La presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología aseguró que para evitar el colapso hospitalario y disminuir la transmisión del virus es necesario un sistema de salud capaz de emitir alertas oportunas ante nuevos brotes infecciosos.
Caracas. Hace más de cinco años, en diciembre de 2019, un brote infeccioso se propagó entre un grupo de pobladores de la ciudad china de Wuhan. El germen del que se desconocía nombre y origen, y que más tarde fue identificado como SARS-CoV-2, desencadenó una emergencia sanitaria sin precedentes que causó más de 15 millones de muertes en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Mientras otras naciones ya lidiaban con los estragos mortales de la enfermedad conocida como COVID-19, en Venezuela la autoridades y la población se mantenían en vilo a la espera de los casos confirmados. La noticia llegó a la opinión pública el 13 de marzo de 2020 con el anuncio de los primeros contagios en cadena nacional.
El inicio de la cuarentena supuso uno de los mayores desafíos para el sistema de salud público venezolano que, afectado por una profunda crisis estructural hizo frente a la pandemia con limitados recursos.

En entrevista para Crónica Uno Patricia Valenzuela, presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, indicó que la llegada del virus al país puso en relieve la necesidad de abordar las deficiencias que todavía persisten y señaló que ahora uno de los principales retos es asegurar la llegada de vacunas actualizadas para hacer frente a nuevas variantes del virus, así como acondicionar los centros de salud.
¿En qué cambió la sociedad venezolana durante estos cinco años de pandemia?
El ciudadano venezolano ahora está más pendiente de los procesos infecciosos que se pueden presentar no solo en el contexto local, sino también en el ámbito mundial.
La gente está más ávida de información de la fuente de salud y hay una mayor preocupación por tratar de entender qué puede pasar y cuáles serán las consecuencias que pueden presentarse.
En general las personas están atentas y quieren saber si en Venezuela el sistema de salud tiene capacidad de respuesta ante determinadas situaciones.
¿Qué lecciones le dejó la COVID-19 a nuestro sistema de salud público?
La pandemia nos dejó claro que tenemos un sistema de salud con deficiencias importantes. Sobre todo con respecto a los servicios básicos como la electricidad, la luz y el agua.
El COVID-19 nos hizo entender que los hospitales no pueden tener cortes eléctricos, que debe haber suministro continuo de agua, que es necesario lavarse las manos en los centros de salud, bien sea públicos o privados.

Todavía hay deficiencias con respecto a la capacidad diagnóstica en nuestra red de hospitales y eso abarca las pruebas diagnósticas de laboratorio, los reactivos de laboratorio, la microbiología y la detección molecular de virus respiratorios de resistencia bacteriana.
La pandemia dejó en evidencia que estas eran las deficiencias más marcadas y que tenemos que seguir trabajando para mejorar, porque estas fallas no se han solventado.
¿Qué manifestaciones del COVID-19 prolongado persisten aún en nuestra población?
La condición post COVID-19 en Venezuela la tenemos en pacientes que tienen afectación en la esfera pulmonar, es decir, que presentan una capacidad vital disminuida en comparación del episodio de COVID-19.
También observamos pacientes que después del virus se les ha diagnosticado hipertensión arterial, que han hecho infartos del miocardio o que ahora viven con cardiopatías isquémicas crónicas o agudas. Otros tipos de manifestaciones son las arritmias cardíacas, es decir alteraciones del ritmo cardíaco.

Otros casos son el de quienes, tras superar un episodio de COVID-19, quedan afectados por problemas articulares u osteoarticulares, con mucho dolor en las articulaciones.
Muchas veces en estos casos no hay un diagnóstico claro y se presenta lo que llamamos artritis cero negativa, que es esa articulación que se aumenta de volumen, que se pone roja, caliente, con dolor y limitación funcional.
En la esfera dermatológica y asociado a la condición post COVID tenemos pacientes con pérdida de cabello de manera importante. También observamos que transcurrido un tiempo, una vez que nace nuevo pelo, es de una hebra más quebradiza y débil, al igual que las uñas. En consulta se reciben otros casos con otro tipo de manifestaciones dermatológicas como manchas y descamación.
¿Qué incógnitas quedan todavía por resolver en torno a este virus?
La principal de esas preguntas sin respuesta clara es el reservorio. En la cadena epidemiológica se establece el microorganismo causante de la enfermedad y también está el huésped, es decir, la persona susceptible a infectarse y enfermarse, pero en el medio de todo eso hay un reservorio. Esa es la fuente donde el microorganismo está, donde se encuentra el virus. Eso todavía no lo tenemos claro. No sé sabe con exactitud de qué animal vino, si fue del murciélago o del otro animal parecido a un armadillo pequeño

También hay dudas porque se desconoce si el SARS-CoV-2 surgió de la naturaleza porque hubo esa interacción entre diferentes mamíferos. Y esto quizá generó el cambio del virus del coronavirus hasta transformarse en el SARS-CoV-2 que causó la COVID-19.
Se duda de que este virus pudo haber escapado de un laboratorio. Todas estas son preguntas que siguen sin respuesta definitiva a día de hoy.
¿Qué aspectos positivos nos deja la COVID-19 al cumplirse cinco años de declararse el estado de emergencia?
Algo que ocurrió con la pandemia fue que nos hizo entender la importancia de trabajar en equipo, porque el personal de salud es un equipo que necesita del personal de enfermería, del personal médico, del personal de laboratorio.
Y creo que eso ha permitido incluso a nivel global que haya un mejor engranaje para brindar atención de emergencia para los pacientes en líneas generales. Por otro lado le permitió al ciudadano entender que si se cuida a sí mismo, cuida a los demás.

