Una tarde lluviosa acompañó a los familiares del comunicador social de 27 años en el último adiós, este viernes 12 de mayo, luego de que lo asesinaran durante una manifestación en Las Mercedes.

Caracas. Al fondo sonaba “El toque del silencio”. Mientras bajaba el ataúd, los amigos de Miguel Fernando Castillo le pusieron una bandera de Venezuela. Los que parecían más fuertes se desmoronaron al contemplar el descenso del féretro caoba.

“¡Chao papá!”, “¡Chao Miguelo!”, “¡Chao!”, decían en voz alta quienes estaban alrededor. Sus compañeros del equipo Los Cabañeros, algunos vistiendo las camisas color naranja del grupo, unieron sus manos como suelen hacerlo antes de iniciar un partido y gritaron: “¡1, 2, 3, Miguel!”

El cielo gris, anunciante de un aguacero, hizo mucho más triste la tarde de este viernes 12 mayo. Al terminar la despedida, en efecto, llegó la lluvia.

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Desde la tarde del pasado jueves velaban al joven de 27 años, asesinado el 10 de mayo durante una marcha opositora en la avenida principal de Las Mercedes.

Amigos y familiares lo describieron como un joven alegre, que siempre estaba sonriente

Su papá, Luis Castillo, tenía una camisa blanca manga larga y un pantalón gris oscuro. Caminaba por los pasillos de las capillas del Cementerio del Este. Sus ojos no podían esconder el dolor de perder al menor de sus hijos.

“Miguel luchó por una Venezuela libre. Un día antes de la marcha le dije: ‘padre no vayas’, en vista de toda esta situación que está pasando, y él, terco al fin, me dijo que quería salir a luchar. No podía detenerlo en la casa”, dijo en un tono muy bajo, pero tranquilo.

Contó que su hijo se graduó de licenciado en Comunicación Social hace tres meses y que estaba pensando irse a vivir con su hermano, quien reside en Chile.

Miguel era un muchacho alegre, siempre con una sonrisa en los labios. Tenía sus sueños, logró estudiar y logró graduarse”, soltó aguantando el llanto.

No cree en la justicia del país, por eso dejará todo en manos de Dios. “La única justicia que existe es la divina”, dijo antes de retirarse.

Despedida llena de honores

La primera capilla, donde velaban a Miguel, quedaba en frente a donde velaron a Armando Cañizales, de 18 años, asesinado justo una semana antes que él, en las mismas circunstancias y zona.

Muchas flores, girasoles, rosas y claveles, adornaban las coronas que rodeaban el féretro donde reposaba el comunicador social. Al mediodía, la banda de guerra del Colegio San Ignacio de Loyola le hizo un homenaje. Iniciaron con el Himno Nacional, que puso la piel de gallina e hizo que más de uno dejara escapar las lágrimas.

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Cargado por su padre, hermanos y otros familiares lo sacaron de la capilla. Un poco más adelante lo esperaron sus compañeros del equipo de béisbol, que también pusieron el ataúd sobre sus hombros.

Caminaron con él a cuestas. La silenciosa procesión enfiló hacia la parcela, que no quedaba muy lejos. Al fondo los esperaba el toldo azul marino donde efectuarían la ceremonia. Antes del descenso final, una joven leyó unas palabras que envió una prima de Miguel desde Madrid.

“Soy la prima de un héroe. Te amo”, finalizaba el escrito, en el cual la mujer lamentaba no poder estar con la familia en ese momento tan duro.

Miguel fue asesinado la tarde del miércoles 10 de mayo en la avenida principal de Las Mercedes durante un enfrentamiento entre manifestantes y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que los reprimía con lacrimógenas a esa altura.

De acuerdo con cifras oficiales del Ministerio Público, la protestas han dejado al menos 39 muertes en el país.

Fotos: Yohana Marra | Cortesía



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