Proyecto Danta se propone expandir las estaciones de monitoreo dentro del parque para descifrar la vida secreta del tapir amazónico. Foto cortesía: Proyecto Danta

La danta sobrevive con incertidumbre en el Waraira Repano mientras científicos amplían su monitoreo para conocer su estado real. El Proyecto Danta se propone expandir las estaciones dentro del parque para descifrar la vida secreta del tapir amazónico, especie amenazada por la deforestación y pérdida de su hábitat.

Caracas. El Proyecto Danta avanza en la expansión de su monitoreo en el Parque Nacional Waraira Repano, la principal reserva natural de la ciudad, en medio de crecientes preocupaciones científicas sobre la supervivencia de esta especie en un ecosistema cada vez más presionado por la actividad humana.

Un grupo de investigadores emprende una caminata de dos días en busca de este enigmático mamífero que habita en las profundidades de la montaña. La travesía exige sortear desniveles pronunciados, árboles caídos y lluvias torrenciales que convierten el suelo en un lodazal resbaladizo.

Equipados con bolsos de hasta 20 kilos, cámaras trampa y dispositivos de rastreo, los científicos avanzan con cautela, conscientes de que cada hora perdida puede significar un encuentro fallido.

El esfuerzo rinde frutos: tras horas de intensa pesquisa, la revisión de una cámara trampa revela, poco a poco, los misterios de la danta venezolana. En las imágenes se observa a un ejemplar adulto moviéndose con sigilo entre la densa vegetación, oliendo el suelo y deteniéndose a beber agua en un charco natural.

Se trata de un mamífero acorralado por la deforestación y la pérdida de su hábitat, cuyo avistamiento se ha vuelto cada vez más raro incluso dentro de áreas protegidas.

Revisión de cámara trampa | Foto: cortesía – Proyecto Danta

A pesar de la cercanía con la ciudad, poco se sabe sobre el tapir amazónico (Tapirus terrestris), mejor conocido como danta. Aunque suele habitar en los llanos orientales y en estados como Bolívar, Amazonas, Táchira y Zulia, en el occidente del país, este mamífero rara vez se deja ver en las entrañas del Waraira Repano.

Por eso, las dudas sobre la viabilidad de su población en este pulmón vegetal de la capital —un área protegida que regula el clima y la calidad del aire, además de albergar cientos de especies endémicas— son enormes.

El peligro de la endogamia

Hasta la fecha, los expertos carecen de datos precisos sobre la densidad de su población en el parque y su estatus actual figura como “vulnerable” en el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, una publicación que clasifica el riesgo de extinción de las especies en el país.

La mayor preocupación de los científicos apunta a un peligro invisible: la endogamia, como se denomina a la reproducción entre individuos emparentados genéticamente. El aislamiento de estos animales en áreas fragmentadas de la montaña podría forzar este tipo de cruces.

Esta situación comprometería la salud genética de la especie y su subsistencia a largo plazo. De no atenderse, este fenómeno podría reducir la viabilidad de la población en el parque en los próximos años.

El tapir amazónico es un mamífero terrestre corpulento que puede pesar hasta 200 kilos. Foto cortesía: Proyecto Danta

Por esta razón, el Proyecto Danta, iniciado en 2019, se propone expandir las estaciones de monitoreo hacia otras zonas del parque para descifrar cómo se desplazan, cómo se distribuyen y cuál es el verdadero estado de salud de la población de la especie en el Waraira Repano.

Esta ampliación busca generar información clave para la toma de decisiones en materia de conservación, es decir, acciones concretas para proteger a la especie y su entorno.

El tapir amazónico es un mamífero terrestre corpulento que puede pesar hasta 200 kilos, lo que lo convierte en el más grande de Venezuela. Pese a su imponente aspecto, está considerado una especie vulnerable y amenazada por la cacería y la pérdida de hábitat, que conlleva la destrucción o degradación de los espacios naturales donde vive.

Giomar Córdova, investigador del Proyecto Danta, explicó que este mamífero juega un papel clave como dispersor de semillas, lo que implica que ayuda a regenerar los bosques al transportar semillas a nuevas áreas, en selvas y bosques, incluido el Parque Nacional Waraira Repano, donde el equipo avistó a estos animales por primera vez en 2019.

No obstante, a mediados de 2020 el equipo formalizó el rastreo a través de huellas y letrinas, zonas donde los animales depositan sus excrementos de forma recurrente. Así nació esta iniciativa de estudio y conservación.

Rastreo y fototrampeo

Córdova señaló que, para monitorear las actividades de la danta, los científicos utilizan cámaras trampa como técnica no invasiva, lo que significa que no altera el comportamiento natural del animal. De esta forma, hacen seguimiento a los hábitos de la especie y su comportamiento. Hasta la actualidad, el área de estudio sigue siendo limitada, lo que refuerza la necesidad de expansión.

