La crisis del transporte en la carretera Petare–Santa Lucía fuerza a los residentes a gastar hasta $2 diarios en “rapiditos” informales, lo que afecta su presupuesto. Mientras la unidades de la Línea Miranda son desviados a servicios privados, los vecinos de Mariche usan alternativas con tarifas que triplican el pasaje oficial.

Caracas. En la parada de la carretera Petare–Santa Lucía —vía que conecta sectores del municipio Sucre— una escena se repite cada día: mucha gente en espera y pocos autobuses. Para Alexandra*, secretaria y vecina de la zona, ir y volver del trabajo dejó de ser un trámite cotidiano y pasó a ser un gasto difícil de sostener.

En los últimos años, el traslado por esta ruta, cuando fallan las unidades regulares y debe usar transporte informal, consume buena parte de sus ingresos mensuales.

Cada mañana, al salir de su casa, observa la parada de la Línea Miranda —operadora de transporte público que cubre varios tramos suburbanos del municipio— colmada de usuarios y sin unidades, un panorama que se traduce en esperas de más de una hora debido a la falta de autobuses.

La urgencia por llegar a tiempo al trabajo o regresar al hogar la empuja a tomar rutas alternas: los conocidos “rapiditos”, vehículos informales o semiformales que prestan servicio en la zona, que cobran tarifas fuera de la regulación ministerial. Ese desvío forzado —de la línea oficial al transporte informal— marca el recorrido cotidiano de muchos usuarios de la vía.

”Debo destinar $2 diarios, lo que se convierte en unos $12 semanales solo en transporte privado. No todo el mundo gana lo suficiente para pagar $2 diarios. Uno trabaja prácticamente para costear el pasaje”, aseguró a Crónica Uno la vecina, con 10 años residenciada en la parroquia, ubicada en el extremo este de Caracas.

La crisis del transporte en la carretera Petare–Santa Lucía no responde solo a la escasez de unidades, sino también a su gestión. E decir, cómo, cuándo y para quién operan los vehículos disponibles.

Desvío sin control

Los usuarios denuncian que, mientras las colas en las paradas de Mariche y Caucagüita —sectores densamente poblados del municipio Sucre— parecen interminables, los autobuses que deberían cubrir la ruta son desviados hacia otros servicios. La queja coincide con lo que relatan distintos pasajeros, en diferentes puntos del trayecto: la espera se prolonga mientras las unidades no aparecen.

Según Alexandra, en las horas pico, cuando se registra mayor demanda del servicio, muchas unidades de la Línea Miranda son asignadas a traslados para empresas privadas. Mientras, los habitantes permanecen varados durante más de dos horas.

“Sinceramente es una falta de respeto para uno”, reclamó. La situación, añadió, ocurre en los mismos tramos y en los mismos horarios cada día.

Al tratarse de una línea regulada por el Ministerio de Transporte, los vecinos sostienen que debería existir mayor supervisión. Si el servicio operara con la frecuencia y el número de unidades requeridas, el gasto diario se reduciría a una tarifa mínima de Bs. 60 y una máxima de Bs. 80, por viaje, de acuerdo con el ajuste más reciente publicado en la Gaceta Oficial número 43.284, del 19 de diciembre de 2025.

Esa tarifa oficial —fijada para transporte regulado— contrasta con los $2 diarios que reportan pagar varios usuarios cuando no logran abordar transporte formal.

La alternativa 

Para los habitantes de Caucagüita y Mariche, una opción, aunque todavía insuficiente, ha sido la línea que cubre la ruta Petare–Santa Lucía–Santa Teresa. Esta ruta conecta con poblaciones vecinas fuera del núcleo inmediato de Petare.

Mariana*, usuaria frecuente, admitió que recurre a este servicio porque allí solo gasta Bs. 110 diarios y puede ahorrar algo de dinero. Su testimonio introduce el otro lado de la ruta —cuando sí pasa una unidad formal—: el costo cambia de inmediato.

”Prestan un buen servicio. Lo único es que, al tener una ruta tan larga hasta Santa Teresa, las camionetas se tardan bastante y debemos esperar hasta una hora para lograr agarrar una en el camino”, detalló.

