Doce años de opacidad oficial en cifras de desnutrición infantil

Las estadísticas de la desnutrición que hasta 2007 publicaba el Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional del Estado (Sisvan) a través del Instituto Nacional de Nutrición permanecen ocultas a la población mientras se agudiza el hambre en las zonas más desasistidas del país. Ante la omisión del Ejecutivo frente a su responsabilidad de denunciar el déficit alimentario y generar políticas para atenderla, sobrevive una generación de niños que nacen con bajo peso y menos oportunidades de adaptarse al entorno y desarrollar sus capacidades intelectuales en el aula y a futuro, en el ámbito laboral 

Opacidad estatal silencia cifras del Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional

El Sisvan que divulgaba la data de la malnutrición subsiste desarticulado a la mitad de su capacidad. Mientras se agudiza la desnutrición en los escolares, el mecanismo, adscrito al Instituto Nacional de Nutrición, evade su responsabilidad de reportar la desnutrición como enfermedad de denuncia obligatoria al mantener bloqueado el acceso a las estadísticas que aún se recogen en escuelas y hospitales de todo el país.

Por Betania Franquis Prada

Venezuela contaba con un mecanismo para medir la malnutrición que era pionero en América Latina, pero del Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional del Estado (Sisvan) no queda ni la sombra. El proceso de recolección de datos monitoreaba las cifras de la malnutrición infantil y los indicadores de la seguridad alimentaria, y las publicó desde 1985 hasta 2007. Desde hace 12 años se dejaron de divulgar los boletines epidemiológicos de nutrición. La cantidad de niños malnutridos en el país es un misterio.

Instaurado en 1980 por sugerencia de la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Unicef, y reconocido por difundir información anual, hoy en día el Sisvan subsiste apenas como una silenciosa dependencia del Instituto Nacional de Nutrición (INN), del que se desprenden algunas políticas alimentarias –Mercal, Clap– con las que el Gobierno pretende paliar la desnutrición.

Un funcionario del Sisvan que accedió a conversar con Crónica.Uno reveló que de los 10 componentes que hacían seguimiento a la situación nutricional de la población, solo 6 continúan arrojando datos estadísticos. Desde 2007 comenzaron a restarle indicadores al Sisvan hasta dejarlo desmantelado. El inicio de la crisis económica y la hiperinflación hizo imposible continuar con el seguimiento de los índices económicos del país.

Dedicado exclusivamente a la evaluación antropométrica, el Sisvan solo quedó para monitorear las proporciones y las medidas corporales de la población infantil en relación con el crecimiento. Uno de los indicadores que aún está activo –según el funcionario– y que recoge mayor cantidad de registros es Creciendo para la vida en la red escolar, que para 2015 abarcó a 1,1 millones de niños y adolescentes de entre 2 a 15 años en las escuelas de cada entidad.

El protocolo de medición que se realiza al principio del año escolar con la participación de un equipo entrenado del INN contabiliza, pesa y mide a los niños para ubicarlos en las gráficas de crecimiento. Las comparaciones del peso, la talla y el índice de masa corporal para la edad y el sexo permiten detectar si un niño está malnutrido por exceso o desnutrido por un déficit en el consumo de alimentos.

Fotos: Gleybert Asencio

Los resultados –detalló el funcionario– disgregados por parroquia son validados y enviados vía web a un pequeño departamento del INN ubicado en Quinta Crespo, donde el sistema tiene su sede central. El Sisvan no se ha detenido. La data oficial está contabilizada hasta el año 2018, pero el Gobierno la oculta porque es adversa a la revolución, aseguró la fuente.

En su último boletín del año 2007 ya se vislumbraba la desnutrición. Los resultados de ese año arrojaron en el ámbito nacional una tendencia de desnutrición de 11,29 % (10.732 casos) en los niños menores de dos años, según el indicador peso/edad. Mientras que en los niños de 2 a 6 años los porcentajes alcanzaron 13,63 % (16.636 casos) y en los escolares 7 a 14 años de 9,43 % (8686 casos).

