Se ha dicho que 95 % de los pacientes con síntomas leves sobreviven al coronavirus y que no hay tratamiento verificado, inocuo y efectivo para minimizar sus efectos. Así que los antigripales, las infusiones, la buena alimentación, las vitaminas y el ejercicio físico, pueden hacer que un paciente con un cuadro sin complicaciones mejore en un corto lapso y venza la enfermedad.

Caracas. Mientras la comunidad científica mundial lleva una carrera para estudiar y controlar la COVID-19 con tratamientos, diagnósticos, comportamiento del virus, vacunas, en Venezuela, quienes dirigen el tema de salud participan en una carrera más populista e improvisada, a juicio de algunos especialistas. Y lo hacen planteando todo un arsenal natural: desde la moringa, pasando por las ramas de malojillo y, ahora, las «gotas milagrosas de José Gregorio Hernández», para atacar al virus.

Se ha dicho que 95 % de los pacientes con síntomas leves sobreviven al coronavirus y que no hay tratamientos verificado, inocuo y efectivo para minimizar sus efectos. Así que los antigripales, las infusiones, la buena alimentación, las vitaminas y el ejercicio físico, pueden hacer que un paciente con un cuadro sin complicaciones mejore en un corto lapso y venza la enfermedad.

Todo lo contrario cuando el cuadro clínico de la persona empeora y necesita reclusión hospitalaria. En este caso, los médicos echan mano del protocolo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para atender al enfermo, basado inicialmente en esteroides, antiinflamatorios y antibióticos. Pero, de nuevo, eso depende de la valoración médica, de los resultados de los exámenes clínicos y de la saturación de oxígeno en la sangre.

El caso venezolano

Antes de conocerse el primer caso de la COVID-19 en Venezuela, ya Nicolás Maduro aseguraba que el país tenía tratamientos. Se refería al Interferón cubano, del cual aún no hay documentos que avalen su uso. El producto es a base de proteínas que modulan la respuesta inmune de cada persona.

Al principio, en el esquema nacional, en la red pública, se combinaba el Interferón con el Lopinavir y Ritonavir, dos antivirales; y también con Ribavirina y Remdesivir.

En marzo pasado, el Centro Nacional de Biotécnica (Cenabi) alertó que el Interferón alfa 2B, a pesar de haber sido autorizado para el uso humano en otras patologías, no cumplía con los pasos previos que demuestren su utilidad y bajo riesgo para controlar la COVID-19, como lo establecen las normas nacionales del Reglamento de Investigación en Farmacología Clínica del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel.

En todo caso, dijo en ese momento el Cenabi, su aplicación debe considerarse como un tratamiento experimental y debe contar con el consentimiento informado por escrito del paciente o su representante legal.

Así como entró en escena el Interferón, lo hizo la cloroquina, usada para atender la malaria. En el país, para marzo, había 250.000 tabletas de este fármaco para atender a 115.000 pacientes. La cloroquina, junto con la hidroxicloroquina, fueron uno de los cuatro grupos de medicamentos que la OMS incorporó al proyecto Solidaridad, un ensayo clínico mundial para probar la inocuidad y eficacia de medicamentos conocidos.

Luego, el 4 de julio, la OMS aceptó la recomendación del grupo directivo internacional del ensayo Solidaridad de interrumpir los tratamiento de la COVID-19 con hidroxicloroquina, Lopinavir y Ritonavir.

El grupo directivo internacional formuló esta recomendación tras comparar los resultados provisionales obtenidos en el ensayo entre el esquema con hidroxicloroquina y el de la combinación Lopinavir/Ritonavir y el tratamiento de referencia, así como los datos procedentes de todos las pruebas presentadas en la Cumbre de investigación e innovación sobre la COVID-19 organizada por la OMS los días 1° y 2 de julio.

