Hace más de 30 años Gustavo y Deanna se propusieron hacer un sueño realidad: ayudar a los niños en situación de riesgo. A la fecha más de 300 menores han pasado por su casa hogar y por su centro de talleres artesanales. Muchos ya tienen un oficio sustentable.

Mabel Sarmiento Garmendia/@mabelsarmiento

Caracas. «Épale mi Gustavo», «qué más Gusta», «qué bueno verte», «te extrañamos por aquí»… Esos son apenas cuatro de los saludos que Gustavo Misle recibió mientras caminaba por el barrio Los Erasos, ubicado en San Bernardino. En realidad fueron muchos, sin contar las palmaditas en el hombro, los apretones de mano, las miradas y las sonrisas que brotaban cariño.

¿Y esto por qué? ¿Cómo una persona se gana la gratitud y la recoge con sus pasos? «Siendo una buena persona. De eso estoy orgulloso, de haber sido una persona buena», responde Misle con toda naturalidad.

Gustavo Misle, filósofo de profesión egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), hace más o menos 30 años tuvo un sueño: Ayudar a los muchachos en situación de riesgo, y junto con su esposa Deanna Albano, psicóloga, comenzó a recorrer ese camino.

Juntos crearon la Asociación de Muchachos de la Calle, definida como un grupo de personas que de manera organizada y sin fines de lucro, sensibiliza, concientiza y propicia la calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes en situación de abandono. Luego abrieron un centro para capacitar a los adolescentes del barrio Los Erasos y apartarlos así de la violencia.

Gustavo Misle en su taller ubicado en el barrio Los Erasos«Siempre me ha gustado trabajar con los muchachos, saber qué quieren y qué sueñan. Nos hemos topado con niños que no tienen un sueño, y cuando eso no existe no hay proyecto de vida. Por eso es necesario acompañarlos, guiarlos y hacer que se enamoren de algo», recomendó.

Comunidad violenta

Los Erasos, fundado en 1958, es una comunidad pequeña que creció encima de la quebrada Anauco. Son más de 200 casas apiladas unas al lado de otra, de colores variados y construidas de acuerdo con el gusto y la necesidad de las personas. Algunas están separadas por escaleras o callejones estrechos, por donde pasan las motos haciendo vericuetos.

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En el barrio es notable la precariedad de los servicios públicos y los rastros dejados por la violencia. No solo son los cuentos o las historias de los muertos que dejan los enfrentamientos entre bandas. También hay huellas en las puertas y paredes dejadas por los impactos de balas. Huecos de varios calibres que están ahí, quizás como una advertencia del peligro que ronda por esa delgada calle construida encima de la quebrada Anauco.

Asociación Muchachos de la calle de Los Erasos
Deanna Albano es reconocida por su labor en el rescate de la infancia en situación de riesgo,

«Los Erasos todavía tiene mala fama. Hay mucha inseguridad. De hecho los centros de salud que hay en los alrededores siempre se han quejado de los robos y por eso se pensó en un principio hacer un albergue en un terreno que nos donaron. Pero nosotros compramos una casa, por 350 mil bolívares, luego le hicimos un segundo piso y empezamos a dictar los talleres», contó Misle.

Durante todo este tiempo por esa casa han pasado cerca de 270 niños y adolescentes.

“Quizás la mitad se ha muerto. Andaban por mal camino. Los otros lograron encaminarse  y los ayudamos a construir un proyecto de vida sustentable. Diciéndoles que son buenos no se les levanta el ánimo ni la autoestima. Eso se hace con el trabajo, haciendo cosas con las manos”, reflexionó Misle.

Por su puesto nada de eso fue fácil. Contar con la aceptación de la comunidad y que el vecino entendiera este trabajo social llevó su tiempo.

Comunidad de Los Erasos
A su paso por el barrio son abordados por jóvenes y adulto.

Con el apoyo de dos educadores más un instructor, Alejandro Arenas, Gustavo y Deanna los mantuvieron alejados de las malas mañas.

De hecho Arenas contó que al principio iban pocos, pero uno fue llevando a otro y así creció la población. En un día podían tener entre 15 y 20 muchachos que se entrenaban en la elaboración de cajas de cartón, portarretratos, cuadernos y agendas.

También recibían orientación psicológica, les hacían paseos y los entrenaban en contabilidad para que supieran llevar sus cuentas, cuando se metieran de lleno en la comercialización de las cajitas de cartón. Lo que producían lo llevaban a las casa de algunos embajadores, en donde hacían especies de ferias y vendían los artículos.

Casas Muchachos de la calle en Los Erasos
Alejandro Arenas, instructor en el arte del cartón.

Arenas, quien viajó a Italia y a Uruguay para profesionalizar el arte y diseño del cartón, señaló que les daban almuerzos, meriendas y les entregaban 40% de las ventas alcanzadas a cada uno de los aprendices.

Raíces que crecen

Todavía esa labor se mantiene en pie. Alejandro todos los días abre la casa y espera la llegada de los chamos. “Ya no vienen como antes. No hay mucho presupuesto para los materiales. Quizás dos o tres pasan la tarde aquí armando cajitas o empastando cuadernos”, acotó.

La cifra no es llamativa y parece desalentadora, pero para Gustavo Misle y Deanna Albano con que se atienda a un solo muchacho vulnerable, y éste construya su proyecto de vida, se hace país.

Gustavo MIsle y Deanna Albano, presiden la Asociación Muchachos de la calle

La Asociación Civil Muchachos de la Calle también pasó a La Pastora (en donde llegaron a congregar a un poco más de 100 chicos) y a Chacaíto. Pero debido a la crisis esos centros alternos cerraron. Por ahora solo está funcionando la casa de talleres de Los Erasos.

«Este es un sueño que se mantienen vivo, y la idea es ser útil en la vida. Si se escribe mi historia quiero que se resalte eso y que además fui una buena persona, porque yo siento eso, que soy bueno», reafirmó Gustavo Misle, un hombre que con humildad dice tener ahora muchos hijos, nietos y sobrinos que dejaron la calle.

Fotos: Mabel Sarmiento


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