Tras más de seis meses de detención arbitraria, Albany Colmenares y otros tres opositores recibieron su excarcelación en Carabobo. Su salida de la cárcel, celebrada con emoción por familiares y simpatizantes, es parte de un lento goteo de excarcelaciones de presos políticos que continúan en todo el país.
Valencia. Norys no tenía ni 10 minutos de haberle entregado la paquetería de comida, una bolsa con insumos básicos permitidos en centros de detención, a su hija Albany Colmenares cuando recibió la llamada que desde hace seis meses y 14 días había esperado con ansias.
“Venga a buscar a su hija llegó la boleta de excarcelación”, le dijeron del otro lado de la línea telefónica sobre la expedición a favor de su hija del documento judicial que ordena la liberación de una persona detenida y que debe ser emitido por un tribunal competente para hacerse efectiva.
La llamada —breve, directa, sin rodeos— interrumpió la rutina de una visita más a un centro de reclusión policial, y marcó un punto de quiebre en una espera prolongada, confesó la madre a Crónica Uno a las afueras de la sede policial.
Giró en el distribuidor Las Chimeneas, nudo vial del área metropolitana de Valencia, intercambiador que conecta varias de las principales vías de la ciudad, para regresar a la comandancia de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Los Guayos, municipio del estado Carabobo, en el límite con Valencia.
El trayecto de vuelta fue el mismo de siempre, pero ya no tuvo el mismo peso emocional. El corazón se le desbocó de la emoción. Apretó el volante con fuerza y las lágrimas brotaron.
La vida volvía a cambiarle. No era solo un traslado: era el anuncio de una liberación tras más de medio año de detención arbitraria.

Presos por “incomodar”
La historia de Albany —dirigente política regional— se inserta en una jornada de excarcelaciones parciales, es decir, liberaciones individuales y no un proceso masivo, y procesos aún abiertos ante tribunales penales.
Albany es un ejemplo de lo que implica ser considerada presa política. Ostentar el cargo de coordinadora política de Vente Venezuela en Carabobo, partido opositor fundado por María Corina Machado, fue, en la práctica, como firmar su sentencia de prisión.
No estuvo en la primera oleada de detenciones poselectorales, sino que su arresto ocurrió de forma sorpresiva el 25 de julio de 2025. Ese día también fue detenido su compañero de tolda, Nikoll Arteaga, quien coordina políticamente al partido en el municipio San Diego, jurisdicción del área metropolitana, una de las dos zonas no dominadas por el chavismo.
Ambos casos —según denuncias de la propia Machado— están asociados a organización partidista local y activismo territorial y comunitario.
Alzar la voz, colaborar en la formación y ejecución de Los Comanditos, estructuras de organización política y movilización de base vecinal y electoral, fueron, de acuerdo con sus familiares, acciones que incomodaron al gobierno y que pesaron al momento de detenerlos.
En cuestión de 20 minutos, la entrada de la PNB estaba abarrotada de personas. Familiares, amigos y simpatizantes llegaron de forma progresiva. Eran muchas más de las que, de forma habitual, realizan vigilias en el lugar.
Integrantes de su familia y allegos ya habían denunciado en otras oportunidades a Crónica Uno que no comprendían por qué en Carabobo los procesos de excarcelación avanzaban con tanta lentitud en comparación con otras entidades.
Para mediados de enero, de los 17 detenidos en la PNB, solo uno había recibido la excarcelación, alertaron entonces familiares y defensores. Ese antecedente alimentaba el escepticismo de los parientes.
La hora de la libertad
Este 8 de febrero, así como Norys recibió la llamada, también la recibieron los familiares de Nikoll Arteaga, Alana Rodríguez y Ángel Luna, este último presidente del Concejo Municipal de San Diego. Los avisos ocurrieron casi en paralelo desde dependencias policiales y judiciales.
Sin embargo, las excarcelaciones no han sido totales. El número de presos políticos ha descendido a cuentagotas, de forma gradual y no masiva, como han expuesto organizaciones de derechos humanos.
Hasta la fecha, la cifra se ubica por debajo de 650 en todo el país, según conteos de organizaciones de defensa legal que documentan casos de detención por motivos políticos, como Foro Penal venezolano y Justicia, Encuentro y Perdón.

Casi al final de la intensa jornada, el capítulo Carabobo del Foro Penal publicó en sus redes sociales un total de 35 excarcelados durante domingo pasado. Aunque la cifra volvió a bajar a 34 en la madrugada, luego de que se reportara la detención de Juan Pablo Guanipa, menos de 12 horas después de su excarcelación.
Durante la semana también fue excarcelado un hombre del Centro de Formación Hombre Nuevo, recinto penitenciario de régimen cerrado, en Tocuyito, municipio Libertador. Los reportes suelen difundirse primero por redes socialesante la falta de boletines oficiales inmediatos.
A la 1:41 p. m. de ese caluroso domingo carabobeño, los familiares —de pie bajo un árbol— divisaron a lo lejos a varios policías y a dos personas saliendo de la PNB: una vestía de rosado (Albany) y otro, muy delgado, de amarillo (Nikoll).
La identificación fue inmediata por la ropa y la contextura tras meses sin verlos fuera de custodia. El llanto se volvió colectivo. Pasaron por un punto de control de seguridad interna y luego Norys recibió a su hija con los brazos abiertos.

