Más allá de los incentivos económicos de pertenecer a un grupo de antisociales, los más pequeños buscan el respeto y la atención que no reciben en casa de parte de sus familiares.

Shaylim Castro/@ShayC_

Caracas. Dinero fácil, joyas, motos y mujeres son las metas actuales de la mayoría de los niños que viven en las zonas populares y el camino más fácil que encuentran para lograrlo es pertenecer a una banda delictiva.

Las cosas han cambiado y para el sociólogo y director de Paz Activa (asociación civil dedicada a la promoción desarrollo humano en el ámbito social), Luis Cedeño, los jóvenes de ahora se involucran más temprano en las bandas que hace 20 años atrás, lo que también implica una muerte más temprana.

“Muchos son reclutados a los 10 o 12 años, algunos ya están iniciados en homicidios, ventas de drogas. Ya al cumplir los 16 o 18 años se ganan el respeto del barrio, de sus compañeros. Y aunque es una vía violenta, es la oportunidad más fácil para llegar a la meta que buscan”.

Pero el respeto no se logra de un día para otro y por esto deben hacer lo que les diga el “manda más” de la banda a la que deseen pertenecer. Según el abogado criminalista, Fermín Mármol García, muchos comienzan su vida delictiva como “corredores” o “vigilantes” (también conocidos como “gariteros”)

“Los ‘corredores’ son quienes llevan las armas, las municiones, los teléfonos a los líderes de las bandas a través de las escaleras o callejones de los barrios. Mientras que los vigilantes son los ojos y oídos del barrio. Dan la información de todo lo que pasa en el barrio y cuando viene la policía”, explicó el abogado.

Añadió que ya en el país no se habla de una delincuencia juvenil, sino infantil, pues con edades tan cortas ya manejan armamento y tienen la violencia, y tortura como lenguaje cotidiano.

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La casa como base de todo

Mármol declaró que muchos de los niños tienen un origen complicado, pues “vienen de embarazos precoces, no tienen la figura paterna o tienen padrastros de turno. Cuando comienzas el colegio, los padres les exigen que tienen que producir para la casa. En otros hogares ya puede haber un familiar que sea delincuente y los reclutan”.

A todo esto se añaden los altos niveles de impunidad del país, de cada 100 delincuentes solo agarran a ocho, pero salen rápido de las prisiones, tal y como citó Mármol García.

“Los jóvenes comienzan a ver estos patrones. Cuando dejan el colegio y se las pasan en las calles, ven que en casa no los extrañan, y pertenecer a una banda más que un incentivo económico, es un incentivo de reconocimiento y respeto”.

Aunque el país se llene de cárceles, cementerios o policías, para Mármol y Cedeño se necesitan planes de prevención a largo plazo, como cambiar el sistema educativo, generar oportunidades de progreso y bienestar y rescatar el concepto de familia.

Incentivar a los chamos

Según estudios realizados por Cecodap (organización que defiende los derechos de la niñez), los adolescentes de 12 años son quienes están en mayor riesgo de integrarse a las bandas. El coordinador general de la ONG, Fernando Pereira, indicó que en el año 2015 hubo un aumento de la participación de los adolescentes en hechos delictivos de 30 %  con respecto al 2014, lo que también implica un aumento en la tasa de mortalidad.

En 2015 Cecodap registró 1.026 homicidios en menores de 18 años, lo que representa 86 hechos mensualmente y un aumento del 12.5% en comparación al año anterior.

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“Para que la situación pueda cambiar el Estado debe crear políticas públicas, recuperar el sistema judicial, dar atención a los jóvenes que estén en las cárceles”, recomendó Pereira.

Recalcó la importancia de incentivar a los chamos a los estudios, a tener un proyecto de vida, una familia, mejorar la relación con los padres y generar oportunidades de estudio.

“Pero también se les debe indicar las consecuencia de integrar una banda delictiva, pues por la corta esperanza de vida de los delincuentes, es un proyecto de corto plazo”.

Foto referencial: Cristian Hernández



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