Habitantes y trabajadores prefieren no fiarse de la presencia de la Guardia Nacional que protege la sede del Gobierno, pues si ocurre algo “ellos no se meten”.

Caracas. Con armas largas y miradas amenazantes, efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) vigilan todos los costados del Palacio de Miraflores, pero una vez fuera del recuadro que comprende la edificación, la presencia desaparece. Los uniformados, según comentan residentes de la zona, “solo están para proteger al Presidente”.

En plena avenida Urdaneta prevalece el caos característico de la ciudad. No obstante, hacia otros lados, como la avenida norte 8 y la avenida oeste 3, solo se ven vecinos que salen de sus casas. Y más de uno busca resguardarse desde temprano, pues no se fía de tener a los guardias a una cuadra de sus viviendas.

Rosalinda Pernalete, con 50 años encima, lleva la mitad de su vida viviendo en el sector y, aunque aseguró que hasta ahora no ha pasado ningún susto, admitió que se recoge antes de las 6:00 p. m., ya que la oscuridad de la zona le pone los pelos de punta a más de uno.

Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
En la avenida Urdaneta son comunes los asaltos a las camionetas

Oswaldo Montilla, residente de la Urdaneta, comparte esta opinión. Para él, la candela ocurre en todo el puente Llaguno, a pocos pasos del palacio, pues queda en plena avenida Baralt, y desde ahí los malandros hacen su festín mientras los guardias “bien, gracias”.

Recordó que hace menos de un mes, el pasado 21 de noviembre, fue el asesinato de un presunto delincuente que luego sería identificado como Eduardo José Méndez, de 19 años. “El día del suceso escuché a un guardia decir que no se podía meter porque su zona es solo el palacio de Miraflores”, comentó.

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La inseguridad del lugar tampoco excluye a los efectivos de seguridad: el 8 de septiembre, el funcionario de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), Eduar Javier Arismendi Pérez, de 27 años, recibió un impacto de bala en la cabeza mientras realizaba una guardia en las cercanías del Palacio.

Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
A pocos metros del Palacio se encuentra el puente Llaguno, para muchos, la zona roja del sector.

Aníbal Pérez, encargado de un local de empanadas en la avenida Urdaneta, añadió que la caída de la noche también genera zozobra en los vecinos porque supone un incremento en la presencia de indigentes.

Pérez coincidió en que lo rudo del sector es el puente ubicado en la avenida Baralt, lugar predilecto de los ladrones para esconderse. Estos, en su mayoría suelen asaltar camionetas y, a mano armada, quitan pertenencias a los usuarios. Aunque él no ha pasado ningún susto hasta el momento —a las 12:00 m. cierra la santamaría del negocio— la presencia de los guardias no le representa ningún alivio, pues de las cuatro esquinas del Palacio no se mueven.

De acuerdo con el testimonio de los residentes, a la hora de algún incidente no tienen dónde denunciar o no saben cómo hacerlo. Su reacción es hablar con los guardias, pero estos no hacen mucho por ayudar. La falta de respuesta es la razón de que algunos prefieran quedarse callados y elijan batallar como puedan contra la inseguridad que embarga al sector.

Fotos: Mariana Mendoza



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