Para aquel momento el problema era la obesidad, pero después eso cambió y la población en general empezó a perder peso. En 2012, 62 % de las personas tenía sobrepeso y para 2016 la tendencia disminuyó 12 puntos. En 2017 el panorama era aterrador y el hermetismo más acentuado entre los gerentes que sabían la situación, señaló la fuente.

Del compilado de boletines epidemiológicos nutricionales sistematizados desde el año 1994 solo uno –el de 2007– está disponible en la web. El resto está almacenado en el portal: http://sisvan.inn.gob.ve/, una plataforma informática de uso exclusivo, en la que se almacenan los datos estadísticos que también abarcan a la población adulta que acude a los hospitales más grandes de cada estado. Sin embargo, solo los funcionarios de más alto rango dentro del sistema pueden ingresar, con clave de acceso y nombre de usuario.

 

El velo de la opacidad estatal se cierne de igual forma sobre las estadísticas que monitorean la desnutrición en los niños menores de 2 años que están hospitalizados o que asisten a consulta por primera vez en la red ambulatoria nacional. En los archivos del Servicio de Nutrición y Desarrollo del hospital de niños José Manuel de los Ríos, el número de ingresos arroja luz sobre la realidad que el Gobierno quiere ocultar.

De 137 de niños menores de 15 años que ingresaron al servicio de nutrición del J. M. de los Ríos hasta este 30 de abril, 31 llegaron con desnutrición grave. Otros 27 fueron diagnosticados con marasmo, un tipo de deficiencia energética que se presenta en el primer año de vida y que se caracteriza por la ausencia casi total de proteínas y calorías.

Fotos: Gleybert Asencio

En el estado más severo, ingresaron cuatro niños con acumulación de líquido (edemas) en los tejidos, una de las manifestaciones más graves causada por la ausencia total de proteínas y nutrientes en el organismo.

El personal del Sisvan viene mensualmente a recoger la data de ingresos, pero desconocemos qué hacen con esas cifras, aseguró Ingrid Soto, médico pediatra y nutriólogo clínico, que desde hace más de 25 años está al frente del Servicio de Nutrición del J. M. de los Ríos.

Aunque se desconoce la data oficial, la especialista señala que el incremento de los casos de desnutrición infantil severa que llegaron a su consulta en 2018 ha suscitado preocupación dentro de las dependencias del INN y el Ministerio de Alimentación. La entrega de suplementos y bolsas de comida a las familias desfavorecidas se ha reflejado en un descenso de casos. Aun así, la población más afectada sigue siendo la menor de dos años de edad que representan 60 % de los nuevos ingresos.

Fotos: Gleybert Asencio

Para constatar el estado nutricional de los recién nacidos vivos se llevaron a cabo –hasta 2015– las mediciones en 72 maternidades de la red hospitalaria adscrita al Ministerio de Salud. Pero de esa muestra integrada por 210.000 neonatos registrados en 24 hospitales del país se desconocen los resultados.

Sin embargo, el funcionario ligado al sistema aseguró que el riguroso conteo no es fidedigno. El Sisvan no solo evade la responsabilidad de reportar la desnutrición como una enfermedad de denuncia obligatoria ante la comunidad internacional, sino que además encubre gran parte de los casos que escapan al desactualizado patrón de medición que Venezuela mantiene desde el año 1992 para detectar la desnutrición grave.

En 2006 la OMS ajustó el índice estableciendo que los niños presentan desnutrición al estar tres veces por debajo de su peso. Pero el Estado venezolano es el único que aún se apega al modelo que detecta los casos de desnutrición severa cuatro veces por debajo del peso habitual.

Fotos: Gleybert Asencio

La traba que representa el obsoleto estándar de medición desmonta los supuestos logros que la FAO le reconoció a Venezuela en materia alimentaria. En junio de 2013 el organismo premió al régimen del difunto presidente Hugo Chávez por reducir la pobreza y el hambre conforme a lo establecido en la Cumbre Mundial de Alimentación (CMA).