Aquel no fue un simple abrazo, sino uno compartido con la multitud. Decenas de personas los rodearon, creando un cerco de consignas y aplausos.
Abajo cadenas, al unísono
A las afueras del complejo policial, sede de detención preventiva donde, se supone, los detenidos permanecen antes de juicio o traslado, unas 50 personas coreaban eufóricas el himno nacional, bajo la mirada vigilante de los funcionarios que intentaban contener sin intervenir, manteniendo control de orden público sin dispersar la concentración.

Algunos familiares preguntaban si también saldrían Alana y Ángel, y otra pariente respondió de inmediato con seguridad. “Ellos tambien tienen su boleta”.

Mientras tanto, Nikoll y Albany se alejaban de la comandancia cuando, a mitad del trayecto, la multitud corrió con banderas en mano y el himno nacional sonó a todo pulmon, entonado colectivamente, junto a los gritos de libertad, como forma de celebración pública.
Albany ondeó una bandera con el nombre de Venezuela estampado en el cuartel rojo, para volver a alzar la voz.
“Libertad para todos, que no quede ni uno”. La consigna apuntó a quienes siguen detenidos en distintos centros del país.
Esa es la exigencia que repite desde hace tiempo y que ni los seis meses de prisión borraron de su memoria.


Albany no salió con semblante derrotado, por el contrario mostró la frente en alto, sonrisa amplia y energía intacta. Su expresión corporal reforzó el mensaje de resiliencia y desafío.
Con aplomo dijo a Crónica Uno que lo primero que haría tras salir de detención sería rezar, ir a la iglesia y agradecer a Dios por volver a pisar la calle, además de pedir por todos los presos políticos, en especial por quienes siguen en la PNB de Los Guayos y que, a su juicio, debieron salir junto a ella. Su declaración combinó fe religiosa y reclamo público en un mismo mensaje.
Así se refirió a Charlie Bolaños, Guaiquer González y otros que aún esperan su boleta de excarcelación, y cuyos familiares no entienden tanto ensañamiento y maldad.
No obstante, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció el viernes pasado, en una inusual visita al centro detención ubicado en Boleíta, que para este martes, 10 de e enero, podrían concretarse nuevas liberaciones. “El martes estarán todos sueltos”, adelantó a los familiares de los presos políticos que desde hace un mes acampan afuera del reclusorio, a modo de protesta.
Ahora queda esperar, admitieron resignados los reción excarcelados. El proceso depende de decisiones institucionales y de la emisión de órdenes tribunalicias.
La Venezuela del reencuentro
Albany fue directa al describir el proceso vivido como muy duro. Antes de continuar, preguntó por su madre, Norys, y al tomarle la mano lo repitió: fue un proceso duro, amigos, muy duro. No solo para nosotros, sino para familiares y amigos. Todo esto lo expresó aún rodeada de simpatizantes y medios de comunicación.
Entre vítores y pancartas, carteles de apoyo con consignas y mensajes personalizados, recalcó que su deseo es “todos los presos políticos fuera de las cárceles”. Señaló que, para ella, este momento es “el inicio de una nueva Venezuela”, con el reencuentro cada vez más cerca.
A pesar de las dificultades vividas y de la sombra de la tortura sobre cada preso político, denuncias frecuentes de familiares, ONG y organismo internacionesl, disipó la oscuridad con una frase: “El miedo se acabó”.
La frase la pronunció consciente de que miles de venezolanos aún alzan la voz. Por eso, para ella, el mero hecho de estar rodeada de desconocidos que la apoyan ya es prueba de un respaldo transversal.

“Cuando el miedo se acaba y empezamos a levantar la cara con orgullo de ser venezolano pasan cosas buenas. Vamos a trabajar durísimo por el país”.
Para Albany este momento es un punto de inflexión político y emocional. Mientras estas palabras se escuchaban, en la entrada de la PNB Los Guayos los familiares lloraban ante la salida de Alana Rodríguez, esperada por su hija y su hermana Hanoi.
Ángel Luna, visiblemente conmovido, lloraba sobre el hombro de sus parientes más cercanos. Las escenas se repitieron con cada liberación en cadena.


A las 2:11 p. m., estos cuatro presos políticos partían hacia sus destinos junto a sus familias, dejando atrás el uniforme de presidiario usado dentro del recinto. La salida fue escalonada y rápida para evitar aglomeraciones mayores.
“Las aguerridas”
Albany, por su parte, estableció una conexión directa con la líder opositora, María Corina Machado, referente central de Vente Venezuela, mediante videollamada. El contacto ocurrió minutos después de su salida del comando policial.
“Estamos tan orgullosas de ti“, dijo Machado junto a otras mujeres del partido, conocidas como “Las aguerridas”, grupo interno de apoyo político y movilización femenina. Se le vio exultante: poco a poco su equipo recupera la libertad, mientras otros salen de la clandestinidad.

Con humor, Machado le comentó que había salido “bella”. Portaba una franela blanca y solo el pantalón que usó durante los meses de encierro sin cambio de vestimenta disponible.
En el intercambio con Machado, Albany le respondió que estuvo “detenida, pero destruida jamás”, lo que provocó otro estallido de risas: sus primeras risas en libertad tras meses de reclusión.
La escena —breve, espontánea y transmitida por una pantalla— condensó lo que no muestran los expedientes judiciales: el costo emocional de la prisión y el peso simbólico de cada liberación.
Afuera continuaron los abrazos, los reencuentros y los cantos; adentro, todavía, decenas de nombres pendientes. Cada excarcelación abre una puerta individual, pero también deja abierta la pregunta colectiva sobre cuántos faltan y cuánto tiempo más deberá esperar el resto.
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