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Caramelos de Cianuro, control en admiración mutua

Caramelos de Cianuro

Asier Cazalis cuenta cómo fue el proceso que generó el nuevo disco del ahora dúo. Una obra que es el resultado de un año de separaciones, enfermedades y otras turbulencias.

Caracas. El 16 de abril Pavel Tello cumplió años. Ese día, en su cuenta en Instagram, el cantante Asier Cazalis le dedicó un mensaje a su compañero en Caramelos de Cianuro: “Hoy cumple años mi compadre, mi socio, mi mejor amigo. Uno de los músicos más talentosos que he conocido. Alguien por el que mi respeto y admiración siguen creciendo año tras año. Feliz cumpleaños, Ruso. Sabes que lo que viene es candela. ¡Esta vez nos pasamos!”.

No solo demostraba respeto y admiración por el multinstrumentista. También se refería a lo que desde el año pasado preparaban: el nuevo disco de estudio de Caramelos de Cianuro.

Ya en septiembre de 2020, ese año pandémico que le sirvió a ambos para concentrarse exclusivamente en el álbum, Asier Cazalis afirmaba en Twitter haber alcanzado otro nivel como músicos, que calificó de una mezcla entre maestro jedi y supersayayín. “Van a ver lo que somos capaces de hacer cuando no nos están jodiendo la paciencia”.

Llegó el momento. Justo después de que Asier Cazalis celebre su cumpleaños 49, el viernes estará disponible en plataformas Control, el disco que representa una nueva etapa para Caramelos de Cianuro, ahora un dúo de rock, seis años después de la publicación de 8, el último álbum de estudio con el baterista Darío Adames y el guitarrista Miguel Gonzáles, “el Enano”, quien estuvo en la banda desde aquellos años incipientes. 

El 13 de mayo, Caramelos de Cianuro publicó en redes la lista de canciones del disco

La obra está compuesta por 11 canciones, de las que hasta ahora solo se conoce “Booty Call”, cuyo video fue estrenado a finales de abril.

Tan solo una muestra de un disco que concreta una búsqueda, de unas inquietudes que se notaban en 8, pero que ahora van más allá en Control. Una propuesta que seguramente convertirá a este álbum en una obra fundamental en la discografía de Caramelos de Cianuro que, de hacer un ranking de sus discos, para muchos estará en los primeros tres. 

Este disco es mucho más mancomunado. Por ejemplo, en la autoría también figuran nombres como el de Frank Monasterio y Yolanda Cazalis. Y las ansías sureñas, llevaron al par  a rodearse también de músicos argentinos. Como coproductor está Juan Blas Caballero, que ha trabajado con Andrés Calamaro y ganador de Latin Grammy por discos como Limón y sal de Julieta Venegas.

Además de volver a trabajar con Didi Gutman, también colaboran Richard Coleman, ese guitarrista clave del rock argentino con el que Gustavo Cerati contó tanto, además de tener en algunos temas a Jota Morelli, que ha sido baterista de Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y Diego Torres. La mezcla es del venezolano Héctor Castillo, a quien han confiado mucho en otros discos.

El dúo espera realizar un presentación vía streaming para promocionar el disco. Cortesía Blanca Santos

El video del primer sencillo supera las 800.000 reproducciones. Son buenos los comentarios

—Sí, a la gente le ha gustado mucho, sobre todo a las chicas y a los chamos. Pavel y yo tenemos hijos pequeños, a quienes llevábamos al estudio. Notamos que se la pasaban todo el día repitiendo ‘booty call, booty call’. Eso quería decir algo. Quisimos además encontrar un elemento que aludiera más al subconsciente del oyente, más allá de la letra. Un elemento más primal, con sentido del humor, alegría e inesperado, especialmente en estos tiempos difíciles. Nos gusta jugar con las expectativas de la gente. 

No solo una canción inesperada, sino también la imagen. Ahora en este disco de estudio vemos a Caramelos de Cianuro como dúo.

—¡Sí! Somos como Chino y Nacho, pero con guitarras eléctricas. Nos íbamos a poner Ruso y Vasco, pero dejamos Caramelos (ríe). El disco es una culminación de un proceso que comenzó hace varios años. Ya en el disco acústico prácticamente estábamos Pavel y yo. A pesar de que nominalmente seguíamos siendo una banda, operacionalmente estábamos en la búsqueda de cómo se hace rock and roll fuera de un formato clásico de guitarra, bajo y batería, que nos tenía un poco aprisionados, más allá de las dinámicas de grupo, ego y negocios. Este disco es la culminación de un proceso, incluso de ese proceso en el estuvimos un tiempo en Miami. 

