a llegar a los destinos para cubrir los partidos. En mi caso tomé previsiones antes de venir y pude obtener una tarjeta de la FIFA que da acceso gratuito hasta el 25 de julio a los distintos sistemas, incluyendo los que van a las otras ciudades donde se juega el Mundial, explica Vallenilla.

En cuanto al trato de los rusos para con los visitantes, el fotógrafo dice estar gratamente sorprendido. El trato ha sido bastante positivo. La cultura rusa es imponente y eso se refleja en las grandes estructuras que tienen. Cuando venía me preguntaba si eran personas frías o distantes y en mi experiencia no ha sido así.

Cuando me he sentido perdido en algún momento o no he sabido llegar a algún lugar han entendido a través de mi expresión que necesito ayuda y se han acercado a prestarme colaboración, así no dominen el idioma y sea solo por señas, relata antes de resaltar la alegría de los anfitriones por ver avanzar a su selección hasta los cuartos de final.

La gente estuvo muy contenta con lo que hizo el combinado local. Se veían muchas personas con la camiseta rusa y en el Metro solían gritar el nombre del país para alentar al equipo. Para muchos ya era un gran logro llegar a octavos de final y eliminar a España fue como algo adicional.

Sobre los aficionados suramericanos en el país sede, Vallenilla apunta que “han llamado mucho la atención por el colorido y lo bulliciosos que son”. Algunos se quedaron más pese a que su selección ha sido eliminada porque ya habían hecho reservaciones o compraron paquetes. En su caso, el boleto de regreso a Venezuela lo tiene para el lunes, un día después de la final entre Francia y Croacia. Si accede a la definición debe mantenerse atento a las celebraciones en el campo, no vaya a ser que lo tumben y pierda su gorra.

Foto: Captura de pantalla

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