Pero ese mismo año el Programa de Nutrición Comunitaria de la Fundación Bengoa, que monitorea escuelas en Caracas, Maracaibo y Mérida, reveló un incremento de 9 % de la desnutrición infantil en las escuelas, tomando como muestra a 1500 alumnos en edad preescolar y hasta sexto grado de primaria.

Para entregar el reconocimiento, la FAO se fundamentó en los datos que el Estado venezolano envió a través del Sisvan y en los que supuestamente se evidenciaba que el país había reducido el hambre de 13,5 % entre 1990 a 1992 a 5 % entre 2007 y 2012.

Fue un logro inmerecido. Venezuela se ubicaba como el cuarto país con la peor situación alimentaria del mundo, tomando en cuenta toda la cantidad de niños desnutridos que no son contabilizados y que se triplicaron desde el año 2012 cuando se agravó la desnutrición, aseveró la fuente.

A efectos de este reportaje el equipo de Crónica.Uno solicitó una entrevista con el director del sistema Ever Onaiver Gutiérrez. La carta, consignada el 16 de mayo ante la oficina de la dirección ejecutiva, no fue contestada. Lo mismo ocurrió con la petición dirigida a la oficina técnica del INN mediante correo electrónico.

Durante la visita al instituto, el equipo periodístico pudo comprobar que las estadísticas de malnutrición sistematizadas desde el año 1994 hasta 2018 no están disponibles para la consulta pública. Los datos detallados de la malnutrición de Venezuela están en manos de tres o cuatro personas. Son ellos los únicos que saben la verdad, afirmó la fuente del Sisvan que pidió mantener en anonimato su identidad.

Quien desee conocer los alcances del Sisvan puede visitar los archivos de la Fundación Bengoa, uno de los pocos sitios donde están disponibles los anuarios de información nutricional publicados hasta el año 2007.

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La necesidad de saciar el hambre desbanca a la educación en la lista de prioridades

Desinterés, irritabilidad, atrofia cerebral y problemas del lenguaje son algunas de las secuelas que deja la desnutrición y que se manifiestan en las aulas de clase. En las zonas populares donde no llega el Programa de Alimentación Escolar y la pobreza es crítica, los niños en riesgo dependen de los comedores comunitarios para complementar su alimentación

Por Betania Franquis Prada

Caracas. 

F rente a un Cristo redentor, cinco niños de 3, 5, 6, 9 y 12 años aguardan la llegada de un plato de arvejas y un trozo de pan. Junto a ellos está su madre, Maura Nava, quien se moviliza desde la Cota 905 hasta El Cementerio para acudir al comedor comunitario de la parroquia San Miguel Arcángel, en vista de las dificultades que afronta para costear la alimentación en el hogar. Comemos una vez al día, pero desde que vengo hace dos años los veo más gorditos y me contenta porque al menos los puedo mandar a la escuela, dice.

Los cinco niños asisten a un plantel público cerca de su casa en las mañanas, pero allí no les llega el Programa de Alimentación Escolar (PAE). Con lo que gana vendiendo café detallado, a Nava apenas le alcanza para comprar caraotas y aliños.

Junto con los hijos de Nava, hay otros 75 niños vestidos de uniforme escolar que asisten de martes a viernes para cenar en el comedor a partir de las 4:30 p. m. Algunos están sucios, otros tienen bajo peso y la mayoría son menores de 5 años. También hay adolescentes, madres lactantes y adultos de la tercera edad que llegan desde distintas partes de Caracas.

Aquí se alimentan 200 personas, pero nos enfocamos en atender a los niños para recuperarlos nutricionalmente y prevenir que lleguen a un cuadro de desnutrición severa, explica Yngrid Candela, especialista en nutrición e investigadora del Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas).