Claro, ¿pero en qué momento surgen estos cambios en los que Darío y El Enano dejan Caramelos de Cianuro?

—2019 fue un año muy duro, de muchas coyunturas. Prácticamente estuve cinco meses en cama por hepatitis. Pavel y yo nos separamos de nuestras parejas. La banda tuvo esa ruptura, se partió por la mitad. Nosotros no queríamos tocar con ellos, y viceversa. Pero nosotros hacíamos la música. Claro, es muy fácil ahora hablar de los que no están. Sentimos que a partir del disco acústico, empezamos a funcionar como un dúo, como una entidad que produce. Eso fue algo que aprendimos en Miami, ir más allá que encerrarse en una parcela, bien sea como guitarrista o baterista, por ejemplo. Ese es un formato que viene desde Los Beatles, Led Zeppelin o Chuck Berry, que me imagino tiene que ver con las limitaciones técnicas que había. Este es un disco muy de estudio, aunque sigue siendo muy rockero.

¿Sintió temor ante estos sismos que hubo?

—¡Por supuesto! Yo soy un malcriado. Uno cree que tiene a Dios agarrado por la chiva, pero todos tenemos altos y bajos. Para nosotros fue importante canalizar esas energías, tanto positivas como negativas, de una manera productiva y creativa. Por eso el disco se llama Control. A principios de 2020 empezamos a ver la luz otra vez. Retomamos el control de nuestra carrera, de nuestros sentimientos, de nuestras finanzas, de nuestro mensaje como artistas. Durante la hepatitis y la pandemia tuve mucho tiempo para escribir. Estar en Miami nos ayudó a romper muchos paradigmas, a pesar de que el disco empezó a grabarse en Buenos Aires y se terminó en Caracas. Hay mucho de Miami, donde surgieron varios de los temas, y Puerto Rico también. Es el disco de una banda que tiene mucho tiempo viajando por Latinoamérica y que se va quedando con lo que más le interesa.

Asier Cazalis es una de las voces más conocidas del rock venezolano. Cortesía Blanca Santos.

Sí, se nota en Control esa concreción de un interés que ya podía notarse en 8 y que ahora va mucho más allá en cuanto a los sonidos, pero sin desligarse del todo a lo que ha sido Caramelos de Cianuro. Por ejemplo, canciones como “Átame” o “Que el desayuno espere”.

—Nos liberamos de las constricciones de un formato que nos tenía agotados, mucho más de las dinámicas humanas que son complicadas cuando son más de dos personas. Tres son multitud y cuatro, una asamblea nacional. Fíjate que yo toco el bajo también y Pavel el teclado. Ambos programamos. Es una forma más moderna y libre de hacer música. Cada canción hizo el recorrido que quería. Si necesitábamos de un saxofonista, buscábamos el que hacía falta. Además, Pavel es un maravilloso guitarrista. Prácticamente tocó todas las guitarras del disco, que es muy guitarrero. Tomamos también confianza en nuestras capacidades como productores. La pandemia nos ayudó en ese sentido. Fuimos trabajando con nuestro coproductor, Juan Blas, quien estaba en Argentina. 

Un disco con una importante participación de músicos argentinos.

—Conocimos a Juan Blas en Miami. Nos pareció que como productor tenía lo que necesitábamos. Habíamos grabado en Nueva York, en Los Ángeles, en Madrid, en tantos sitios, pero nunca en Buenos Aires. Nos faltaba imbuirnos en esa cultura tan rockera, de donde son tantas bandas con las que crecimos. Creo que la gente de mi generación en Venezuela escuchó primero a Fito Páez o Soda Stereo antes que a Los Beatles o Led Zeppelin. De hecho, una de las exigencias que tuve fue grabar las voces acá en Venezuela. ¡No quería que me quedara así, como muy argentino! (emula el acento porteño). También estaba más tranquilo, en mi casa, con mi comida, sin limitaciones de tiempo ni presupuesto. Cosas que uno aprende con los años. He grabado en estudios que valen miles de dólares al día, y de repente el productor está editando. Cosas que uno puede hacer encima de la cama del hotel.

Control está dividido en dos partes. La primera que comienza con “Booty Call”, y que se nota más eufórica en cuanto a lo personal y las relaciones. Luego, suena “Te vas, me voy”, obvia alusión a la separación de 2019, para entrar en la nostalgia con “The Cure”, añoranza por esos sentimientos de la juventud.

