La zona rural de Guatacaral, una población de tradición agrícola, se quedó sin agua con la rehabilitación del sistema Manzanares en el estado Sucre. Productores temen perder cosechas ante la falta de cronograma oficial. Organizaciones y vecinos improvisan abastecimiento mientras la crisis se extiende por varios municipios.
Cumaná. Desde el 25 de febrero pasado, la crisis del agua en Sucre transformó la vida de los vecinos. Guatacaral, zona rural de la parroquia San Juan, se volvió un punto neurálgico de abastecimiento, donde la población, entre camionetas y caminatas, encontran formas de llevar agua a los hogares afectados mientras la emergencia se propaga por la región.
A diario, residentes del lugar se las ingenian para cargar agua en el transporte público. En ese punto, Guatacaral pasó de ser una comunidad más a convertirse en un eje improvisado de abastecimiento para sectores cercanos.
Sin embargo, luego de la activación del sistema Manzanares el 12 de marzo pasado, un sistema de distribución de agua que conecta fuentes hídricas con zonas urbanas, los vecinos de la comunidad también se quedaron sin agua. El cambio marcó un punto de quiebre, debido a que la zona dejó de ser apoyo para otros y pasó a engrosar la lista de sectores perjudicados por la misma emergencia.
Omaira Cárdenas tiene 65 años y vive con sus tres nietos en Guatacaral, porque sus hijos, al igual que muchos vecinos de la zona, migraron a otro país en búsqueda de calidad de vida.
“Yo no puedo estar en este trajinar todos los días para cargar agua, porque me tumban los dolores de espalda”, dijo a Crónica Uno.
Producción en riesgo
Guatacaral es la puerta de entrada a los poblados y caseríos de la parroquia San Juan, una zona rural y de producción agrícola por excelencia.
Pero al igual que los productores del campo en los municipios Bolívar y Cruz Salmerón Acosta, otras divisiones político-territoriales del estado, temen perder sus cosechas de maíz, plátano, berenjena y tubérculos por falta de riego, el suministro de agua necesario para el crecimiento de los cultivos.
Esto introduce un segundo nivel de la crisis, en el que no solo está comprometido el consumo humano, sino también la sostenibilidad de la producción agrícola local.
Lamentan que las autoridades no tomen sus denuncias como una prioridad en medio de la sequía. La falta de respuesta institucional se convierte así en un elemento que intensifica la incertidumbre entre los habitantes.
“La tierra está seca y cómo vamos a sembrar así, lo poco que tenemos se va a perder si no nos ayudan con el agua”,
alertó el productor José Fuentes.
El panorama es aún peor para más de 300 familias del sector Cancanure II, quienes denunciaron que las maniobras para rehabilitar el tramo de la tubería del circuito Cumaná-Manzanares, no solo dejaron sin agua potable a la comunidad, sino que desviaron el cauce del río que la abastecía.

Ecocidio
La maniobra alteró el curso natural del agua. En este caso, la intervención para atender la emergencia generó nuevas afectaciones y amplió el impacto de la crisis en otras comunidades.
Vecinos como Juan Hernández denunciaron lo que consideran un ecocidio y pidieron a las autoridades un cronograma de suministro de agua, tal como lo anunció Jhoanna Carrillo, gobernadora de la entidad, cuando se activó el circuito como alternativa a la obstrucción del túnel del Turimiquire, que dejó sin agua a los municipios Sucre, Bolívar y Cruz Salmerón Acosta desde el 25 de febrero pasado.
La situación no es distinta para los habitantes de Chirigua, en la carretera Cumaná–Cumanacoa, una vía que conecta la capital del estado con zonas del interior, ya que las maniobras gubernamentales para rehabilitar la estación Manzanares los dejaron sin servicio de agua por tubería.
Así, la crisis se desplaza geográficamente y evidencia un patrón que se repite en distintas localidades.
“Gracias a Dios tenemos el río cerca. Pero durante los trabajos de limpieza en la zona donde está la tubería, provocaron un incendio que nos dejó sin luz y sin comunicación. La luz volvió pero todavía no tenemos internet”, detalló Ximena González, vecina de la localidad.
Las familias se turnan para dormir
Mientras en la península de Araya, una franja costera del estado Sucre, los vecinos de Manicuare y zonas adyacentes siguen cavando pocitas, pequeñas excavaciones artesanales en la tierra para encontrar agua subterránea, para obtener agua, los cumaneses salen de sus casas con botellones para recargar a diario o cargar de cualquier fuente que encuentren en la calle.
El problema, lejos de ser local, se manifiesta en distintos puntos del estado con estrategias de supervivencia similares. El suministro de agua para las comunidades a través de camiones cisterna no es regular ni suficiente. Esta irregularidad obliga a las familias a reorganizar sus rutinas diarias en función de la disponibilidad del recurso.
Valeria Yáñez es docente en el centro histórico y debe asistir al plantel tres veces a la semana. Paralelamente, se organizó para cumplir horarios de sueño junto a su familia.
“Me acuesto a la medianoche, mi esposo cumple guardia hasta las 4:00 a.m. y despierta a mi hijo para estar pendientes del momento en que salga el agua por la tubería, porque en el sector Cancamure no sabemos a qué hora, ni qué día llegará el agua”,
explicó la docente.

Sociedad civil activa
Luego de conocer la magnitud de las obstrucciones del túnel del Turimiquire, las representaciones de los colegios de Médicos, Bioanalistas, Nutricionistas, Farmacéuticos y Odontólogos emitieron un pronunciamiento público para expresar preocupación por el derecho a la salud y la vida de la población.
Con estos pronunciamientos se hizo evidente una dimensión sanitaria a la crisis, al advertir sobre posibles consecuencias en la salud pública.
“Expresamos preocupación por los efectos que esta crisis pueda tener en la población especialmente por la aparición de dolor abdominal, nauseas y diarreas por falta de un sistema de potabilización adecuado”.
Los gremios exigieron transparencia y comunicación oficial efectiva ante una problemática que no solo afecta la salud pública, sino que vulnera los derechos y la dignidad humana.
De esta manera, el problema trasciende lo operativo y se posiciona también en el ámbito de los derechos fundamentales.
Solidaridad humana
Organizaciones como Cáritas Cumaná, una institución de la Iglesia católica dedicada a la ayuda humanitaria, entregaron pastillas potabilizadoras en comunidades y zonas comerciales. Estas tabletas permiten desinfectar el agua para hacerla apta para el consumo.
Dichas acciones de asistencia han surgido como respuesta inmediata ante la insuficiencia del suministro formal. En este contexto, la labor de estas organizaciones no solo mitiga una necesidad urgente, sino que también evidencia las profundas carencias estructurales en el acceso al agua potable, como advirtieron vecinos.
La Cruz Roja también dispuso una zona de llenado de agua potable para la población que habita en el centro histórico de la capital sucrense y la Organización de Naciones Unidas (ONU) donó mil tabletas de medición de pH y cloro, herramientas para evaluar la calidad del agua, así como dos equipos de monitoreo de la calidad de agua a la Gobernación del estado Sucre.
Aunque estas iniciativas buscan mitigar la emergencia, no sustituyen una solución estructural al problema del suministro.
Así, mientras las comunidades se adaptan con estrategias propias y apoyo puntual de organizaciones, la crisis del agua en Sucre se mantiene sin una respuesta definitiva, por lo que miles de familias se mantienen en una espera constante e incierta por el acceso regular a un servicio indispensable.
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