Junto a Valencia, otras ciudades de Carabobo enfrentan inundaciones cada vez más frecuentes y severas. Expertos consultados por Crónica Uno señalan que esto se debe a una combinación de lluvias más intensas, urbanización acelerada sin planificación que impermeabiliza el suelo y falta de mantenimiento de los sistemas de drenaje, tanto naturales como artificiales.
Valencia. Hace 16 años, Edgar Pérez, entonces un adolescente de 14 años, vivió una experiencia que quedaría grabada para siempre en su memoria. Unas lluvias torrenciales inundaron su colegio, situado a pocos metros de la avenida Bolívar, en Valencia, estado Carabobo. Nunca antes había presenciado algo semejante.
El agua, que alcanzó hasta30 centímetros de altura dentro de las aulas, arrastraba pupitres, sillas y anegaba todos los libros a su paso. Esa fue la primera vez que Edgar vio como su ciudad podía verse afectada por las lluvias.
Hoy, con la misma mirada atenta, observa con preocupación cómo esos episodios se han vuelto cada vez más frecuentes y destructivos, lo que coincide con un patrón de lluvias más intensas y prolongadas registrado en varias zonas urbanas del país, fenómeno que expertos relacionan con cambios climáticos y urbanización acelerada.
Consultado por Crónica Uno, el ingeniero civil Humberto Fuchs no se sorprende de esta percepción. “Las redes nos hacen más conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor”.
Por redes se refiere a la difusión de información inmediata a través de internet y redes sociales, que permite que los ciudadanos conozcan rápidamente los efectos de fenómenos naturales incluso en sitios remotos.
Los principales medios de Carabobo han documentado la recurrencia de estos fenómenos en municipios como Guacara, Valencia, Puerto Cabello y Naguanagua.

Cuando la ciudad se rinde ante la lluvia
El 7 de septiembre pasado, Guacara sufrió inundaciones que afectaron a 95 familias, según el alcalde del municipio, Johan Castañeda. Al menos siete sectores resultaron impactados.
En medio de la crisis, la Alcaldía informó que, por órdenes del gobernador Rafael Lacava, se desplegaron funcionarios policiales para monitorear quebradas y caños. Estas son los canales naturales o artificiales que transportan el agua de lluvia hacia ríos o el mar, y su vigilancia busca evitar desbordamientos. Sin embargo, estas acciones llegaron tarde: el daño ya se había producido.
Algo similar ocurrió el 23 de julio en el mismo municipio, cuando cayeron al menos 100 milímetros (mm) de agua, según Jacobo Vidarte, comisionado de la alcaldía de San Diego para análisis de riesgos y rescatista. Para referencia, 100 mm equivalen a 10 centímetros de agua, cantidad suficiente para inundar calles y viviendas si los drenajes no funcionan correctamente.
El 13 de marzo, los municipios costeros Puerto Cabello y Juan José Mora, así como Miranda en los Valles Altos, también sufrieron afectaciones. El sistema eléctrico, ya comprometido, sufrió más daños —esto incluye postes y transformadores que pueden dejar sin electricidad a barrios enteros—, aunque ninguna autoridad reportó viviendas afectadas.
Tres días después, se registraron inundaciones en comunidades de la parroquia Goaigoaza. Casi al cumplirse dos meses, ocurrió lo mismo en el casco histórico de Puerto Cabello.
La fuerza del agua fue tal que el ferry San Francisco de Asís, fondeado en el muelle cinco de Bolipuertos, soltó los cabos que lo mantenían anclado y terminó en el muelle de la Capitanía de Puerto, en El Malecón.

