La presidencia encargada de Delcy Rodríguez cumple un mes con un rediseño político y militar, movimientos diplomáticos y ajustes en la cúpula del Estado. Analistas consultados por Crónica Uno coincidieron en que, a partir de sus decisiones, se puede concluir que su gestión busca consolidar lealtades internas y proyectar estabilidad en medio de la incertidumbre electoral y política.
Caracas. Al cumplirse un mes de la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, tras la captura de Nicolás Maduro, el mapa de poder venezolano muestra un rediseño en marcha: nuevas lealtades en la cúpula, ajustes en la estructura del Estado y movimientos diplomáticos, en paralelo a la incertidumbre por la convocatoria electoral aún pendiente.
Después de jurar el cargo, Rodríguez ha encabezado un reordenamiento del poder político, militar y diplomático con decisiones de alto impacto: nombramientos clave en el gabinete, movimientos en la cúpula de la Fuerza Armada y renovaciones en medios estatales y representaciones en el exterior.
La estrategia ha combinado la consolidación de apoyos internos y el ascenso de figuras del ala dura del chavismo con gestos de distensión hacia Washington y la apertura de canales de contacto.
“Estamos ante un momento definitorio para la política venezolana”, dijo a Crónica Uno uno funcionario alto rango consultado bajo condición de anonimato.
Este proceso, activado como consecuencia de la detención de Maduro el 3 de enero pasado durante la Operación Absolute Resolve, ejecutada por fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos (EE. UU.), ha estado marcado por un doble objetivo: reforzar el control institucional en un escenario de tensión y proyectar señales de estabilidad hacia actores internacionales.
Todo ello ocurre bajo la presión del plazo constitucional para convocar elecciones, cuyo primer supuesto ya venció, sin anuncio oficial de calendario, y que mantiene abierto uno de los principales focos de incertidumbre política.

Reacomodando el coroto
Inmediato a su ascenso en el poder y hasta los primeros días de febrero, la gobernante interina amplió su reordenamiento político, militar y diplomático, para consolidar alianzas internas y enviar señales de apertura externa luego de la salida forzada de Maduro y de Cilia Flores.
Las decisiones más recientes combinan movimientos de alto impacto en el gabinete, fortalecimiento de vínculos con la llamada “ala dura del chavismo” —sectores leales históricamente a Maduro y Diosdado Cabello— y gestos de normalización con Washington, mientras el oficialismo insiste en la narrativa de estabilidad institucional.
Delcy Eloína Rodríguez Gómez —abogada y dirigente chavista nacida el 18 de mayo de 1969— asumió como presidenta encargada el 5 de enero pasado, tras la captura de Maduro.
La juramentación se realizó, el 5 de enero pasado, ante la Asamblea Nacional (AN), presidida por su hermano Jorge Rodríguez, y fue respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que invocó la figura de “falta absoluta” prevista en el artículo 233 constitucional.
Desde entonces, ha mantenido la cartera de Petróleo y ha defendido la continuidad institucional. En su primer mensaje público el 15 de enero ante la AN sostuvo que se abre “un nuevo momento político para la estabilidad de la República”.
Analistas explicaron a Crónica Uno que su línea es de continuidad con ajuste táctico, resumida en tres prioridades: “priorizar estabilización interna, reapertura diplomática y recuperación económica bajo presión internacional”.
Reordenamiento sectorial
Del 16 al 20 de enero se completó la reconfiguración comunicacional: Miguel Ángel Pérez Pirela asumió como ministro de Comunicación; Freddy Ñáñez pasó a Ecosocialismo; y el 20 de enero se oficializó Hernán Canorea —productor de “Con el mazo dando”, el programa que dirige Diosdado Cabello— como presidente de Venezolana de Televisión. El canal estatal es la principal plataforma de comunicación gubernamental y propaganda política.
El 29 de enero, Rodríguez nombró a Isabel Iturria como vicepresidenta sectorial de Ciencia, Tecnología, Ecosocialismo y Salud. A su vez creó el Centro Nacional de Defensa y Seguridad Cibernética. En el área económica, previamente fusionó carteras productivas bajo Luis Villegas y designó a Calixto Ortega en Economía y Finanzas.
Desde el 5 de enero no ha sido nombrado un nuevo vicepresidente ejecutivo. La Constitución permite la vacante, ya que no fija plazo obligatorio de designación. Sin embargo, el artículo 233 establece que ante falta absoluta presidencial deben convocarse elecciones en 30 días.
Ese lapso venció alrededor del 4 de febrero sin anuncio oficial, lo que ha generado tensiones jurídicas e internacionales. En caso de falta de la presidenta encargada, la sucesión recaería en el presidente de la AN —su hermano, Jorge Rodríguez—, dato observado con suspicacia por analistas por la concentración familiar de poder.
Esto convierte la elección de un vicepresidente en un factor estratégico, ya que influye directamente en la línea de sucesión presidencial y la estabilidad política.
“El retraso en nombrar un vicepresidente puede ser una estrategia deliberada para consolidar autoridad y evitar disputas internas”, afirmó a Crónica Uno una abogada constitucionalista, quien pidió ocultar su identidad.

