El antropólogo concibe la política universitaria como un medio para llevar a la Universidad Central de Venezuela a la modernidad. Su propuesta se centra en actualizar los pensum y las formas en que se administra y fomenta la participación dentro del campus.
Caracas. El camino a la elección de rector y demás autoridades de la Universidad Central de Venezuela (UCV) de este 9 de junio parece despejado, luego del simulacro que realizó la Comisión Electoral (CE) el pasado lunes, 5 de junio, en el Auditorio Naranja de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces).
Sin embargo, las dudas sobre el proceso, sustentadas en las fallas que llevaron a la anulación de los comicios del 26 de mayo, persisten entre algunos de los candidatos. La falta de una explicación que justifique las irregularidades de las suspendidas elecciones es una preocupación para Víctor Rago, candidato a rector por la fórmula Consenso Académico.
En entrevista con Crónica.Uno en la recepción del edificio sede de Faces, Rago dio sus impresiones del avance de los procedimientos técnicos y la logística, en vísperas de la primera vuelta electoral en la que se escogerán 293 cargos del gobierno y cogobierno universitario en una elección inédita en 15 años.

Un académico por el cambio
De caminar pausado y verbo directo, el antropólogo solo es impreciso con el tiempo que lleva de egresado de la UCV, institución en la que ha ejercido la docencia desde hace “largas décadas”. Su doctorado en Lingüística en la Universidad de París, también conocida como La Sorbona, queda más que demostrado en su uso del lenguaje.
Para el ganador del Premio “Francisco de Venanzi” 2015, la UCV lo es todo, desde sus años como estudiante recuerda su participación en el debate universitario. De ahí el origen de su carácter crítico, mismo que no ha abandonado ni en su puesto de investigador de temas de lengua y cultura de la región venezolana de los llanos. Se asume más como académico que como político y ve esto como una virtud que denota un cambio de era, de resultar electo.
¿Cómo ha visto el nuevo proceso tras la suspensión de las elecciones del 26 de mayo?
— No estamos enteramente satisfechos con la explicación que se ha dado de las causas por las cuales fracasó la elección del 26 de mayo. Eso no ha sido suficientemente esclarecido. El caso es que el Consejo Universitario acordó convocar la primera vuelta para el 9 de junio y entendemos que al menos algunas de las deficiencias que produjeron el fiasco del 26 de mayo han sido corregidas.
¿Qué lo motivó a postularse como candidato a rector después de tantos años dedicado estrictamente a lo académico?
— Me conduce a postularme mi convicción de que los ucevistas debemos hacer lo que podamos para preservar la institución, para procurar que la universidad supere las graves deficiencias que la afligen en este momento. Me ha ayudado a tomar esa decisión la convicción de algunos amigos y de algunos sectores profesorales y estudiantiles de la universidad que han visto en mí la posibilidad de construir un nuevo tipo de liderazgo académico, para coadyuvar a la promoción, a la recuperación de la universidad.

La universidad del futuro
¿Cuál es la evaluación que ha hecho su equipo de los problemas de la universidad y a cuáles les daría atención prioritaria en su eventual gestión como rector?
— Habría que comenzar afirmando la necesidad de que la próxima gestión rectoral sea una gestión animada por una fuerte convicción de cambio, una gestión transformadora. Porque la universidad a lo largo de los últimos años, en su pasado reciente, ha mostrado signos de declinación, de debilitamiento. Uno de esos, por ejemplo, es la pérdida de la vocación deliberativa. El debate ha desaparecido prácticamente de la vida universitaria y eso es una mala señal para la convivencia creativa en una institución académica.
Hay otras deficiencias institucionales que tienen carácter más bien estructural. Por ejemplo, nosotros pensamos que hay que esforzarse por promover cambios en la propia forma de organización de la universidad, en la estructura de la institución la vieja estructura heredada de la universidad colonial de facultades y escuelas, departamentos y cátedra. Todo eso se ha ido convirtiendo, al paso del tiempo, en un dispositivo pesado, un dispositivo inflexible poco propicio para responder con la solvencia y con la agilidad necesaria a los cambios que el mundo contemporáneo le plantea a la universidad. De modo que uno de los grandes ejes de la transformación universitaria.

En función de esa modernización que usted dice que necesitan los pensum y la manera en que la que la universidad se administra, en general, y académicamente, ¿cuál es su plan para concretar una actualización de esta magnitud?
— Para eso hace falta concebir el liderazgo universitario de una forma nueva. Nosotros lo concebimos como un liderazgo fundamentalmente intelectual. La universidad es una institución académica y los que tengan la responsabilidad de conducirla deben ser líderes académicos reconocidos por sus pares. La responsabilidad de dirigir la institución no es una responsabilidad primariamente política, sino académica. Contrariamente a la creencia generalizada, el cargo de rector es más un cargo académico que un cargo político. Hemos tenido rectores que se han asumido a sí mismos como líderes políticos y eso no se ha traducido visiblemente en beneficio para la universidad.
De modo que hay que recuperar la condición académica del liderazgo universitario y luego hay que ejercer ese liderazgo de una forma nueva. Es decir, a la comunidad universitaria habrá que invitarla a que participe. Los problemas de la universidad requieren de la participación de todos los integrantes de la comunidad universitaria, especialmente de la comunidad académica. Pero en términos generales todos los miembros de la comunidad académica deben participar en ese proceso. Para eso es que hay que convocar a la gente, hay que recomponer, removilizar la energía intelectual y la energía física de la comunidad universitaria.
En cuanto a las condiciones laborales y la calidad académica, ¿tiene alguna estrategia para atender las demandas sobre los bajos sueldos y atenuar la deserción estudiantil?
— Hay que procurar que la capacidad de generación de ingresos propios a la universidad tenga algún efecto en la remuneración de los profesores. Pero ya se sabe que la universidad no puede renunciar al presupuesto de origen fiscal. Al gobierno no podemos eximirlo de la responsabilidad que tiene el otorgamiento de recursos a la universidad. La educación universitaria y el funcionamiento de una institución de educación superior es costoso. Eso requiere un financiamiento en volúmenes importantes y por eso el presupuesto de origen fiscal es importante. Al gobierno le vamos a proponer un nuevo diálogo. Vamos a tratar de convencerlo de que la universidad no es fundamentalmente un actor político, sino un actor académico. Es un dispositivo de creación de conocimientos y puede tener una oferta de servicios y de bienes interesantes para los sectores productivos públicos y privados.
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