—Es verdad. De eso nos dimos cuenta después de ordenar las canciones. El disco comienza como la vida, que se va poniendo más adulta. Se va transformando en lo que dices, en la generación X. Empieza a hablar sobre el divorcio o las canciones que uno escuchaba en la juventud. También se va soltando en lo sónico. Sucedió de una manera inconsciente. Es curioso que lo notes. Nosotros también vimos eso, que se ponía adulto.

Sí, de hecho, casi al final, hay como un limbo sentimental en “Zombie love”.

—Sí. “Zombie love” habla de eso, de no poder dormir, de la separación. Sentirse solo. En las giras hay mucha soledad. A veces estás muy lejos de tu hijo, de tu familia. Momentos muy duros de la vida. 

Si bien no es un fenómeno nuevo, hay una importante tendencia en bandas recientes en tropicalizar ciertos sonidos. Caramelos de Cianuro mantiene la esencia rockera, pero esas influencias tropicales ineludibles para un venezolano, las trabajan de manera muy tenue. Por ejemplo, “Oreo”.

—(Ríe) Evidentemente. Es un boogaloo, es un boogaloo. Siempre dicen que los viajes inspiran mucho. No es mentira. En Miami me la pasé con Servando Primera, con Oscarcito y con personas que están haciendo canciones para Thalía y Ricky Martin. Más que con los ritmos o con lo más literal del pop o lo urbano, me quedé con el proceso, esa parte de ver cómo se llega a una canción. Entonces, como tú dices, se nota tácito, no directo. No es que vamos a hacer un dembow. Me acuerdo que cuando hacíamos “Oreo”, acababa de salir “I Like It” de Cardi B, que es una reinterpretación de un boogaloo. Fíjate, a mí no me gusta tanto el boogaloo, y lo escuchamos tanto de chamos cuando estábamos en Moloko Bar o en El Maní es Así, esos bares en los que crecimos en Sabana Grande. También se trata de no tenerlo miedo a que haya sabores latinos, como se nota también en como “Sexo”. Fue algo muy natural. 

¿Hay mucho que agradecerle a la pausa por la pandemia?

—¡Mucho! Ha sido la primera vez que tenemos tanto tiempo para hacer un disco. Suele haber limitaciones de tiempo, presupuesto, presiones para sacar rápido un sencillo o irse de gira. También tiene mucho que ver con la experiencia y la posibilidad de tener un estudio operativo acá. Saber administrar los recursos. Además venimos de unos años muy difíciles. Decidimos ver el vaso medio lleno. Pensar en que estaríamos más tiempo en casa, con los hijos, a quienes puedes pasar seis meses sin ver. 

Me imagino que ahora que la situación empieza a normalizarse en algunos países, el plan debe ser defenderlo en vivo.

—¡Claro que sí! De hecho, hay algunos conciertos negociados en Estados Unidos, donde el proceso de vacunación está más avanzado. Seguimos montando la banda, estamos muy contentos con los músicos que tenemos. Somos muy optimistas. También pensamos en un streaming, algo especial. Para los músicos de rock es muy difícil traducir esa energía de un concierto a una pantalla pequeña.

En Control, hay canciones que son bastante sugerentes con el tema sexual, una característica de Caramelos de Cianuro. ¿Qué tan espinoso es escribir y cantar sobre sexo en estos momentos en el que puede resultar un tema sensible?

—Sí, muy sensible. Creo que así como cambian los valores sociales, uno debe cambiar con ellos. Yo tengo 49 años de edad. Quizá las cosas que uno decía, o los chistes que uno hacía, cuando tenía 16 o 17, momento en el que empezamos a hacer discos, mucha gente no las ve con buenos ojos ahora. Creo que también es importante no juzgar las cosas del pasado con los valores de hoy. Pero, bueno, creo que también es importante escuchar a las mujeres. No puede ser que todas estén equivocadas. 

Hace unos meses ese tema fue debate en redes. Hay quienes señalaron algunas letras de Los Amigos Invisibles, con cuyo baterista hablé hace unos días. Cambiaron la letra de uno de sus temas.

—Haciendo una carrera en paralelo con Los Amigos Invisibles, que son de nuestra generación, a veces uno se siente a la defensiva. Si los atacan a ellos, uno piensa que también lo atacarán a uno. Pero en realidad no es atacar, sino que cada quien tiene su opinión. Creo que los hombres estamos pensando en qué pudimos hacer mejor o qué podemos mejorar de nuestras actitudes. Si hay que dejar de tocar una canción, se deja de tocar, si hay que cambiar una letra, se cambia. No me quita el sueño, ni hay que hacer un alharaca. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Los valores de uno tienen que evolucionar a la par de la sociedad. 