A diferencia de los “rapiditos”, esta línea aplica una tarifa fraccionada —monto que varía según la distancia recorrida— que va desde Bs. 110 por 10 kilómetros recorridos hasta un dólar por más de 30 kilómetros, lo que resulta “razonable” para los vecinos. El esquema por distancia, propio de rutas suburbanas, es citado por los usuarios como referencia frente a los cobros fijos del transporte informal.

Desde la perspectiva de los operadores, el problema no es solo de flota disponible, sino de distribución de la demanda a lo largo del día.

Oferta insuficiente

Wilber, presidente de la línea Petare–Santa Lucía, explicó a Crónica Uno que cuentan con una flota de alrededor de 40 unidades —la mayoría con capacidad para 50 pasajeros— que operan bajo la jurisdicción de las alcaldías de Sucre y Paz Castillo, junto con el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT).

Indicó que, pese al tamaño de la flota, no hay suficiente demanda para todas las unidades. Por eso, muchas permanecen estacionadas en las paradas cada día. Agregó que han propuesto a consejos comunales y rutas vecinales habilitar autobuses exclusivos para Mariche durante toda la jornada, pero la decisión aún no se concreta.

La propuesta, detalló, busca redistribuir unidades hacia los tramos donde los usuarios reportan mayores tiempos de espera.

”Nosotros podríamos poner las unidades a trabajar todo el día para Mariche, que vayan y regresen, para ayudar a paliar la situación. Porque sabemos que muchos usuarios no agarran esta ruta porque el trayecto que nosotros realizamos es muy largo y el retorno se hace lento para el usuario que espera en la vía de Mariche. Por eso queremos habilitar unas unidades para esa zona específicamente y así reducir las horas de esperas”,

expuso.

El representante gremial también denunció la falta de control sobre los vehículos informales que operan en la zona de Mariche.

“Es ilógico que los rapiditos cobren hasta $2 y la alcaldía los autorice o no los regule. Nuestras unidades son Encavas autorizadas que cumplen normas, con un pasaje de Bs. 110 fijado por la Alcaldía de Sucre”.

La diferencia de tarifas y condiciones, formal frente a informal, divide hoy la experiencia de viaje en la misma carretera.

Los “rapiditos” en mal estado

Cuando no pasa la línea formal —y la espera supera una hora, de acuerdo con relatos de usuarios—, la única alternativa suele ser el transporte informal, aun en malas condiciones. Carlos, obrero quien vive desde hace 15 años en Filas de Mariche y trabaja en el centro de Caracas, vivió recientemente una experiencia que califica de “humillante”.

El miércoles, 21 de enero, tras esperar más de una hora por un autobús de la Línea Miranda que no pasó, se vio obligado a subir a uno de los “rapiditos”, en condiciones precarias.

”Esas unidades por dentro parecen un rancho. Tenían goteras por todos lados. Cuando el carro rodaba, el agua que salpicaba del caucho se metía por el piso. El asiento estaba oxidado y el tubo de apoyo partido”, contó Carlos con indignación.

Al intentar reclamar por el estado del vehículo, asegura que el colector respondió que la responsabilidad era de los propios usuarios. Para Carlos, tanto choferes como colectores actúan con irresponsabilidad, fijan los cobros a discreción y ni siquiera mantienen las unidades en condiciones adecuadas.

Insistió en que viajar así es denigrante. Los pasajeros van apretados, respiran gasolina de forma constante, por fallas mecánicas, y temen que el vehículo se quede sin frenos en la bajada de Mariche, un tramo con una pendiente pronunciada.

En Caucagüita y Filas de Mariche, Alexandra, Carlos y otros residentes comparten una certeza: los anuncios no resuelven la crisis del transporte. Su día se mide en esperas agotadoras y en recortes al presupuesto familiar para poder movilizarse. El ritual se repite cada mañana y tarde: calcular costos, contar minutos y preguntarse si, esta vez, llegará el vehículo que necesitan.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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