Caraqueños calman la sed y se bañan en ríos y manantiales

Los chorritos de La Mariposa son el aliviadero ante la sequía que lleva más de ocho días. La gente no espera las cisternas porque no las pueden pagar. Caracas. La vías hacia La Mariposa y hacia la Cortada El Guayabo, parroquia Coche, se convirtieron en el aliviadero de la sed de los habitantes de las …   leer mas

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Los chorritos de La Mariposa son el aliviadero ante la sequía que lleva más de ocho días. La gente no espera las cisternas porque no las pueden pagar.

Caracas. La vías hacia La Mariposa y hacia la Cortada El Guayabo, parroquia Coche, se convirtieron en el aliviadero de la sed de los habitantes de las zonas populares de Caracas e incluso de los Valles del Tuy.

Los manantiales y los ríos que nacen por esa vertiente, desde hace 20 días, son conocidos por tutilimundi. La gente llega hasta con los tanques montados en camionetas pick-up. De los restaurantes van a llenar pipotes de agua para asegurar la operatividad de los locales. El suministro por estos lados es gratis, mientras que el cobro de una cisterna llega a los 100.000 bolívares, y el de una jarra de cinco litros pasa de los 10.000. Por eso la gente prefiere abastecerse por esta zona. Se bañan con todo y zapatos en los ríos, luego de pasar hasta un semana sin asearse.

En los manantiales, por ejemplo, el que custodia Elibeth Abache —archivista de Pdvsa y quien tiene su casa en una ladera de la montaña— no se cobra por el servicio de llenado. Ella tiene el chorrito con una tubería improvisada y preparó su logística para bajar los tobos. Y para que no se arme un despelote, su familia la ayuda a llenarlos y los van subiendo poco a poco por el barranco. «Aquí estamos ayudando a la gente en estos momentos de crisis. No podemos tener este chorrito aquí y no ser solidarios. Hay personas pasando mucho trabajo». Lo que sí recibe Elibeth es algo de comida. «Si la gente me da un paquete de arroz, pasta, granos, es una ayuda para mí», dijo.

Dos familias estaban surtiéndose en el momento en el que ella explicaba la rutina. No tardaron más de media hora. «Esto ha sido todo el día, comenzamos antes de las 5:00 a.m.», dijo Abache. En eso se detiene un camión 350, repleto de pipotes y con personas guindadas en la baranda. Todas eran del sector El Fátima, de El Estanque.

Génesis Jaimes, una de las que se bajó de la plataforma, comentó que ya no aguantaba, que con niños en la casa era muy delicado: «Ya sabes, uno se lava allá abajo y las axilas, pero ¿la comida y los baños? Esto es un desespero. Traje tres botellones y me alcanzarán para hoy«. La acompañan varios vecinos en las mismas circunstancias: desesperados por la falta de agua. Tanto, que hicieron ese recorrido para buscarla, sin saber de su calidad y procedencia.

Armenio Graterón es el dueño del camión. Él, como cosas de Dios —según dijo— decidió tender una mano a varias comunidades, y tras el apagón puso el carro a la orden. Al día hace hasta tres viajes de distintas zonas de El Estanque hasta La Mariposa para que la gente busque agua. «Por esto no pido nada, solo vi el trabajo que están pasando y no me quedé de brazos cruzados». Historias van y vienen por este camino. Niños caminando con sus botellones por el borde de la carretera, hombres con carretillas cargando bidones.

«Aquí estamos todos, pasando esta calamidad. No es cuestión de si estás o no en un partido, la situación es que no tienes agua ni para bañarte», refirió Graterón mientras hacía esperar a la muchedumbre que viajó en el camión. Además de los manantiales en la ruta está la estación de bombeo de Hidrocapital, donde ayudan a los vecinos con el agua que baja por gravedad desde el tanque.

Soldados, Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Policía Nacional Bolivariana (PNB) custodian las instalaciones y permiten que las personas pasen de 20 en 20. Desde la entrada de la estación, donde incluso hay una planta potabilizadora, se ven los rostros de felicidad de las personas que logran incluso bañarse. Los soldados les dicen que lo hagan en dos minutos, pero hombres, mujeres y niños se extienden y no quieren salir. Se les ve disfrutando como quien no ha visto el agua en años. Amagan y regresan, no les importa si la ropa se pone transparente, en el caso de las mujeres, solo gozan del baño fugaz. Se lavan el cabello, una y otra vez. Los que están en la cola observan con paciencia, sin peleas porque saben que el turno llega y con bastante agua.

Leslie Santaella programó varias visitas a Hidrocapital. No llegó más temprano porque no tenía con quién dejar a las hijas de 2 y 3 años, pero cuando lo logró, no agarró ni el reloj para estar pendiente de la hora, salió con dos pimpinas y otros dos niños. Caminó desde Ciudad Tiuna, entre seis y ocho cuadras, y llegó al mediodía. «Cargo agua, dejo a uno de los niños en la cola, llevo los pipotes, subo 11 pisos, descargo y regreso. Tengo que hacerlo así para poder cocinar».

No estaba resignada, más bien obligada por las circunstancias. Ya es la segunda vez que hace ese procedimiento. «Es una tragedia».

Lo mismo Mercedes Rodríguez, habitante de las veredas de Coche. Ella llena los tobos y regresa a la cola. En eso estaba desde las 6:00 a. m. Su rostro, además de angustia, mostraba signos de cansancio. También de molestia, porque las respuestas gubernamentales no llegan al pueblo, dijo. «Padrino López llegó anoche, luego de la protesta, con una cisterna y con la misma se la llevaron custodiada. Dijeron que traerían otra y la enviaron como a las 3:00 a. m. Con qué ganas y fuerzas uno sale a esa hora», se quejó.

En este punto de abastecimiento desde las 6:00 a. m. abren las puertas al público, hasta que quede gente en la cola. Luego sacan una manguera por la cerca para los que van de madrugada.

Foto: Mabel Sarmiento

Y en el río San Pedro no solo se bañan, sino que además lavan la ropa. Mientras los niños se dan un chapuzón, los hombres suben los potes y las mujeres restriegan la ropa. «Desde hace un mes para acá esto ha sido así. Viene la gente movida por la escasez, y con los apagones, mucho más«.

Más de 100 personas desfilan por este tramo del río, según José Jarajara, quien tiene el altar del Indio Tacupey en un costado del río, y organizó el lado para recoger y el punto para bañarse.

A todo lo largo de La Mariposa hasta la entrada de San Diego el punto de coincidencia es el agua. No hay quien no esté buscando, llenando y descargando.

En la entrada de Turmerito es donde más se concentra la gente, pero ahí los costos por ese servicio secan cualquier bolsillo. Por eso la gente busca camino hacia la carretera.

En este momento priva la emergencia por la escasez de agua potable. Sin embargo esta zona, de mucha vegetación, está afectada por la deforestación, hay mucha santería en el río, las quebradas las usan como botadero de escombros y proliferan las invasiones.

Fotos y videos Mabel Sarmiento Garmendia

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