Pavel Tello aparece en créditos de los discos  desde Flor de fuego. Cortesía Blanca Santos.

Sé que el guitarrista Frank Monasterio está con ustedes en la banda y grabó en algunas canciones. ¿Quién más formará parte de la agrupación para los conciertos?

—Frank tiene mucho tiempo tocando con nosotros. De hecho, en esta oportunidad es la primera vez que está como compositor. Tiene además la confianza de decirme que algo puede estar mejor. Te voy a dar la primicia. Estamos montando a Sebastián Araujo en la batería. Para nosotros es muy cool tener a alguien con tanto linaje en el rock and roll venezolano. A él lo íbamos a ver tocar con Sentimiento Muerto y Dermis Tatú. Tocamos también con Alejandro García, que es uno de los mejores guitarristas de Venezuela. Estamos montando la banda, tanteando cómo trabajar como dúo y cómo hacerlo en vivo..

¿Y Rafael Antolínez sigue con ustedes?

—Rafita está en Estados Unidos. Estuvo con nosotros en el concierto que dimos junto con Cultura Profética en Orlando hace como un mes. Queremos tener una banda consolidada. Y como ahorita no hay conciertos, nuestra atención está en otro lado. Pero es algo que no me preocupa tanto porque podemos tocar con los músicos que queramos.

Siempre hay alguna canción que le encanta a los músicos, pero que no suele estar en el repertorio. ¿Cuál es la canción que le gusta pero no suele estar en el setlist de Caramelos de Cianuro?

—Por lo general, si me encanta, la meto en los setlist. Uno se puede dar el lujo de tocar algo que quizá no es la favorita de la gente, pero uno la disfruta. “Estrógeno” no es una de las más conocidas, nadie la va a extrañar. A mí me gusta por razones técnicas, por lo que pasa armónica, rítmica y líricamente.También es importante eso, divertirnos. 

Control cierra con “Kalashnikov”, con un tema con sonidos punk, obvia crítica al Estado, a la violencia. Tal vez la secuela de “Adiós a las armas”.

—El disco cierra de una manera muy nostálgica. Hacer una especie de cosplay de esas bandas que nos gustaban cuando chicos como La Polla, NOFX, The Clash. En nuestros primeros discos hay mucho hardcore y punk. Además, me gusta mucho la palabra. Me parece que “Kalashnikov” es hermosa fonéticamente. Disfruto mucho el sabor de las palabras, además del significado que tiene. Puedes verlo fríamente como una obra maestra del diseño, pero también emotivamente como una máquina para matar. Todo eso me fascinaba. Una canción que la empecé a hacer en el piano, y me pregunté cómo sería hacer un comercial para un kalashnikov (ríe). Fíjate, no solo habla del caso venezolano o latinoamericano. También se trata de Estados Unidos y la cultura del arma. Hay más kalashnikov en Estados Unidos que en Rusia. Fue la canción más fácil de grabar. Gabriel Pedernera, que es el baterista de Eruca Sativa, hizo un trabajo maravilloso. Gaspar Benegas en la guitarra también. Fue un power trío entre personas que se acababan de conocer y pareciera que tuvieran 20 años tocando juntos.

Un tiro al piso en los conciertos de Caramelos de Cianuro. Creo que también apunta a eso…

—No sé si la vamos a tocar en vivo, en realidad (ríe). No podemos tocar todo el disco, ni hacer un concierto de tres horas. Vamor a ver. No sabemos.

¿Ese solo de guitarra de esa canción es de Gaspar Benegas o de Pavel Tello?

—Es de Gaspar… Frank tocó el de “Te vas, me voy”. Gustavito Guerrero hizo el de “Sexo”. Los demás son prácticamente todos de Pavel, maravilloso guitarrista también.

Control es un disco que está dividido en dos partes. Cortesía Blanca Santos.

En la pandemia hubo un repunte en los números de ventas de las guitarras, un instrumento que parecía a venido a menos

—Creo que a los adolescentes les gusta mucho. Hay un momento en la vida, cuando tienes 13 o 14 años, en el que descubres el rock. Control es un disco hecho también para esos chicos. Hacer canciones para que los chamos las puedan sacar en la guitarra. Es un regalo para ellos. 