Ríos urbanos que no descansan
Todos estos eventos no se deben a un solo factor, explica Fuchs, quien señala diversas aristas. Todas las medidas parten de la planificación del sistema de red fluvial, diseñado para captar el agua hasta una intensidad determinada y con una frecuencia calculada, considerando el uso del suelo y las necesidades de la ciudad.
Para Fuchs, la tierra es fundamental, pues es la vía por la cual el agua se absorbe, lo que se conoce como escorrentía superficial.
Este concepto hace referencia al agua que no penetra en el suelo y corre sobre la superficie, lo que aumenta el riesgo de inundaciones en zonas urbanizadas. Cuanto más urbanizada está una ciudad, menor es la capacidad del subsuelo de retener agua.
“Cuando no hay una buena planificación esa agua superficial crece y más cuando hay pendientes como pasa con Valencia”,
explica el ingeniero.
Valencia comparte similitudes con ciudades andinas, donde se sufren deslaves, pero en la capital carabobeña el eje hidráulico es el Cabriales —un río urbano que concentra gran parte del agua de la ciudad—, y su correcto manejo es clave para evitar inundaciones, puntualiza el experto.
La pendiente que arrastra problemas
A ambos lados del río se ubican urbanizaciones en pendiente: El Trigal por un lado y, por el otro, Prebo, El Parral y La Viña. “Esas dos vertientes convergen hacia las quebradas”.
Las quebradas de Valencia cumplen un papel estratégico. Fuchs enfatiza la importancia del mantenimiento y la adecuación del sistema de drenajes, y lamenta que el crecimiento urbano supere la capacidad de adaptación de dicho sistema.
“Se ha sobrepasado su capacidad sumado a la falta de mantenimiento. Eso pasa en las avenidas, lo vemos en la Bolívar, en los sectores desde Rojas Queipo hasta El Viñedo. Ahí hay mucha inundación superficial. En esa área alguna de las quebradas que deberían transportar el agua de zonas altas están obstruidas porque la gente lanza objetos grandes como colchones y lavadoras o construcciones que cambian el curso y hacen que se rebose el agua”.
A principios de los 2000, las inundaciones eran tan graves que zonas como El Recreo se anegaban.
Todas estas áreas están demasiado cerca del Cabriales, lo que evidencia la falta de políticas públicas sostenibles para la limpieza y mantenimiento de caños, quebradas y ríos —una responsabilidad del gobierno local y regional para garantizar la seguridad de la población.
Se buscan políticas públicas
Fuchs señala un aumento evidente de la lluvia, tanto en frecuencia como en duración, que sumado a la falta de acciones preventivas y mejoras ha generado la situación actual.
“En los últimos 10 años no se han hecho políticas públicas, quizás algunas poblaciones han tratado de hacer mantenimiento de quebradas para mitigar las inundaciones, pero en términos generales, no”. Además critica la poca o nula capacitación del personal encargado de dichas labores. “No hay ingenieros en los cargos adecuados para evitar estos episodios”.
El 19 de marzo, la entonces alcaldesa encargada de Valencia, Dina Castillo, acudió a Trapichito, en el sur de Valencia, para supervisar los daños ocasionados por la crecida del caño de La Yuca.
Aunque los daños no fueron mayores gracias a una limpieza previa, la visita evidenció el colapso del sistema de desagüe y la urgencia de intervenciones de mayor alcance —obra que requiere planificación, recursos y conocimiento técnico especializado.
Líderes comunitarios plantean modificar el embaulado, lo que requiere una obra de ingeniería significativa y, por tanto, recursos.

Concreto que respira
Fuchs propone el concreto poroso permeable, presentado como tutor de una tesis. No es una tecnología nueva: tiene unos 20 años de uso y se ha implementado con éxito en países como Colombia.
“Podría cambiar la realidad de Valencia”,
adelanta.
Este concreto se produce sin agregado fino, es decir, sin arena, e incorpora cemento y un aditivo especial, que logra una resistencia moderada, de entre 150 y 180 kilos por centímetro cuadrado, explica Fuchs.
La resistencia moderada significa que el material puede soportar peso de peatones y vehículos ligeros, pero no tráfico pesado como camiones de carga.
El material es apto para estacionamientos, veredas, caminerías, parques, circulación de bicicletas y vehículos livianos.
Si se aplicara, la permeabilidad aumentaría significativamente, lo que beneficiaría a la ciudad al recargar las venas de agua subterránea. Las venas de agua subterránea son acuíferos y su recarga es vital para mantener la disponibilidad de agua potable y la salud del suelo urbano.
Expertos como Esmeralda Mujica han señalado, desde hace años, que la perforación constante de pozos profundos afecta árboles, suelos y la red de agua subterránea.
El cambio sería costoso, pero podría transformar la forma en que Valencia enfrenta las lluvias, al reducir el impacto de futuras inundaciones y revitalizar áreas con poca vegetación y exceso de concreto —un paso hacia la sostenibilidad urbana. La decisión, como tantas veces, queda en manos de la voluntad política.
Lea también:
Ondas tropicales amenazan con agravar la emergencia en Barinas tras lluvias históricas

