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Diariamente Laivy Deeble camina 9 kilómetros para ir a trabajar y poder sostener a su familia en Maracaibo

Laivy Deeble

Foto: Mariela Nava.

Desde el inicio de la pandemia, las unidades de transporte urbano en el Zulia se paralizaron y no solo por evitar la propagación del virus, sino por falta de combustible. Un año y medio después choferes que tenían como sustento el transporte público siguen varados sin mayores alternativas para subsistir. Uno de ellos es Laivy Deeble, que recorre a diario la distancia equivalente a la longitud del puente sobre el Lago para darle de comer a su familia.

Maracaibo. Laivy Deeble, un chofer de 44 años de edad, está a punto de cerrar un año y medio de pandemia con 20 kilos menos de peso y más de 4600 kilómetros recorridos a pie, desde su casa en el sector Las Veritas, en el centro de Maracaibo, hasta Zapara en la zona norte, donde tiene un pequeño taller mecánico en casa de sus padres y con el que ha logrado mantener a su grupo familiar.

Desde marzo de 2020 cuando la pandemia por COVID-19 llegó al territorio venezolano, Deeble paró a un costado del taller su autobús, después de cinco años trabajando en la ruta Bella Vista–Santa Rosa de Agua.

Willy Casanova, alcalde de Maracaibo, ordenó la paralización del transporte público en el municipio de acuerdo con el artículo 7 del decreto N° 00224-2020, de fecha 19 de marzo de 2020. Esto como parte de las restricciones para evitar la propagación del coronavirus.

Deeble se queja de la escasez de clientes. Foto: Mariela Nava.

Todos pensamos que esa medida iba a ser temporal, aunque ya veníamos con problemas para conseguir gasolina y teníamos que hacer colas por varios días y dormir en las bombas, nunca pensé que esto sería el fin”, contó el transportista a Crónica.Uno mientras reparaba un vehículo en la casa de su madre.

Tres meses después, en junio de 2020, el Ejecutivo nacional anunció la aplicación del plan 7+7, es decir la implementación de semanas radicales y de flexibilización alternas en el país.

“Sentí alivio porque al menos por una semana podría trabajar, pero cuando finalmente nos asignaron la estación de servicio exclusiva para el transporte público, la sorpresa fue que nada más nos echaron 30 litros”, contó Deeble.

Su autobús necesita 150 litros de gasolina para trabajar al menos seis horas al día, una cantidad que está seguro es imposible de conseguir en el estado. Para mover el autobús hasta la estación de servicio Las Banderas, asignada para el sector transporte, necesita 20 litros de gasolina. “Solo me quedan 10 litros en el tanque, entonces ¿para qué voy a ir?”, cuestiona.

De chofer a mecánico

Deeble decidió cambiar de oficio y comenzó a reparar vehículos en el patio frontal de la casa de su madre, ubicada en el sector Zapara al norte de Maracaibo, trabajo que lo mantiene a flote a un año y medio de la pandemia. Sale de su casa en Las Veritas a las 6:00 de la mañana y vuelve por la tarde. A diario camina un total de nueve kilómetros, la misma distancia que hay entre un extremo y el otro del puente sobre Lago de Maracaibo.

Laivy Deeble piensa transformar su vehículo para que use gas en vez de gasolina. Foto: Mariela Nava.

La falta de combustible también ha ido mermando el trabajo en el taller. “Ya nadie quiere arreglar los carros, muchos no tienen cómo pagar, ni cómo moverlos hasta aquí. Eso sin contar que la mayoría de las reparaciones son por daños que hace la gasolina maluca esa que están vendiendo”, reconoció el chofer.

Las reparaciones que más le piden a Deeble son por fallas en la carburación, bujías y daños en los tanques de gasolina. Si la semana es buena puede ganarse hasta 50 dólares, de lo contrario llegar a 20 dólares es arduo.

El trabajo que llega es muy esporádico, la mayoría de las semanas son malas”, dijo.

Con esos ingresos debe mantener dos casas. Una donde vive su madre que es paciente renal, su padre y un hermano especial y la segunda, donde vive con su esposa y cuatro hijos, de los cuales los dos mayores trabajan para aportar algo en casa.

Buscando salidas

Aunque el conductor confesó que se siente cansado y deprimido, también asegura que no pierde las esperanzas. “A mi bus no le hace falta nada porque yo mismo le reparé el motor hace poco, tiene sus cauchos y todo, lo único que me falta es la gasolina”.

La salida a corto plazo que ve Deeble es transformar su autobús para que use combustible a gas y ya se puso manos a la obra. “Poco a poco he conseguido las bombonas y el regulador. Para hacer este cambio necesito 1250 dólares, con esta situación es difícil, pero voy confiando en Dios y trabajando mucho porque todavía me faltan piezas”. La mano de obra que es de 250 dólares, se la va a ahorrar porque él mismo pretende instalar el sistema.

Rubén Esis, presidente de la Central Sindical Noroeste de Transporte del Estado Zulia, dijo que hasta la fecha 400 unidades de transporte colectivo (microbuses) han instalado el sistema a gas, de un universo de 900 unidades que hay en Maracaibo.

Los clientes afirman que la gasolina de mala calidad causa daños en los vehículos. Foto: Mariela Nava.

El déficit de autobuses en la capital zuliana es de 40 % de acuerdo con el sindicalista. “La falta de pasajeros, de efectivo para pagar el pasaje, más los que han decidido caminar, el desempleo, los que se compraron bicicletas o prefieren pagar un bicitaxi, todo eso nos afecta y ha mermado la cantidad de usuarios”.

En el caso de los carros por puesto reveló que el déficit es de 95 % por falta de combustible.

En Las Banderas se surte una vez a la semana gasolina según la placa del vehículo, pero hay semanas en las que no se echa porque no llega la gandola. El combustible no es tan frecuente, por eso no estamos satisfechos. Prácticamente solo nos dan gasolina una vez al mes. El futuro inmediato que vemos es pasar las unidades a gas porque no hay otra alternativa”, dijo Esis.

Con lo poco que gana en el taller, Laivy Deeble logra comprar comida para su numerosa familia. Comen proteína dos veces a la semana y el resto lo bandean con granos, arroz y pasta.

Mientras miraba las telas de araña que cubren los asientos de su autobús, dijo: “Lo único que hago es pedirle a Dios y agradecer que al menos estoy vivo para seguir luchando por la familia”.

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