Muchas personas lograron desarrollar la solidaridad y la empatía a lo largo de la pandemia y es algo en lo que se sigue trabajando para comprender que no se puede discriminar ni estigmatizar a nadie por ningún tipo de enfermedad.
Ninguna persona quiere enfermarse ni tampoco enfermar a los demás. Con esto se creó y todavía se sigue creando una nueva conciencia acerca de la enfermedad y sus consecuencias.
¿Cuál es el estatus actual de la pandemia y qué viene ahora?
Bueno, estamos en el 2025 y todavía el SARS-CoV-2 sigue circulando en el mundo y en Venezuela. Es importante destacar que este virus persiste y que aún se hacen diagnósticos de nuevos casos a lo largo de todo el año. Puede pasar en época de invierno como puede pasar en época de primavera, tanto en el hemisferio sur y norte se hacen diagnósticos de COVID-19.

Lo que nos viene ahora es que el ser humano comprenda que tiene que respetar y mantener la armonía en su interacción con el medio ambiente. El hombre trata de abarcar y extender sus ciudades, su civilización y con ello invade los ecosistemas de animales, bien sea en áreas tropicales o desiertos, o en cualquiera de los escenarios que podemos encontrar en el mundo.
Además de invadir también inunda y modifica esos ecosistemas al llegar con sus hábitos alimenticios, sus tradiciones, sus costumbres sanitarias y de trabajo.
Modificar ecosistemas sin entender que habrá consecuencias para la flora y la fauna de distintas zonas es algo que hay que cambiar. Tiene que existir un respeto hacia los ecosistemas, tiene que haber saneamiento ambiental, preservación de las aguas y de los bosques tropicales. Si el hombre entra en consciencia con respecto a este tipo de cosas se podrá prevenir o distanciar la aparición de nuevos microorganismos.
¿Qué deben saber actualmente las personas acerca de la pandemia de COVID-19?
Sigue siendo importante recordarle a todo el mundo cómo se transmite el virus. Hay que entender que una persona con síntomas puede transmitir el virus de manera afectiva a entre 15 y 18 personas a través de las gotitas respiratorias y las microgoticas. Eso no se ha modificado y la forma de prevenir este virus sigue siendo la misma.
La prevención incluye el lavado de manos, el uso de mascarilla o tapaboca y quedarse en casa si hay síntomas respiratorios.

Todo esto empezó en 2020 y continúa en la actualidad, ya debemos tenerlo asimilado. Y la otra cosa es que el SARS-CoV-2 es un virus que no se trata con antibióticos, antiparasitarios ni antirretrovirales.
Ahora sabemos, por números, cuál es la mejor manera de tratarlo y eso va de la mano con la vacunación porque disminuye la cantidad de casos severos, hospitalizaciones y muertes.
Debemos tener presente que las vacunas salvan vidas y que hay que trabajar en función de que lleguen más vacunas actualizadas a Venezuela.
¿Qué falta todavía por mejorar dentro de la red hospitalaria nacional?
Es importante acondicionar nuestro sistema de salud público porque tiene sus deficiencias. La manera de evitar el colapso y disminuir la transmisión efectiva del virus es teniendo un sistema de salud capaz de emitir la alerta cuando está pasando algo.
Dentro del sistema de salud también debe haber comunicación entre sus mismas instituciones, de modo que si llegan mayor número de pacientes con síntomas respiratorios o con ciertas características se pueda notificar a tiempo.
La comunicación adecuada debe incluir a las autoridades sanitarias locales, a las municipales y a las distritales. Por otro lado, hay que mantener a la sociedad informada.
Trabajar en equipo con las autoridades locales hace más fácil la detección de cualquier proceso infeccioso que se esté dando, bien sea por intoxicación alimentaria, infecciones de piel generadas por agua contaminada y también por el virus causante de la pandemia de COVID-19.

Cuando las comunidades no están preparadas y educadas en lo que es sanidad ambiental y autocuidado, todo es más difícil. Por eso la comunicación intersectorial y transectorial es clave en salud, tanto como lo es la educación a las comunidades. Eso hay que trabajarlo y, por supuesto, mejorar la educación y la capacitación de nuestro personal de salud, todo en líneas generales, desde el médico hasta el portero de los establecimientos de salud.
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