Antes de la captura de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez ejercía en paralelo cinco cargos estratégicos del Estado venezolano, aunque solo cuatro formales incluidos en Gaceta Oficial. Su llegada a la presidencia encargada ha activado solo dos designaciones parciales y deja al menos cuatro puestos clave aún sin titular.

Caracas. Hasta el 3 de enero pasado Delcy Rodríguez no solo era la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, sino la funcionaria con mayor concentración de poder real en el Estado. En paralelo ejercía cinco cargos estratégicos, cuatro formales y uno informal, que abarcaban la coordinación política, la economía, el petróleo, la política monetaria y la seguridad interna.

La captura de Nicolás Maduro forzó una transición que hoy deja en evidencia el alcance de esa acumulación y la urgencia de redistribuirla.

Rodríguez, nacida en Caracas en 1969, proviene de una familia emblemática de la izquierda venezolana. Su padre, Jorge Antonio Rodríguez, líder guerrillero, fue asesinado en 1976, y su hermano Jorge es hoy una de las figuras más influyentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Foto: Delcy Rodríguez, en Telegram

Se hizo conocida como militante chavista tras el golpe de Estado de abril de 2002, cuando regresó desde el Reino Unido para sumarse a la defensa del proyecto bolivariano. Ese retorno marcó el inicio de una carrera política signada por la lealtad ideológica y la disposición a asumir múltiples funciones.

Su juramentación como presidenta encargada, el 5 de enero pasado, abrió un proceso de revisión del mapa de poder dentro de la estructura chavista, en el que apenas se han cubierto dos flancos de forma parcial y persisten vacantes decisivas para la gobernabilidad.

Foto: Prensa presidencial

Cinco cargos concentrados en una sola figura

Justo antes de la captura de Maduro, Rodríguez ejercía simultáneamente los siguientes cinco cargos:

  • Vicepresidenta Ejecutiva de la República (desde 2018), como coordinadora general del gabinete.
  • Supervisión directa del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), una atribución clave en seguridad interna.
  • “Rectora de la economía”, un cargo informal acuñado por el propio Maduro, que le aseguraba el control de la política fiscal, comercio y negociaciones internacionales.
  • Representante del Ejecutivo ante el Banco Central de Venezuela (BCV), con injerencia directa sobre política monetaria y reservas.
  • Ministra de Petróleo, al frente de Petróleos de Venezuela S. A. (Pdvsa), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y las licencias petroleras bajo sanciones.
  • Esta superposición convirtió a Rodríguez en el nodo central del poder chavista. Un exalto funcionario del Ejecutivo lo resumió así para Crónica Uno, bajo condición de anonimato: “La economía, el petróleo y la seguridad pasaban por el mismo despacho”.
Foto: Prensa Delcy Rodríguez

Del golpe de 2002 al primer anillo del poder

Su entrada al Estado se produjo en mayo de 2002, tras el golpe fallido contra Hugo Chávez. Comenzó como asistente política del canciller Roy Chaderton, durante el día, y como asistente nocturna en el Ministerio de Comunicación, en Miraflores, combinando diplomacia y propaganda estatal para contrarrestar la narrativa opositora posgolpe.

Entre 2003 y 2006 ascendió con rapidez: coordinadora general de la Vicepresidencia, directora de Asuntos Internacionales en Energía y Minas, viceministra de Exteriores para Europa y, finalmente, ministra del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, cargo equivalente a jefe de gabinete. Su salida abrupta en agosto de 2006, tras un choque personal con Chávez durante una gira en Moscú, la relegó a un “exilio interno” hasta 2013.

Prensa: Delcy Rodríguez

Ese período de marginación se cerró con la llegada de Nicolás Maduro, quien la reincorporó como ministra de Comunicación en agosto de 2013 y la proyectó luego como canciller, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y vicepresidenta ejecutiva.

Su retorno explica la acumulación posterior de poder. Desde asistencias informales posgolpe, pasando por cargos diplomáticos y de coordinación presidencial, hasta la acumulación simultánea de vicepresidencia, economía, banco central y petróleo bajo Maduro, su trayectoria refleja la lógica de concentración funcional del chavismo.

Ese historial, marcado por un breve apartamiento entre 2007 y 2013 y una expansión sostenida del poder desde 2018, ayuda a entender por qué su ascenso a la presidencia encargada deja hoy múltiples vacantes críticas.

Prensa: Delcy Rodríguez

Vacantes cubiertas

Desde su juramentación como presidenta encargada, Rodríguez ha comenzado a desprenderse de parte de ese entramado, aunque de forma limitada. Hasta este jueves, 8 de enero, solo dos áreas han recibido designaciones concretas, ninguna de ellas equivalente pleno a los cargos que ella ejercía.

En el ámbito económico, Calixto Ortega Sánchez fue nombrado vicepresidente del Área Económica, con lo que absorbió parte de las funciones de finanzas y comercio. Desde Miraflores se insiste en que “no se trata de un giro, sino de mantener la estabilidad”.

En seguridad, el general Gustavo González López asumió la Guardia de Honor Presidencial y la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim), reforzando el control militar, aunque sin cubrir la jefatura civil del Sebin.

Foto: Prensa presidencial

Cuatro vacantes críticas aún sin resolver

La salida de Rodríguez de sus cargos paralelos deja al menos cuatro vacantes estratégicas abiertas:

  • Vicepresidencia Ejecutiva, aún sin titular.
  • Ministerio de Petróleo, clave para Pdvsa y la OPEP.
  • Representación o presidencia efectiva del BCV, esencial para la política monetaria.
  • Jefatura del Sebin, pendiente de un relevo formal.

El regreso de Rodríguez con Maduro, primero como ministra de Comunicación, luego como canciller, presidenta de la ANC y finalmente vicepresidenta ejecutiva, consolidó su perfil como “heredera” del poder madurista.

La revisión cronológica de sus cargos deja claro que la transición actual no es solo un cambio de nombres. Es el intento de redistribuir un poder que, durante años, estuvo concentrado en una sola figura. De ese reequilibrio dependerá buena parte de la estabilidad del chavismo en la era post Maduro.

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