Nuevos nombramientos y frente diplomático
Entre el 2 y 3 de febrero pasado se produjeron las designaciones civiles más recientes y de mayor peso político desde la captura de Maduro. Rodríguez nombró a Daniella Cabello como ministra de Turismo, en sustitución de Leticia Gómez Hernández. Cabello —hija de Diosdado Cabello, primer vicepresidente del Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV) y ministro de Interior, Justicia y Paz— entra así formalmente al gabinete, reforzando la influencia directa de ese grupo político.
Desde la Presidencia se indicó que tendrá la misión de “impulsar el desarrollo y la promoción del Sistema Turístico Nacional”. En paralelo, el lunes, 2 de febrero, fue designado Félix Plasencia como representante diplomático de Venezuela ante EE. UU.
El canciller Yván Gil informó que la delegación se instalará en Washington como parte de la reapertura de relaciones. El movimiento coincide con la reactivación de la misión estadounidense encabezada por Laura Dogu y con un canal de negociación política, energética y consular.
Ese mismo 2 de febrero, Rodríguez recibió a Dogu. Según la funcionaria estadounidense, a través de sus redes sociales, se discutió un esquema de tres fases —“estabilización, recuperación económica y transición democrática”— en la hoja de ruta bilateral. También se confirmó la recepción de cartas credenciales de embajadores de Qatar, Italia y Nicaragua, ampliando contactos diplomáticos con aliados no occidentales.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró el 3 de febrero que la Fuerza Armada respalda a la mandataria encargada y la línea de reconciliación. De acuerdo con el parte oficial, habló de “unidad, estabilidad y recuperación económica como objetivo común” al cumplirse un mes de la captura de Maduro.

¿Free Alex Saab?
Uno de los movimientos más sensibles de este reacomodo ha sido la salida y supuesta detención de Alex Saab, empresario colombo-venezolano señalado por autoridades de EE. UU. como operador financiero clave del chavismo.
El empresario colombo-venezolano, señalado por EE. UU. como operador financiero clave del chavismo, es el centro de una contradicción pública sobre su paradero. Después de su liberación en un canje de prisioneros en 2023 y su breve nombramiento como ministro en 2024, las autoridades lo removieron de su cargo hace dos semanas.
Este 4 de febrero, medios como Caracol Radio, Caracol TV y Reuters reportaron su presunta detención en una operación del Sebin con cooperación estadounidense.
A Saab lo buscan por cargos de corrupción y lavado de dinero, aunque ningún expediente judicial activo en EE. UU. lo persigue debido a un indulto de 2023. De confirmarse, su detención representaría el primer golpe de alto nivel contra la antigua estructura de negocios del madurismo.
Hasta esta publicación, el propio Saab no ha desmintido la información de forma pública. No obstante, su abogado Luigi Giuliano negó los hechos con firmeza. Declaró a medios colombianos que su cliente está “tranquilo en Caracas” y que la versión de la captura es “totalmente falsa”. Agregó que Saab prepara un comunicado para la prensa.
El gobierno venezolano, por su parte, no emitió ninguna declaración oficial para confirmar o desmentir los hechos. Incluso el presidente de la AN evadió responder sobre su paradero al cuestionársele en la noche del 4 de enero. Esta falta de pronunciamiento mantiene en incertidumbre el paradero real del empresario.

