En la morgue improvisada en Los Silos se apilan los cuerpos de los fallecidos, unos en bolsas y otros tapados con lona, según los familiares. El proceso de reseña y entrega es burocrático, a una semana del doblete sísmico.

Caracas. Podría reconocer e identificar a todos los cadáveres”, dice Esther Caribe, quien perdió a cuatro integrantes de su familia, entre ellos tres adolescentes.

La frase la suelta desde la impotencia porque, a siete días de los dos terremotos, y a pesar de que logró sacar de los escombros a su hermana y a tres sobrinos, no ha podido enterrar a dos de ellos porque sus cuerpos se perdieron.

Contó que ha ido a la morgue de Bello Monte en Caracas y, todos los días, a la medicatura forense que habilitaron en los espacios del bolipuerto, en lo que alguna vez fueron los emblemáticos Silos, al frente de la Casa Guipuzcoana de La Guaira, y no aparecen.

“Todos los días voy y recorro la fila de cadáveres, los veo y por eso digo que podría identificarlos a todos, pero mi hermana Liset Torres y uno de sus hijos no aparecen. Nosotros, con nuestras manos, los sacamos debajo de las piedras mientras explotaban las bombonas de gas. Pedimos apoyo a unos guardias y nos ayudaron a bajar a dos, pero no a los otros. Nos dijeron que nos encargáramos nosotros y, cuando regresamos, los dos primeros ya no estaban. Ahora no aparecen por ningún lado, me estoy resignando”.

Esther y varios de sus familiares, agotados, fueron en horas de la mañana del martes, 30 de junio, a Los Silos. En la tarde a los restos de los edificios OP 26 y 27, en la entrada de Los Cocos, en Caraballeda, y de ahí de nuevo salieron en moto a recorrer otros lugares para dar con el paradero de los cuerpos.

Este martes se hicieron unas franelas con las caras de Liset, de Isaías e Isaac, gemelos de 13 años de edad, y de Milagros, de 17 años, quien además era una adolescente con discapacidad motora y estaba en silla de ruedas.

Desorganización y desesperanza

En Los Silos se instaló una morgue provisional para recopilar e identificar a los fallecidos durante los terremotos del 24 de junio.

No obstante, los familiares de las víctimas denuncian una desorganización, principalmente con el registro y el papeleo. Este 30 de junio, pasadas las 8:00 a. m., fue que llegó el equipo del Consejo Nacional Electoral (CNE) y del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) que certifica las defunciones.

“Traje a mis familiares, a Santiago Mercado (14) y a Olga Arfle, a las 2:00 a. m. y casi son las 11:00 a. m. y me dicen que no hay quien firme las actas. Ya tengo listo el trámite con la funeraria y nada que me dan respuesta. Es pura burocracia. Tengo cinco días sin dormir, no me he cambiado la ropa. Esto no me parece justo. No merecemos estar así, además de la tragedia, esto. Cómo van a trabajar como si fuera una oficina; esta es una emergencia”.

Foto: Mabel Sarmiento

Los cuerpos recuperados de los escombros llegan a cuentagotas y son apilados a un costado del bolipuerto. En la mañana, desde la acera y a través de las rejas, se veía el movimiento: hombres vestidos de verde que bajaban de camiones bolsas de cal, otros apilaban urnas, otros sacaban y metían cadáveres a las cavas.

En la tarde ya habían puesto lona negra en las rejas de entrada y de la acera para tapar la visibilidad al área.

En la entrada los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc); del Saime, de la alcaldía, del Ministerio de Interior y Justicia, y de la Medicatura Forense reciben de 10 en 10 a los familiares. Pasan primero por el reconocimiento de fotos y luego, si no consiguen en ese sistema a las personas, son escoltados por un efectivo hasta la fila de cadáveres.

“Es mentira que están organizados. Es un desastre, les ponen un código que no coincide con los cuerpos y eso retrasa mucho. Yo misma vi eso. No todos están metidos en bolsas. Los que reconocen y van de salida sí, pero hay otros que están tapados con lonas y otros están inflados llevando sol. Por eso les ponen cal”, .

dijo una mujer que esperaba por la entrega de un fallecido. “No me tomes foto porque soy funcionaria”, añadió.
Foto: Mabel Sarmiento

Tenía un video en el que, efectivamente, se veían cadáveres descubiertos. “Para mí hay más de mil”, añadió.

Otro funcionario, quien buscaba a familiares para que se formaran para el ingreso, comentó que desde que él llegó (luego de recuperar los cuerpos de 12 de sus familiares) ha entregado 300 fallecidos. Aclaró que no cobran por el trámite y que el registro se hace de acuerdo al protocolo de la medicatura.

“Si está aquí se le pone su código, se entrega a sus familiares y si necesita traslado se lo damos. No todo lo que andan diciendo por ahí en las redes es cierto”.

Foto: Mabel Sarmiento

En estos espacios, la dignidad humana se reduce a un número pintado a toda prisa con un marcador verde o azul. Algunos yacen dentro de bolsas plásticas; otros, apenas cubiertos por lonas o sábanas desgastadas.

Sobre varios de ellos ya se ha esparcido una capa blanca de cal, un intento desesperado por frenar el avanzado estado de descomposición. “El proceso es demasiado lento”, insiste en denunciar la gente. La espera aquí es otra forma de tortura.

El drama de los familiares, hoy exhaustos, es que no han podido iniciar el duelo. Para muchos, sus seres queridos siguen atrapados bajo toneladas de concreto. Mientras tanto, el personal de la morgue improvisada se limita a repetir mecánicamente que ellos están cumpliendo con el procedimiento de entrega.

“Esto va a llevar meses”, reflexionaba el pariente de Yoliet, y lo dice porque la gente sigue excavando con las uñas.