Los niños que han tomado sin permiso comida de la nevera, por ejemplo, han sido víctimas de malos tratos, como quemaduras en las manos y bocas, porque sus padres alegan que no tienen más nada que darle al resto de la familia. En 2017 una sola Fiscalía de las nueve con competencia de niños y adolescentes recibió 112 denuncias por tratos crueles.

Caracas. Comer un arroz frío que quedaba en la nevera les costó quemaduras en las manos, en la boca y en parte de la cara a dos hermanitos. Los pequeños, de ocho y cinco años, tenían mucha hambre y como sus padres no habían llegado a la casa decidieron buscar con qué alimentarse.

Cuando llegaron y se enteraron de que habían gastado lo poco que había en la casa para saciar el hambre de la familia, fueron castigados. Prendieron la hornilla de la cocina y los quemaron.

-¿Y les gustó el arroz? -preguntó quien tomó la denuncia, para iniciar la conversación y romper el hielo con los niños maltratados.

-Sí nos gustó, señora, aunque estaba frío, pero es que teníamos mucha hambre.

Algo semejante pasó con otros dos hermanitos, quienes bebieron leche con azúcar porque tampoco aguantaban tener el estómago vacío mientras llegaban los adultos a la casa y recibieron una golpiza por parte de uno de sus padres con un cable.

Según las investigaciones del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) se incrementó la violencia dentro de los hogares por comida, en el 2017, ya que la hiperinflación y la escasez impide a los padres surtir la nevera y alimentar debidamente a todos los niños de la casa.

Esta situación desencadenó que las familias crearan estrictas normas en la vivienda con respecto a los alimentos. Gloria Perdomo, coordinadora del OVV, explicó que hay casas donde se come una sola vez al día y por eso los adultos deciden dejarle el alimento al más pequeño de sus hijos. Pero cuando esto no sucede ocurren los maltratos severos.

La pobreza ha sido una de las causas para que la violencia en el hogar aumente. Los niños son las principales víctimas

Recordó el caso de una niña a quien le quemaron la boca con una cucharilla caliente porque se tomó el tetero de la hermanita y el de otro pequeño a quien le quemaron las manos porque agarró la comida que quedaba en la despensa. Ambos hechos fueron registrados en Petare el año pasado.

Esto demuestra la angustia por no poder conseguir comida, por no tener dinero para comprarla o por la escasez. En estos casos, la angustia de los padres los llevó a cometer estos actos de violencia extrema, al pensar que no tendrían cómo reponer la comida o que los hijos menores se quedarían sin comer, detalló.

Según fuentes extraoficiales del Ministerio Público, en 2016 se recibieron 53 denuncias por trato cruel mientras que en 2017 la cifra se elevó a 112, es decir, un alza de  más de 110 % solo en una de las Fiscalías con competencia en materia de niños y adolescentes.

En 2016 se abrieron 522 denuncias, donde las víctimas eran menores de edad, que abarcan distintos tipos penales como averiguación, muerte, tratos crueles, abuso sexual y robo. Mientras que en 2017 fueron 480.

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La violencia dentro de los hogares venezolanos es una respuesta a una serie de factores que generan que la familia se descompense emocionalmente y no se genera únicamente porque no haya comida en el hogar, esta es una de las causas. Dayany Sánchez, directora Sociolegal de Hogar Bambi, explicó que los niños son los más vulnerables de la casa y por tanto son quienes pagan las consecuencias porque no tienen la capacidad de responder ni defenderse.

La situación económica afecta mucho y la pérdida de un empleo. Además hay familias desestructuradas y los niños quedan al cuidado de los abuelos, o de algún miembro que tiene problemas de salud y se suman a estos factores causantes de la violencia, detalló.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2017, la pobreza por ingresos pasó de 81,8 % en 2016 a 87 % el año pasado.

Fernando Pereira, coordinador de Cecodap —organización no gubernamental que vela y defiende los derechos humanos del niño y adolescente— explicó que hay muchos factores que se conjugan en medio de la crisis para que los instintos más primitivos del ser humano los lleven a cometer cosas impensables en un momento, como daños irreversibles en la vida de los niños.

En las viviendas se presentas peleas entre hermanos por platos de comida, porque en la casa no hay más para reponerla

La comida ha sido un detonante de grandes conflictos, en casa sucede con las peleas entre hermanos y con hechos de violencia de los padres hacia los niños. La salud mental del cuidador del niño también influye mucho, una persona que esté abrumada porque no ve salida a esta crisis al contrario se siente cada vez más hundido y reaccionan violentamente ante un hecho en el cual en otra oportunidad se hubieran podido contener, dijo.

Además hay casos donde hay presencia de alcohol o drogas que incrementan la violencia. Y otro factor es la edad de los padres, generalmente muchos son adolescentes o jóvenes que no están preparados emocionalmente para afrontar esta crisis.

Nadie tiene la madurez para enfrentar esta crisis que atravesamos, pero si el padre es joven o adolescente hay más riesgos de que pierda el control y sean reacciones desmedidas.

Pereira aclaró que estos casos de agresiones no solo se presentan en sectores humildes, sin embargo, son donde más se reportan. Difícilmente sea primera vez –en casos de violencia por comida– que los padres agredan a los niños, es posible que hayan tenido una vida de agresiones.

