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A damnificados de La Candelaria no les llegaron créditos ni ayudas oficiales luego del deslave del río El Limón

La Candelaria

Foto: Gregoria Díaz

Ayer, 9 de septiembre, se cumplió un año del desbordamiento del río El Limón, en el municipio Iragorry de Aragua. La comunidad de La Candelaria fue una de las más afectadas, y unas 100 familias damnificadas aún esperan por los créditos, línea blanca y los trabajos de reconstrucción de la zona, aprobados por Nicolás Maduro.

Maracay. Ayer, 9 de septiembre, se cumplió un año del aluvión ocasionado por el desbordamiento del río El Limón y sus afluentes, como los ríos Los Manguitos y Capuchino. Siete comunidades resultaron afectadas de acuerdo con un reporte del alcalde de Mario Briceño Iragorry, Brullerby Suárez: La Ceiba, Corral de Piedra, El Piñal, Caja de Agua, El Progreso, Arias Blanco y La Candelaria, esta última la que sufrió los mayores daños.

Allí, 209 familias y 146 viviendas resultaron afectadas, pues el río llegó a esta parte baja del municipio con mucha fuerza y arrastró cualquier cantidad de escombros y derrumbó paredes y calles, entre otros daños.

A un año del deslave, vecinos de La Candelaria siguen esperando por la ayuda oficial prometida. Recuerdan cómo el 13 de septiembre de 2020 Nicolás Maduro aprobó en cadena nacional, 4500 millones de bolívares soberanos para atender la emergencia y a los damnificados.

También se suponía que recibiríamos ayuda a través del programa Barrio Nuevo Barrio Tricolor con materiales de construcción para la reparación de las viviendas”, cuenta Pedro Rafael García.

Los vecinos de La Candelaria aún esperan por la ayuda oficial. Foto: Gregoria Díaz

La dotación de línea blanca para las familias que perdieron electrodomésticos tampoco se concretó, pese a que el propio alcalde visitó casa por casa prometiendo la ayuda gubernamental.

García recuerda que, entre lo ofrecido, se le pidió a las familias afectadas que abrieran una cuenta bancaria en el Banco Bicentenario, a través de la cual recibirían unos créditos.

Muchas personas abrieron sus cuentas y quedaron en veremos. Esos recursos nunca llegaron”, asegura Efraín Arévalo, otro vecino de la calle Federación de La Candelaria.

Los afectados aseguran que la desidia gubernamental persiste. Y es evidente. Los daños ocasionados a las vías de acceso, a las tuberías de aguas blancas y aguas servidas están a la vista.

“El Gobierno no se abocó a la canalización del río y dejaron inconclusos un muro de contención, así como la reparación y construcción de aceras, calles y desagües. Realmente, es penosa la desidia a la que estamos sometidos”, lamenta Arévalo.

Aguas negras y blancas abundan en las calles de  La Candelaria. Foto: Gregoria Díaz
Ayuda selectiva

Los gobiernos nacional, regional y municipal nunca se acercaron para resolver la coyuntura originada por el deslave. Así lo aseguran los vecinos afectados en La Candelaria, que no temen en señalar que la escasa ayuda oficial que llegó a la zona fue selectiva.

“La ayuda oficial llegó apenas a 5 %, y solo para favorecer a los amigos del Gobierno y que en muchos casos no resultaron afectados”, sostiene Arévalo, quien no duda en asegurar que muchos se aprovecharon de las terribles circunstancias para sacar beneficio propio.

Los damnificados de La Candelaria aún esperan por el otorgamiento de unos créditos monetarios que en principio serían de  $3000  y que después redujeron a la mitad, alegando que para entonces otras comunidades de Aragua también padecían los embates de la naturaleza.

Esos recursos jamás les fueron otorgados

Por otra parte, los vecinos de La Candelaria aún tienen los recuerdos latentes de cómo los funcionarios policiales impedían el ingreso de vehículos particulares que llevaban insumos y alimentos para los damnificados, hasta que un día ellos mismos desalojaron a los cuerpos de seguridad que se negaban a permitir la distribución de la ayuda recolectada por organizaciones civiles y religiosas.

“Ese día —cuenta Arévalo— y las semanas siguientes, la ayuda que recibimos fue de la sociedad organizada, de familias, de agrupaciones políticas y religiosas, comerciantes y empresarios. Pero nunca de los entes gubernamentales”.

Los vecinos aseguran que las cuadrillas de obreros aparecieron justo cuando se cumplió un año del deslave. Foto: Gregoria Díaz

Mientras tanto, a los afectados solo les ha quedado rezar.

Rogamos para que la tragedia no se repita”, dicen al unísono los denunciantes.

Y es que en los últimos meses las lluvias en la entidad han sido constantes y fuertes, y por fortuna no han ocasionado más daños a las familias de la zona.

Sin calles y sin transporte

La comunidad de La Candelaria padece, además, de la ausencia de transporte público. Antes de la tragedia, ya el servicio era deficiente. Pero desde el 9 de septiembre del año pasado ni una sola unidad de transporte público presta servicio en la comunidad.

“Los choferes no quieren entrar porque las calles están deterioradas debido a los daños del deslave, a la rotura de tuberías de aguas blancas y aguas servidas y de las aceras”, sostiene Alicia Arévalo.

Casualmente, mientras periodistas locales recogían las denuncias de los afectados, una pequeña cuadrilla de obreros limpiaba la maleza que ha nacido en medio del poco pavimento que quedó y reparaba unos pequeños brocales.

“Qué casualidad”, dicen los vecinos de La Candelaria.

Unas 60 unidades de transporte público prestaban servicio para esta extensa comunidad de Iragorry. Pero la disminución de la flota, la escasez de gasolina y el notable deterioro de la vialidad redujeron a cero el número de autobuses.

Mientras tanto, los habitantes de La Candelaria deben caminar hasta el mercado periférico de Caña de Azúcar para acceder al transporte público.

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