El proyecto del comedor auspiciado por el grupo social del Centro al Servicio de la Acción Popular (Cesap) incluye el monitoreo de las condiciones nutricionales de los niños de las zonas populares más desasistidas donde falla el PAE y la pobreza es crítica. El estudio que arrancó este año encontró 8 % de desnutrición aguda moderada en 600 niños de 3 escuelas de El Cementerio. El resultado de las mediciones de talla y peso también detectó 15 % de desnutrición aguda en otras 5 instituciones educativas ubicadas en un barrio de Petare. La muestra abarcó 760 niños.

Una fuente vinculada al movimiento de educación popular Fe y Alegría, suministró a Crónica.Uno un fragmento de los resultados preliminares del tamizaje del año escolar 2018-2019. El estudio, que abarcó una muestra de 30.000 niños, detectó en 176 escuelas de Lara, Carabobo, Miranda y Falcón a 3549 escolares de entre 3 y 5 años de edad con desnutrición aguda moderada, y a 14.500 con las mismas manifestaciones entre los 5 y 15 años de edad.

En la Guajira venezolana el ausentismo escolar y la desnutrición son ecos de un mismo problema. Sailyn Fernández, miembro del comité de defensa de los Derechos Humanos de la Guajira, explicó a Crónica.Uno que 16 escuelas en la línea fronteriza de la Alta Guajira, se encuentran paralizadas debido al ausentismo escolar.

En esa zona, los estudiantes de las familias más pobres emprenden una caminata de cuatro horas a pie hasta Paraguachón –a 8 kilómetros de Maicao– donde funciona un comedor comunitario que les provee desayuno y almuerzo. 70 niños de entre 7 a 15 años pierden clases para salir a buscar un plato de comida y llevar algo a sus hogares, aseguró.

En las pocas escuelas que permanecen abiertas, los niños en situación de vulnerabilidad se distinguen por un patrón común. Son apáticos y desinteresados en el aula de clases. No salen al recreo ni participan en actividades deportivas. No tienen ni la fuerza ni la energía para recrearse o captar el contenido que se les imparte. Están rezagados, dijo.

Esta situación no es desconocida por los funcionarios del Instituto Nacional de Nutrición (INN) y el Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional (Sisvan) que hacen seguimiento al tema alimentario y que para 2015 sistematizaban 1,1 millones de registros en escuelas y hospitales centrales de todo el país. Ingrid Soto, jefa del servicio de nutrición y desarrollo en el hospital de niños José Manuel de los Ríos, afirma que las estadísticas existen y son recogidas mensualmente. Hace años disponíamos de los datos para hacer investigaciones y proyectos, pero eso quedó en el olvido, indica.

Las sugerencias que en años anteriores planteaba el INN-Sisvan al Ejecutivo en el ámbito nutricional se reducen a los programas de subsidio alimentario de los productos de las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap). A las familias más pobres con niños desnutridos se les entrega una bolsa y les ayuda, pero eso no es ni de lejos una política acertada.

La terapia lúdica como vía de salvación para el intelecto

Aunque la desnutrición dificulta el desarrollo de las capacidades, es posible mejorar el rendimiento de las facultades con las técnicas adecuadas y una alimentación balanceada. En la unidad de rehabilitación del Centro de Atención Nutricional Infantil (Cania) se atienden mensualmente 80 niños de 5 a 10 años con desnutrición aguda severa. Allí un programa de atención educativa les provee menús balanceados y estimulación psicopedagógica.

Dilcia Esquivel, psicopedagoga y gerente de desarrollo psicosocial de Cania, explicó que en los casos más graves en los que está comprometida la cognición, el daño se manifiesta en la pérdida de la memoria, la falta de concentración y la dificultad para hablar y entender el significado de las palabras.

Para repotenciar las capacidades y nivelar a los niños en el ámbito académico el programa incorpora ejercicios orientados a mejorar la comunicación oral, estimular la percepción y la memoria y desarrollar la psicomotricidad fina. Los trabalenguas, las canciones infantiles, el uso de materiales didácticos y la repetición de gestos son algunas de las herramientas más utilizadas.