Familias disgregadas por la crisis

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En casa de Yris Marcano –nombre ficticio por medidas de protección– las peleas entre hermanos porque uno se comió la cena del otro empeoraron cada vez más. Por eso tuvo que pedirle a su hija que se fuera de la casa, junto con su pareja.

Hace un año la relación de mi familia empeoró, eso me ponía muy mal porque yo no crié a mis hijos así, éramos una familia unida. Todo empeoró porque no teníamos suficiente comida.

Una noche dos de sus cuatro hijos pelearon porque mientras uno de ellos hacía la cena el otro metió la mano para quitarle un poco. La discusión llevó a una golpiza que terminó cuando uno le lanzó un cuchillo al otro. “Ahí tomé la decisión de pedirle que se fuera”.

Hay madres que a veces no llevan a sus hijos al colegio porque no tienen nada que darle de merienda

Pero los problemas en casa de Yris no terminaron aunque separó a su familia. Quedó viviendo con un varón de 20 años, con quien tuvo varias discusiones porque se comía la merienda de su hermanita, de 12 años. Una mañana no pudo llevarla a clases porque el varón se había comido lo que preparó para el desayuno de la niña y no tenía más nada que darle.

Tuve que hablar con él y pedirle que saliera a trabajar porque yo no podía manterlos a todos sola. Ahora trabaja y por lo menos me ayuda, ya él sabe que no se puede comer lo que es del colegio de la niña.

Yris es viuda y trabaja como costurera desde su casa. Semanalmente, cuando tiene días buenos, puede cobrar 800.000 bolívares que no le alcanzan para nada. Ya no compra carne, su hija menor come mortadela, queso, yuca y plátano porque es lo más barato.

De almuerzo le doy plátano frito con mortadela. Ya no comemos ensaladas ni arroz, si llegara a comprar con una taza comemos los tres. La harina pan en mi casa es un lujo. Yo como una o dos veces al día, dependiendo, con tal de que la niña tenga para ir al colegio y almorzar, detalló.

Según la Encovi, en 2017 8 de cada 10 venezolanos declararon haber comido menos por no tener suficiente comida en su hogar o por la escasez. Otro dato alarmante, según la investigación, es que 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día y las que consumen son principalmente tubérculos, pues las proteínas están desapareciendo de sus dietas.

Investigaciones del OVV también señalaron que la crisis ha generado que boten de la casa a algún miembro de la familia porque está desempleado y no aporta para comprar alimentos.

Son una carga y los miembros deciden pedirle que se vaya porque no tienen cómo mantenerlo, soltó Perdomo.

Rescatar a la familia de la violencia

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Ante los casos de trato cruel en niños y adolescentes intervienen los consejos de protección de cada municipio –donde se reciben las denuncias– quienes remiten los casos a la Fiscalía. Dependiendo de la gravedad el menor es separado de sus padres, si son los agresores, se lo entregan a un familiar o a casas de protección, como por ejemplo, Hogar Bambi.

Hasta 2017 se incrementó la solicitud de cupos para ingresar a niños con medidas de protección con respecto a 2016, principalmente por la pobreza, pues ha sido motivo para que se vulneren sus derechos y están en situación de riesgo.

Fernando Pereira sostuvo que aunque la mayoría de los casos de violencia provienen de sectores populares, ocurre en todos los niveles sociales

Adanis Aponte, abogada y asesora legal de Hogar Bambi, comentó que la prevención debe trabajarse en todos los aspectos para evitar la violencia dentro de casa.

Las Escuelas para Padres, que antes existían, ya no se da regularmente y ahí daban recursos para trabajar la prevención con esos papás que habían cometido hechos violentos y si había una alarma por ahí encendida se podía evitar que eso pasara a mayores. Debe existir un sistema de protección.

Agregó que hay que rescatar los programas de protección en comunidades, pues aunque la Defensoría debería trabajar la prevención en estos lugares los programas no funcionan.

Por muchas herramientas que tenga un padre la situación se sale de control. ¿Cómo se le pide a una madre que tiene cinco hijos que no salga a pedir comida a la calle si solo tiene agua en su nevera? Por eso no se puede vetar a un padre cuando cae en maltrato, hay que tratar de rehabilitarlos porque en algunos de los casos se pueden equivocar.

Además los consejos de protección no se dan abasto y si el programa incluye atención integral y psicológica, así como visitas domiciliarias, hay citas que pueden darse hasta en seis meses.

No hay garantías para rehabilitar a las familias. Los lapsos para las citas son indeterminados y dependiendo de la particularidad de cada caso, actúan. Dan prioridad a casos por abuso sexual y trato cruel, si no, lo privan de libertad.

El año pasado recibieron 30 casos de niños que además presentaban cuadros de desnutrición, de los cuales ocho estaban en emergencia. También se incrementó la cantidad de hermanos que ingresan, actualmente tienen hasta cinco.

Hay padres que traen a los niños porque no les pueden dar de comer y desesperados nos piden que los ayudemos, agregó Dayany Sánchez.

Fotos: archivo



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