“En la actualidad, el área de investigación abarca un espacio de apenas nueve kilómetros cuadrados. A futuro nos planteamos la instalación de nuevas estaciones de monitoreo en otras zonas del parque”, detalló Cordova

Con esta expansión, el proyecto podría seguir con mayor precisión el desplazamiento y la distribución de la especie. Una de las metas de los investigadores es descartar posibles cuadros de endogamia por aislamiento, determinar el estado de salud de la población y trazar planes de conservación junto a las comunidades y el Estado, en otras palabras, diseñar estrategias coordinadas entre científicos, ciudadanos e instituciones públicas.

Investigadores sostienen que la conservación de la fauna silvestre en la montaña es una responsabilidad compartida. Foto cortesía: Proyecto Danta

Además del trabajo de campo, el equipo imparte charlas de educación ambiental en escuelas, universidades y comunidades de Guarenas, Guatire y Caracas para explicar el rol vital de la danta en la reforestación natural.

Proyecto Danta se acerca a las comunidades a través de charlas educativas. Foto Cortesía: Proyecto Danta

A este mamífero se le conoce como la “arquitecta del bosque” porque consume grandes cantidades de vegetación y frutas. Al defecar en sus letrinas, dispersa semillas de árboles a kilómetros de distancia.

Esto la convierte en un agente natural contra el calentamiento global, fenómeno asociado al aumento de la temperatura del planeta por acumulación de gases de efecto invernadero, ya que ayuda a regenerar los árboles que capturan más dióxido de carbono, uno de los principales gases responsables del cambio climático.

Amenazas en la montaña

Aunque la cacería deportiva y de subsistencia ha acechado históricamente a este mamífero, Córdova indicó que la presión humana disminuyó en el área de estudio por su ubicación remota. Pero el peligro persiste.

En la actualidad, la principal amenaza contra la danta radica en la pérdida de su hábitat a causa de la deforestación y los recurrentes incendios forestales, eventos que destruyen grandes extensiones de vegetación en poco tiempo. Estos factores intensifican el riesgo para una población ya fragmentada, dividida en grupos pequeños y aislados.

En abril de 2024, un monitoreo reportó al menos 15 incendios simultáneos en el Waraira RepanoFoto: @mercadeojoal

En abril de 2024, la alcaldía de Caracas reportó al menos 15 incendios simultáneos en distintas vertientes del Waraira Repano.

De acuerdo con especialistas y reportes de Parks Watch, la mayoría de los incendios en el Ávila son causados por la actividad humana, acciones directas o indirectas de las personas.

Esto incluye quemas de basura, chispas por tendidos eléctricos sin mantenimiento, piromanía y el avance de conucos o invasiones de terrenos en las faldas de la montaña.

Al defecar en sus letrinas, la danta dispersa semillas de árboles a kilómetros de distancia. Foto cortesía Proyecto Danta.

Sumado a estas amenazas, se añaden los desafíos logísticos que implica hacer ciencia en el pulmón vegetal de Caracas. El equipo camina dos días enteros para aproximarse a la zona de estudio. En esa ruta se enfrentan a los obstáculos propios del terreno, que además deterioran con rapidez los equipos personales y técnicos, como botas, morrales y dispositivos de monitoreo.

“El desafío más grande que enfrentamos en este momento es obtener los recursos económicos para poder cubrir toda la logística de cada expedición a la zona de estudio”, explicó Córdova.

Tras planificar las salidas con meses de antelación, los investigadores dedican una jornada completa a la revisión de las estaciones de fototrampeo y luego descienden en un solo día todo lo que les tomó dos días subir. Para levantar estos datos y operar en la montaña, el proyecto cuenta con los permisos formales que exigen Inparques y el Ministerio de Ecosocialismo (Minec).

Especie paraguas

La conservación de la fauna silvestre en la montaña es una responsabilidad compartida. El equipo de Proyecto Danta recuerda que lo primordial es el cumplimiento de lo establecido en el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso (PORU), conjunto de normas que regula las actividades dentro del parque, para acatar las normativas del parque.

También exhortan a los visitantes a minimizar el impacto en el ambiente y no dejar rastros ni desechos en la montaña.

La danta funciona como una «especie paraguas», concepto de conservación que implica que al proteger a una especie se resguarda a muchas otras que comparten su hábitat. Esto significa que las acciones para su preservación protegen, de forma indirecta, a todo el ecosistema que la rodea.

Esto abarca a más de 20 especies de fauna asociada, entre mamíferos y aves, que comparten el territorio con este gran mamífero.

La expansión del monitoreo y la generación de datos serán determinantes para establecer medidas de conservación más efectivas en el corto y mediano plazo.

Aunque el proyecto enfoca sus esfuerzos exclusivamente en la danta, sus coordinadores mantienen las puertas abiertas para aquellos investigadores que deseen sumarse al estudio o apoyar los proyectos científicos locales y denunciar cualquier irregularidad que observen en los senderos.

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