Icono del sitio Crónica Uno

Médicos cubanos en Zulia son privilegiados con bioseguridad y DirecTV y los venezolanos no tienen ni jabón

En el Hospital Universitario de Maracaibo el personal criollo tiene dos opciones: trabajar a riesgo con poca o nula protección contra el virus o contagiarse. Mientras se debaten en esta disyuntiva, en la planta baja de ese recinto, los doctores de la misión cubana atienden con todas las comodidades en un área recién acondicionada equipada con internet, insumos y TV por cable.

Caracas. La COVID-19 se ha cobrado la vida de 119 trabajadores de la salud hasta este 02 de septiembre. De  ellos 30 son médicos zulianos y siete miembros del personal sanitario, según la ONG Médicos Unidos por Venezuela (MUV) y el Colegio de Médicos de esa entidad. Pero mientras los decesos se multiplican asociados a la insuficiencia de equipos de bioseguridad y áreas aptas para enfrentar la pandemia, en el Hospital Universitario de Maracaibo (HUM) el personal cubano dispone de todas las comodidades en la Unidad de Cuidados Intermedios (UCI) recién remodelada donde no hay lugar para los especialistas venezolanos.

Elisa* una enfermera del HUM, quien pidió resguardar su nombre por temor a represalias, contó a Crónica.Uno que esta UCI recién remodelada se ha convertido en un área exclusiva para el personal de la misión médica cubana. Está equipada con ventiladores, áreas de descanso, circuito de televisión por cable, respiradores, internet, camas de cuidado intensivo y aire acondicionado. Es decir, cuenta con todos los equipos que faltan en las salas de hospitalización y cuidados intensivos del cuarto, quinto y sexto piso donde hay mayor riesgo de contagio y una capacidad de siete a ocho camas en promedio.

«Esa sala en planta baja está privilegiada mientras que el resto del personal trabaja en condiciones deplorables, cargando tobos de agua para asear los espacios, sin ventilación y sin luz. No sabemos lo que ocurre puertas adentro y estamos discriminados«, dijo.

A Elisa le toca cubrir guardias de 24 horas reutilizando el único kit de bioseguridad que las autoridades regionales envían por persona para abastecer al personal cada día. Pese a que lo mínimo sería tres equipos, cada uno con: pantalón de mono y camisa, braga, dos tapabocas, cuatro botas quirúrgicas, dos gorros, lentes, máscara facial y bata quirúrgica.

Sus otras dos compañeras de guardia también se las apañan para atender hasta a 20 pacientes en distintos servicios. El déficit de personal los obliga a exponerse al virus trabajando hasta dos turnos por semana sin descanso. «Muchos han renunciado porque no hay transporte ni gasolina y las pocas camionetas que siguen rodando cobran entre 200.000 y 350.000 bolívares. Así no podemos venir a trabajar».

En centros centinelas del estado Zulia la precariedad sumada a la falla de los servicios básicos obliga al personal de salud a exponerse al COVID-19. En áreas de aislamiento y unidades de terapia intensiva el personal sanitario se enfrenta al coronavirus a veces con un solo tapabocas y dos pares de guantes para jornadas de 24 horas, sin suministro de agua ni jabón.

Elisa cuenta que estas vicisitudes no las vive el personal cubano, pues disponen de un transporte diario que los traslada hasta un acceso que conduce al estacionamiento del hospital. Desde que llegaron al Zulia estos doctores comunitarios permanecen hospedados en un conocido hotel de la capital marabina. Mientras el resto del personal debe ingeniárselas para trabajar y sobrevivir con un sueldo que no equivale ni a cinco dólares mensuales y que no cubre ni 10 % de la canasta básica.

Pero Elisa, quien pidió que se le protegiera su identidad, tiene prohibido hablar de estas cosas. Desde hace meses se encuentra amenazada por salir a protestar y exigir insumos. Unos efectivos del FAES se lo advirtieron la última vez que la vieron en la calle a las puertas del hospital: si habla públicamente otra vez, la meten presa.

La tacita de oro del HUM

El HUM fundado en el año 1960 tiene capacidad para albergar 300 camas. Desde que la pandemia llegó al país y se decretó el estado de emergencia el 16 de marzo, este recinto tipo IV, el más grande de la entidad diseñado para albergar todos los servicios médico quirúrgicos disponibles, fue el primero en atender pacientes contagiados, aún cuando el personal no disponía de los equipos de bioseguridad para protegerse, ni áreas aptas para hacer frente a la letalidad del virus.

Por eso a mediados de junio, cuando el gobernador de la entidad, Omar Prieto, anunció que sería reacondicionada la antigua unidad emergencia para atender a pacientes con COVID-19 moderados y graves, la noticia fue bien recibida entre el personal que allí labora.

El 18 de junio durante una de las visitas de inspección, la viceministra de la Salud, Marisel Bermúdez, aseguró que en la sala que incluiría 10 camas de terapia intensiva adicionales tanto el personal cubano como el venezolano atenderían los casos en conjunto.