De acuerdo con estos resultados provisionales, ni la hidroxicloroquina, ni la combinación Lopinavir/Ritonavir reducen la mortalidad en los enfermos hospitalizados, o dan lugar a una disminución muy leve. Por consiguiente, los investigadores de Solidaridad interrumpieron de inmediato estos protocolos.

En paralelo, el mandatario Nicolás Maduro hacía alarde de un «arsenal terapéutico» basado en la medicina ancestral naturista y recomendaba un antibiótico natural: las ramas de malojillo.

¿Tratamiento paliativo o populismo?

El 24 de agosto aparecía en los medios nacionales esta declaración de Nicolás Maduro: “Tenemos los mejores tratamientos del mundo, los hemos traído, nos ha costado el triple por el bloqueo, las sanciones y la persecución criminal de Estados Unidos (…) si un medicamento costaba mil dólares, nos ha costado tres mil o cuatro mil dólares”.

Para septiembre llegó un cargamento con ayuda humanitaria desde Rusia y China. Del país oriental llegaron además tratamientos ancestrales, a los cuales no se hizo referencia alguna en las declaraciones de la Comisión Presidencial para tratar la COVID-19.

Pero ya el camino estaba abonado. El 30 de septiembre, cuando Maduro anunció que Wilmar Castro Soteldo, su ministro de Producción Agrícola y Tierras, se contagió, contó que estaba tomando las “gotas milagrosas” como parte de su tratamiento para superar el contagio. No dio detalles al respecto.

Tampoco lo hizo el 14 de octubre cuando se refirió de nuevo a otras posibilidades de curación con el supuesto tratamiento del gobernador Lacava: un producto creado presuntamente por científicos venezolanos, que debe tomarse según la sintomatología del paciente. Esto es: aplicar 10 gotas debajo de la lengua cada tres horas cuando presenta síntomas y cada cuatro cuando es asintomático. Y que, según dijo Maduro, ha tenido 66 % de efectividad.

A saber las “gotas milagrosas” de José Gregorio Hernández se encuentran en el nivel 3 de pruebas clínica y molecular. Es un antiviral “absolutamente natural” que está arrojando resultados “maravillosos”, dijo Maduro, que mostró un frasco de las gotas que “han salvado 100 % de los pacientes que han ingerido la sustancia”. Según reportes locales, desde hace tres meses se incluye en los tratamientos, no están certificadas, pero desde el oficialismo se anunció que comenzarán a producirlo de forma masiva.

“Las gotitas milagrosas van directo para que te las tomes con fe. El cuerpo te queda fino, te elimina la COVID-19”, dijo Maduro el 14 de octubre cuando de nuevo se refirió al cuadro clínico de Castro Soteldo, quien «se curó gracias a ese mágico remedio».

Protocolo de acción según el Gobierno para agosto de este año

Pacientes asintomáticos, sin enfermedades adicionales de riesgo:

  • El tratamiento aplicado en esta fase es la ivermectina y cloroquina. Se utiliza una o la otra, no se aplican las dos simultáneamente, ambas tienen efecto, para la reducción de la carga viral y mejorar la respuesta inmune.
  • Aspirina de 81 miligramos o 100 miligramos por su efecto anticoagulante.
  • Un gramo de vitamina C.

Pacientes con sintomatología leve:

  • El segundo kit tiene los mismos medicamentos con los que son tratados los pacientes asintomáticos, pero se incorporan antivirales, como el Lopinavir o Ritonavir, esta combinación tiene un nombre que se llama “kaletra”, usada en pacientes con VIH.
  • En este nivel de la enfermedad, también se aplica Interferón Alfa-2B para mejorar la respuesta inmune. Asimismo, se incorpora azitromicina si aparecen otros síntomas.

Pacientes sintomáticos leves (mayores de 60 años o con enfermedades adicionales de riesgo):

  • En estos pacientes se sustituye la aspirina por enoxapirina, que es otro anticoagulante con mayor potencia.