Giro táctico del chavismo
Rodríguez fue vicepresidenta ejecutiva desde 2018 y ministra de Petróleo antes de asumir la presidencia encargada. En su gestión interina ha combinado control interno con señales de distensión externa.
El 3 de febrero afirmó que el país está en “calma” y que la estabilidad representa “una gran victoria del pueblo”. En otros actos públicos, transmitidos por los medios públicos, ha reiterado que trabajará por el regreso de Maduro y Flores, postura difundida por medios estatales.
Su actuación muestra diferencias operativas con el chavismo de la etapa final de Maduro —más confrontacional y aislado— y ha sido descrita por analistas como un enfoque más pragmático y transaccional. Donde antes predominó la ruptura con Washington, ahora hay conversaciones directas con autoridades estadounidenses. Donde prevalecía el control económico rígido, ahora hay fusiones ministeriales, promoción de inversiones y anuncios de exportación de gas licuado.
En materia de derechos humanos, organizaciones y actores políticos como María Corina Machado han presionado por la liberación de los presos políticos.
Aún quedan tras las rejas más de 700 detenidos por razones políticas, según seguimientos de la ONG Foro Penal Venezolano, pese a la excarcelación de 350 detenidos hasta este 4 de enero. No obstante, se observa una reducción de operativos represivos masivos inmediatos.
El contexto viene marcado por la crisis poselectoral de 2024. Entonces, a raíz de comicios cuestionados, se registraron al menos 25 muertes y más de 2500 detenciones, incluidos adolescentes, en protestas reprimidas por fuerzas de seguridad. Desde la captura de Maduro, han reaparecido manifestaciones opositoras y también marchas chavistas.
El 23 de enero pasado hubo protestas estudiantiles en Caracas sin detenciones masivas, con presencia policial sin despliegue agresivo. El martes, 3 de febrero, el movimiento estudiantil volvió a marchar, sin que se registraran detenciones, persecuciones y con un limitado operativo policial, alrededor de la Universidad Central de Venezuela, sede de la convocatoria.

Jerarquización militar y reestructuración de la FANB
La mayor reorganización estructural ocurrió entre el 6 y el 21 de enero, con al menos 28 movimientos en el Alto Mando Militar Ampliado, formalizados por resoluciones firmadas por Padrino López, quien se mantiene como eje de continuidad.
Los cambios abarcaron REDI y ZODI —regiones y zonas estratégicas de defensa territorial—, bases aéreas, comandos de la Guardia Nacional Bolivariana, brigadas y academias militares.
Rodríguez designó nuevos jefes en REDI Los Andes y REDI Oriental, además de comandantes en ZODI Táchira, Trujillo, Barina y Falcón. También en Monagas, Miranda, Yaracuy, Aragua y Delta Amacuro. En instalaciones aéreas estratégicas se nombró a nuevos responsables en La Carlota y la Base Aérea El Libertador.
Gustavo González López asumió —entre el 6 y 10 de enero— la Guardia de Honor Presidencial y la DGCIM, concentrando seguridad e inteligencia. El cambio de mando fue llamativo no solo por ser el primero en oficializarse, sino porque fue González López quien recibió en Caracas a John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia de EE. UU. (CIA, por sus siglas en inglés), quien también se reunió con Rodríguez.
“La lealtad de los mandos es el eje de nuestra estabilidad institucional”,
declaró el general González López al asumir sus nuevos cargos.
¿La transición a la transición?
El primer mes de Delcy Rodríguez al frente de la presidencia encargada revela un chavismo en transición, que combina continuidad y pragmatismo táctico, coincidieron expertos. La reorganización política, militar y diplomática —desde los nombramientos clave hasta la reapertura de canales con EE. UU.— muestra un intento deliberado de consolidar lealtades internas mientras se proyecta estabilidad externa.
El vacío en la convocatoria electoral y la falta de un vicepresidente ejecutivo subrayan las tensiones jurídicas y la concentración familiar del poder. En paralelo, los movimientos diplomáticos buscan dar señales de normalidad ante la comunidad internacional.

Para especialistas, la gestión de Rodríguez se perfila como una administración de transición con doble mirada: afianzar el control institucional y enviar mensajes de estabilidad en un escenario de incertidumbre política y económica.
Con esto, se plantea un dilema central para el futuro del país: equilibrio entre continuidad del chavismo y apertura a negociación y legitimidad internacional.
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