Preguntaba también por “Kalashnikov” y su lectura sobre Venezuela por las reacciones que pudiese haber por las fotos que hubo hace unos meses en las que aparecían en un cumpleaños de alguien vinculado con el gobierno. ¿Qué pasó exactamente ahí?

—Bueno, fue un momento de mucha tensión. Nunca nos había pasado algo así. Yo me tomo 20 fotos así todos los días. Imagina cuántas fotos puede haber en más de 20 años. No le niego una foto a nadie. Es delicado porque vivo en Venezuela, y siempre que hay un evento privado, y a uno lo invitan o contratan, uno tiene la decencia y profesionalidad de no hablar sobre eso. Hay mucho odio en las redes. Nosotros sentimos que no teníamos nada que decir y no le debemos ninguna explicación a nadie. Qué mal si eso hace que no puedas disfrutar de nuestra música. 

No fueron pocos los comentarios, llegó a ser un escándalo…

—Ahora todos los días hay un escándalo. Fue curioso porque a mí nadie me llamó a preguntar. Si lo hubiesen hecho, tampoco iba a dar muchas explicaciones, más allá de lo que te estoy diciendo ahora, que somos músicos profesionales. 

¿En qué estado se encuentra el rock en estos momentos?

—Es una buena pregunta. Es algo que nos llena de orgullo. Creo que no hay más nadie haciendo este tipo de música que estamos presentando nosotros. No estoy diciendo que no haya discos de rock, pero a veces se sienten anacrónicos. Esa es una de las metas que nos pusimos: hacer un disco de rock con un lenguaje moderno, con valores de producción actuales. Un álbum que vea al pasado, pero también hacia el futuro. Además, todas las bandas que nos gustan prácticamente son dúos. Para mí es la manera ideal de hacer música si uno se complementa bien con el compañero. Cada quien le saca lo mejor al otro, y es más que la suma de sus partes. Ahí es donde está la magia. Cómo se hace rock and roll en 2021. Cada artista debe responder a sus propias preguntas. 

Hace unos años acudieron a Gerry Weil para aprender piano. ¿Qué instrumentos faltan por aprender a tocar?

—Pavel y yo nos complementamos muy bien. Yo soy muy mal instrumentista. Toco todos los instrumentos, pero mal. Los uso como un medio de composición. Si eres pintor y un día pintas con óleo, otro con acuarela y otro con spray, los cuadros serán distintos. Proceso y resultados son distintos. Eso es lo que trato, a pesar de ser tan torpe con las manos. Pero llegó un momento en el que nos dejó de importar si es un bajo, una guitarra o una batería, en el que todo era tan sabroso para adelante o para atrás. Nos pasó como Neo en Matrix en el que empiezas a ver todo de una forma más iluminada. También dejamos atrás el ego. Tratamos de ser generosos, Control es un disco basado en la admiración mutua, así como en el cariño y en el respeto.

Si Control de Caramelos de Cianuro fuera un cuadro, ¿cómo estaría pintado?

—Como uno de Andy Warhol. Cuando nos inspiramos, nos gusta pensar en la comida, en el cine o en los libros. Eso hace que tus referencias no sean tan literales. Se lo recomiendo a los músicos jóvenes. Hay que escuchar mucha música, pero también ver muchas películas. ¿Viste la película de Martin Scorsese, Brian de Palma o leíste a Ernest Hemingway? 

“Plataforma de despegue” fue inspirada en Crónicas marcianas de Ray Bradbury. ¿Hay algún libro que haya inspirado algunas de las canciones de Control?

—¡Claro! Fíjate que “Oreo” tiene a Pablo Neruda en la parte de la sensualidad, y me gustaría pensar también “Que el desayuno espere” (ríe). No solo a Neruda, sino a poetas eróticos, así como a The Cure, The Smiths, Charly García, Robi Draco. Es importante nutrirse de todos los aspectos de la vida, de las experiencias personales y todo lo que te cuentan. 

Al principio habló del mensaje como artistas. ¿Cuál es el mensaje como artistas de Caramelos de Cianuro en 2021?

—Que hay mucha música. Descubrimos una vena en la mina de la creatividad que pretendemos seguir explorando. Se abrió una puerta. Seguimos una visión cuando hicimos este disco. Por eso se llama Control. El resultado es mucho mejor de lo que esperábamos. Hay un mensaje que parece un lugar común, pero cuando lo vives en carne propia, es diferente. Cuando te levantas, estás mucho más fuerte, sin perder tiempo teniéndote lástima, sino canalizando toda la energía en algo que se materialice.

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