«En esta área, los profesionales de la salud regional trabajarán de la mano de los médicos especialistas cubanos, que con gran mística han prestado sus servicios en Venezuela por casi 20 años y que una nueva brigada se unió para la lucha contra la pandemia”, dijo Bermúdez. Sin embargo, nada fue como se esperaba y todo quedó en promesas.

Médicos cubanos: el negocio millonario

Con o sin pandemia, los médicos cubanos son la panacea del Gobierno. Han sido incorporados a Barrio Adentro, a la red ambulatoria y a los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) en sectores rurales.

Para octubre del año 2007 había en suelo venezolano –según declaraciones del fallecido presidente Hugo Chávez– 30.000 doctores cubanos. Pero esa cifra alcanzó un punto máximo en 2016, con 225.000 galenos de los cuales 145.000 todavía permanecían en el país para finales de 2019.

Desde que se decretó el estado de emergencia a causa de la pandemia el país ha recibido 1270 especialistas integrales que han llegado desde Cuba. El 18 de agosto el ministro de Salud, Carlos Alvarado, aseguraba que otros 1700 doctores aterrizarían en el país en las próximas semanas para incorporarse a la lucha contra el coronavirus.

Si bien se desconoce cuánto gana cada uno de estos galenos, en septiembre de 2019 el Colegio de médicos de Lara reveló que el Ejecutivo pagaba 2000 dólares al régimen castrista por la estadía de cada uno de ellos en territorio nacional. Lo que equivale a 60.000 dólares mensuales por médico.

A eso se añade la abultada suma de dinero que hasta 2019 se destinó solo a la misión Barrio Adentro: 120 millones de dólares, admitió Maduro el año pasado en una alocución. Mientras que el presupuesto de 2020 aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en diciembre —sin el visto bueno de la Asamblea Nacional— se ubica en 5439 millones de dólares de los que 75 % sería destinado a la economía, la salud y la educación.

Lo cierto es que mientras las cifras en dólares favorecen a unos, las trabas gubernamentales perjudican a otros. Tanto es así que los médicos venezolanos deben descargar una red VPN para burlar el bloqueo que el Gobierno impuso al site Airtm, donde se depositará el bono «Héroes de la Salud» equivalente a $100 mensuales que fue otorgado por el presidente interino (Art. 233 constitucional) Juan Guaidó.

Datos de un colapso anunciado

Juan Carlos Velazco, médico traumatólogo y diputado a la Asamblea Nacional, denunció la precaria situación en la que el personal atiende a pacientes con COVID-19 no solo en el HUM sino en los otros cinco hospitales –Chiquinquirá, Santa Bárbara, Adolfo Pons, Noriega Trigo y Pedro García Clara– que fueron habilitados en la entidad para recibir a personas con el virus.

El parlamentario señaló que mientras los médicos cubanos cuentan con cabinas de desinfección en el HUM, en el resto de las áreas que disponen de unidades de cuidados intensivos no hay circuito cerrado para aspirar las secreciones de los pacientes que están en condición grave.

La mayoría de ellos muere. Mientras en la UCI remodelada los cubanos cuentan con 14 camas para atender pacientes el resto del personal no tiene recursos para trabajar dignamente», destacó.

La AN ha monitoreado las condiciones de las salas de cuidados intermedios e intensivos y los resultados son poco alentadores. En marzo, cuando fueron notificados los primeros casos de COVID-19, se disponía solo de 102 camas de unidades de cuidados intensivos con ventiladores y 104 camas sin ventiladores en todo el país, para atender a una población de 28 millones de habitantes.

Velazco asegura que en solamente 11 estados contaban con camas de cuidados intensivos y apenas 50 % de ellas equipadas con ventiladores estaban concentradas en el área metropolitana. En el caso del Zulia la situación ya era alarmante a principios de abril. «Con 19 pacientes el HUM había colapsado y empezaron a recluirlos en hoteles. En el área de emergencia y aislamiento había un hacinamiento con más de 40 pacientes contagiados y no contagiados compartiendo el mismo baño», indicó.

En el Chiquinquirá la situación no es muy diferente. La sala de hospitalización, los pabellones y el área de emergencia están cerradas desde hace cuatro años. El único quirófano que funciona lo acondicionaron  los estudiantes y residentes para hacer cirugías menores.

«En el área administrativa fue que aislaron los pacientes con el virus porque era la única parte que tenía aire acondicionado», señaló el parlamentario.

Algo similar sucede en el hospital Adolfo Pons, donde solo se dispone de dos camas de cuidados intensivos para hacer terapia respiratoria. En la Costa Oriental del Lago, donde se ubica el Pedro García Clara, las unidades se mantienen inoperativas. Y en el Coromoto, que es uno de los pocos recintos acondicionados con equipos y salas de aislamiento, los cupos están limitados a personeros del Gobierno y trabajadores de la industria petrolera. Una vez más solo unos pocos tienen lugar.

Foto: Archivo Crónica.Uno

Salir de la versión móvil