De acuerdo con especialistas, la impunidad y la ineficiencia del Estado han sido factores determinantes para la violencia que se vive en el país, por lo tanto, los muchachos han cambiado su rutina para evitar ser un número rojo en las estadísticas.

Caracas. Alexandra Mujica —nombre ficticio por seguridad—, de 23 años, se autoimpuso un toque de queda y evita salir de su casa. La paranoia y el miedo surgieron luego de que en los últimos dos meses mataran a cuatro de sus allegados para robarlos.

Aunque siempre había escuchado las historias de atracos, ninguno terminaba en muerte. Y luego de que seis hombres intentaran robarla en el Metro, a inicios de año, siente que en cualquier momento le puede pasar algo malo.

De acuerdo con el informe anual del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), durante el 2016 contabilizaron 28.479 fallecidos a nivel nacional, de los cuales 18.230 fueron por homicidio.

Para el 2013, según el Ministerio de Salud, 86 % de las víctimas de homicidios a mano armada fueron jóvenes entre 14 y 35 años. El pico más alto fue entre 18 y 25 años. Pero no sería extraño que ese pico haya bajado a jóvenes de 14, 15 ó 16 años. Ser joven implica energía, vitalidad, búsqueda, curiosidad, compromiso, pasión por hacer las cosas y hoy eso es un  riesgo en el país. Ante esa realidad ¿qué están viviendo los jóvenes? Una vida sin futuro, comentó la psicóloga social Magaly Huggins Castañeda.

Ante el clima de violencia e inseguridad perenne, los jóvenes han tenido que modificar sus rutinas, para evitar ser otro número rojo en las estadísticas.

“Las veces que salgo me pasa algo, algún motorizado me persigue, alguien sospechoso me persigue. Si siento que me van a robar, salgo huyendo de alguna manera. Es ridículo pensar que si te roban, ya cumpliste la cuota y no te volverá a pasar, pero no. A los minutos puede aparecer otra persona para robarte también. Yo estoy a punto de graduarme y quiero llegar viva a la ceremonia, por eso evito salir lo menos posible de mi casa”, apuntó la estudiante de Comunicación Social.

Uno de los factores que ha influido para que este mal se mantenga y se extienda es la impunidad, señaló el sociólogo Luis Cedeño, pues garantiza que los hampones se salgan con la suya.

Un malandro se dice ‘yo puedo asesinar y no pasará nada’. Ese es el mensaje que hay en la actualidad. Y si le añades la alta conflictividad social que hay en el país, la intolerancia, la tensión, hay jóvenes que se resisten a los robos, aún cuando haya un arma de por miedo, explicó el director de la organización civil Paz Activa.

Con la impunidad ha tenido que lidiar Keneth Barjas, de 23 años, pues luego de dos años del asesinato de su padre, en Catia, no han detenido a los culpables. Le dispararon cuando volvía a su casa, con su familia, de una función de cine.

De acuerdo con Huggins Castañeda, los hombres son las principales víctimas de homicidios en el país

Yo le abrí la reja de la casa a mi papá para que guardara el carro y llegó un motorizado con parrillero para robarle el vehículo. Lo apuntaron con el arma, lo mataron y lo bajaron del carro. Ellos se robaron el carro y a él lo dejaron tirado en el piso. No solo te roban algo material, sino que también te pueden quitar la vida, lamentó.

Uno de los tíos de Barjas también fue víctima del hampa el pasado 31 de julio, en el sector Prado de María, cuando delincuentes le dieron cuatro tiros y luego se llevaron su arma de reglamento, pues era escolta de Empresas Polar.

Este panorama se resume en un deterioro generalizado, tanto de la calidad de vida como de las alternativas de sobrevivencia en los jóvenes, de acuerdo con Huggins Castañeda.

Los hombres son las principales víctimas pero también los principales victimarios. Es decir, ellos matan y ellos mueren. Venezuela es un país que está en duelo y donde la muerte se ha convertido en una posibilidad cotidiana. El derecho a la vida está negado, dijo la psicólogo.

Que los negocios que cierren a partir de las 6:00 p. m., los jóvenes salgan cada vez menos y que los ciudadanos vean en el encierro de sus hogares una alternativa para evitar ser víctimas del hampa, son las consecuencias que trae la violencia e inseguridad, dijo el sociólogo Cedeño.

Todos resultan afectados

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De acuerdo con Huggins Castañeda, para el 2013, según las estadísticas del Ministerio de Salud, aproximadamente 7 millones de personas son afectadas por el asesinato de una persona por arma de fuego.

Esto supone que un vecino, un familiar, un amigo, un conocido sintieron la muerte de alguien, de un ser querido. Todos son afectados por la pérdida, señaló.

Por otro lado, los homicidios implican un costo y gasto tanto para la sociedad como para el Estado, apuntó Cedeño. Alguien muere y deja familiares e hijos, que crecen con necesidades. También es un gasto porque si la persona estudiaba, son años de vida productiva que se perdieron, completó.

A pesar de la situación, Albany Delgado, estudiante de Comunicación Social, no ha cambiado su rutina, pero cada día tiene pensamientos teñidos con paranoia. En un mes recibió la noticia de los asesinatos de un profesor de francés y luego el de un trabajador de su universidad. Ambos casos por robo.

Huggins Castañeda indicó que más allá de lo que puede hacer la sociedad civil, la cual no posee la capacidad de atender la demanda de los jóvenes que buscan el sentido de vivir en el país,  también se requiere un cambio en las institucionalidad.

Tenemos que dejar de ver la inseguridad como una obra de la delincuencia. La inseguridad en Venezuela es producto de la delincuencia y la ineficiencia del Estado, de la impunidad ante el delito. Hay que hacer y mucho, pero lo primero es salir de los que no te garantizan los Derechos Humanos. Yo, como ciudadano joven, veinteañero, con sueños, necesito un entorno que me permita ver que mis sueños son posibles, apuntó.

Fotos: Cheché Díaz, Cristian Hernández

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