Carmen Elena Brito, gerente general de Cania, señaló que la estimulación sensorial y psicomotriz aplicada por la psicopedagogía puede revertir el daño ocasionado por la baja ingesta de los nutrientes esenciales y afianzar el vínculo afectivo a través de los ejercicios entre madre e hijo.

La capacidad del cerebro para modificar hábitos o conocimientos predeterminados y aprender cosas nuevas es una característica que se mantiene por toda la vida –señala la psicóloga especialista en desarrollo infantil– lo que aumenta la probabilidad de éxito en los casos de desnutrición severos. Sin embargo, en los menores con bajo peso intrauterino el pronóstico es reservado.

En bebés con bajo peso los procesos de interconexión nerviosa y de mielinización de las neuronas están subdesarrollados. Si además hay nula estimulación y una alimentación pobre, lo más probable es que no logre desarrollar las aptitudes de acuerdo con su edad, asegura.

Margareta Hargitay, médico psiquiatra especializada en niños, coincide con Brito al afirmar que una alimentación deficiente en las embarazadas es la precursora de trastornos del neurodesarrollo en los lactantes. Añade que una inadecuada nutrición del niño durante los primeros dos años de vida impide el crecimiento físico (baja talla y bajo peso) y menor cantidad de conexiones neuronales.

La especialista Ingrid Soto señala en una muestra de tejido nervioso las lesiones dejadas por la desnutrición. Atrofia del hipocampo –órgano asociado a la memoria a largo plazo y las emociones–, disminución en el tamaño del cerebro y menor arborización entre las neuronas. Estamos hablando de una pérdida de oportunidades que repercutirá en el futuro del país.

El hambre: una enfermedad que mata

La desnutrición es un déficit de nutrientes a nivel celular causado por una alimentación incompleta. La investigadora Yngrid Candela explica que para evitar una situación de riesgo nutricional el menú diario debe estar conformado por: macronutrientes que aportan energía y que incluyen a las proteínas, grasas y carbohidratos. Y por los micronutrientes, unas sustancias indispensables para los procesos metabólicos del organismo. Entre estos se encuentran el sodio, el zinc, las vitaminas y los minerales.

Para reducir el porcentaje de riesgo entre niños con desnutrición aguda moderada, cada plato de comida que se sirve en el comedor aporta entre 500 a 700 kilocalorías. El menú es complementado con alimentos terapéuticos aprobados por la Organización Mundial de la Salud que concentran en pequeñas raciones fuentes de grasa y proteínas.

La investigadora señala que la desnutrición aguda abarca dos categorías: la moderada y la severa.

Los niños con aguda moderada pesan menos de lo que deberían para la talla a causa de infecciones recurrentes, diarreas o repentinos estados de inseguridad alimentaria en el hogar.

La desnutrición aguda severa implica un estado de déficit alimentario prolongado que genera un agotamiento total de las provisiones proteicas y calóricas. Es más crítica en los menores de dos años que nacen con bajo peso. Son niños que tienen retardo de crecimiento porque su organismo usa las reservas para sobrevivir y no para crecer, indica.

La clasificación de la desnutrición aguda severa engloba dos manifestaciones: el marasmo y el kwashiorkor, precisa Candela. Los niños con marasmo son delgados, apáticos, somnolientos y poseen un rostro avejentado. Padecen un severo desgaste de sus reservas calóricas y una profunda descompensación metabólica.

El kwashiorkor es el último estadio de la desnutrición aguda severa y se caracteriza por la retención de líquidos en el cuerpo y la aparición de lesiones subcutáneas. En estos niños el riesgo de muerte es elevado y muchos ni siquiera llegan al hospital. La mayoría está los barrios donde las madres ni saben qué hacer, asegura.

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Doce años de opacidad oficial
en cifras de desnutrición infantil

 

Desarrollo editorial: Celina Carquez

Redacción de textos:
Betania Franquis Prada 

Edición de textos: Natasha Rangel, Lorena Gil
Fotos : Gleybert Asencio 
Diseño: Lesslie Cavadías

Publicado: 16 de Junio de 2019

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