Pacientes en condiciones moderadas (presentan una insuficiencia respiratoria o infección respiratoria aguda moderada):

  • Se les suministran además los esteroides (metilprednisolona) como efecto antinflamatorio o dexometasona.

Pacientes en condiciones moderadas graves (prevalencia en terapia intensiva):

  • Se utiliza, además de la metilprednisolona o dexometasona, antibióticos para combatir posibles infecciones asociadas que pueden ocurrir cuando los pacientes están en esas condiciones.

Ahora, a esa propuesta de las gotas milagrosas se suma la ozonoterapia.

Dijo Maduro en septiembre pasado que se elevará el uso científico del ozono para la salud y en el tratamiento del virus. Para tal fin, creó el Centro Científico Nacional de Ozono. La ozonoterapia es la aplicación de ozono médico con fines terapéuticos para mejorar el funcionamiento de órganos y tejidos y tratar múltiples enfermedades. Es una terapia complementaria que Maduro promueve sin la consulta amplia al gremio médico, y se sustenta en sus propiedades antisépticas, analgésicas y antiinflamatorias.

El suero equino, por su parte, también entró a debutar en el protocolo. Gabriela Jiménez, ministra para Ciencia y Tecnología, señaló que están haciendo la prueba con el suero de plasma equino “y hasta el momento 100 % ha dado resultados de inactivación del virus. Hasta el momento se han tratado diversos caballos que fueron infectados con el virus y, posteriormente, se aisló una primera etapa del suero, que luego se remitió al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), donde se hicieron las primeras pruebas de neutralización, la etapa en que se aíslan los anticuerpos.

Habla el especialista

El doctor Jaime Torres, jefe de Infectología del Instituto de Medicina Tropical de la UCV, tiene este punto de vista sobre el uso de terapias alternativas, como las llamadas gotas milagrosas: «95 % de las personas que se infectan y tienen tiene síntomas leves con cualquier tratamiento se curaron. Lo van a lograr con cualquier cosa, por eso uno tiene que saber cuáles son los pacientes que pueden ser manejados de forma ambulatoria u hospitalaria».

Además, dijo, no existe un tratamiento preventivo. «Ninguna de las informaciones que uno lee en Internet nos va a dar eficacia. Por eso se recomienda, de forma ambulatoria, que se hidraten, que tomen algún antiinflamatorio, que hagan una actividad física para evitar la ocurrencia de trombosis; revisar el grado de saturación de la sangre. Hoy en día cualquier nivel por debajo de 94 % requeriría apoyo de terapia con oxígeno, y tratamiento con esteroides».

En cuanto a los protocolos naturales, destacó: «No sabemos cuáles son los motivos que ellos tienen, lo que sí es cierto es que hay que tener cuidado», porque de retrasarse el diagnóstico y la atención del paciente eso puede causar la muerte.

«La persona que tome cualquiera de los medicamentos alternativos, de los cuales no se ha comprobado ningún impacto, puede estar interfiriendo en el tratamiento adecuado. Por tanto, hay que clasificarlos según la severidad de los factores de riesgo y dependiendo de ese pronóstico se establece el protocolo de atención».

Sobre la cloroquina no hubo un consenso en cuanto a su uso y en el caso del Remdivisir, el especialista sostuvo que su empleo ha ido cambiando con el tiempo, incluso hay quienes lo recomiendan en pacientes que no requieren apoyo con ventilador, «y pareciera que todos los estudios sugieren que puede cortar los períodos de hospitalización y acelerar la recuperación. Pero el impacto no es 100 %».

Visto esto hay mucha tela que cortar. En casi ocho meses de pandemia es mucho lo que se ha escrito y dicho sobre el virus que paralizó al mundo. Venezuela sigue en fase exploratoria de todo método clínico y científico. Ha pasado de un protocolo a otro, lo mismo han hecho otros países, pero su ingrediente principal en la receta, a la que ahora añade las gotas milagrosas, es la opacidad en la información.


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