Desaparición de parque industrial de Carabobo es reflejo del colapso del país (I)

De las imágenes de prosperidad y pujanza de los 60 parques industriales de Carabobo ya no queda nada. Hoy solo hay largas hileras de portones cerrados, maquinarias llenas de óxido, infraestructuras abandonadas, grandes patios cubiertos por maleza y calles en muy mal estado, con grandes huecos y botes de aguas residuales. De 1687 empresas que …   leer mas

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parque industrial de Carabobo

De las imágenes de prosperidad y pujanza de los 60 parques industriales de Carabobo ya no queda nada. Hoy solo hay largas hileras de portones cerrados, maquinarias llenas de óxido, infraestructuras abandonadas, grandes patios cubiertos por maleza y calles en muy mal estado, con grandes huecos y botes de aguas residuales. De 1687 empresas que había en el estado hoy apenas funcionan unas 600 que trabajan a 30 % de su capacidad instalada.

Valencia. Con la llegada del chavismo al poder, la destrucción sistemática del aparato productivo nacional se impuso en Venezuela como política de Estado. Las decadentes condiciones en las que se encuentra el cada vez más mermado parque industrial de Carabobo, que agrupaba a más del 40 % de toda la industria venezolana, así lo evidencian.

En 1998, antes de que Hugo Chávez asumiera por primera vez la presidencia de la República, existían en la entidad al menos 1687 establecimientos de la industria manufacturera, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Hoy, luego de más de dos décadas bajo el mismo sistema político y económico, esa cifra no supera los 200 establecimientos.

De las 6000 empresas que en 2001 integraban el Parque Industrial de Carabobo, solo 600 laboran en 2020 y a 30 % de su capacidad. 5400 se paralizaron a lo largo de estos 20 años.

El presidente de la Cámara de Industriales del estado Carabobo (CIEC), Luis Alberto Hernández, informó en entrevista con El Carabobeño que actualmente a esa institución están afiliadas apenas 185 grandes industrias, entre las de manufactura y las de servicios. Aunque existe un reducido grupo que no está afiliado, si se compara el número actual de la CIEC con el reportado para 1998 por el INE, se estaría hablando de una reducción de aproximadamente 89 % en el número de establecimientos manufactureros.

Gráfico 1:

Expropiaciones, tomas ilegales, intervenciones arbitrarias, controles de precios y un férreo sistema cambiario de divisas fueron parte de las medidas ejecutadas inicialmente por Chávez y luego proseguidas por el gobernante Nicolás Maduro en contra de la industria privada. Esto sirvió como caldo de cultivo para el debilitamiento del otrora robusto sector industrial carabobeño, que llegó a generar 600.000 empleos directos.

A la inseguridad jurídica impulsada por el chavismo se le sumaron las crecientes fallas de los servicios básicos como electricidad, agua e internet; así como también la aguda escasez de gasolina, una hiperinflación sostenida por más de 36 meses, el quiebre de las industrias productoras de materia prima, el éxodo masivo de capital humano y, más recientemente, el decreto de cuarentena por la pandemia de COVID-19, que solo permite la operatividad de las empresas de alimentos y medicinas.

Foto: El Carabobeño

Desde antes de la entrada en vigencia del decreto de cuarentena por el nuevo coronavirus, en marzo de este año, las grandes industrias carabobeñas se encontraban operando solo con 20 % de su capacidad de producción instalada y, en promedio, con 30 % de su plantilla de empleados original. “Algunas ni siquiera han iniciado sus procesos de reestructuración”, detalló Hernández.

Carabobo posee 60 parques industriales que abarcan más de 8000 hectáreas, distribuidas en 10 de sus 14 municipios. Según datos del INE y la CIEC, en ellos se concentraba 90 % de la industria del caucho, 72 % de las autopartistas, 64 % de las ensambladoras, 60 % del ramo químico, 55 % de alimentos y 60 % de la agroindustria.

Gráfico 2: 

En Valencia, capital del estado, se agrupa el mayor número: 39 parques industriales, equivalentes a más de 5000 hectáreas. Su principal atractivo y dinamismo estaba centrado en la presencia de empresas automotrices de envergadura y amplias nóminas, como General Motors de Venezuela, Ford Motors de Venezuela y FCA, antigua Chrysler.

En su mejor época se podían observar interminables filas de vehículos, entre camiones de carga con mercancía o materia prima y carros particulares, que generaban un fuerte congestionamiento en las avenidas durante las horas pico. El dinamismo intenso era evidente y directamente proporcional a los niveles de producción registrados en las zonas industriales de Valencia antes del chavismo.

Pero de esas postales de prosperidad y pujanza ya no queda nada. Hoy solo hay largas hileras de portones cerrados, maquinarias llenas de óxido, infraestructuras abandonadas, grandes patios cubiertos por maleza y calles en muy mal estado, con grandes huecos y botes de aguas residuales. El deterioro y la desolación invaden cada vez más galpones ante un panorama económico que sigue sin lucir alentador para los industriales de la región.

El cierre de General Motors Venezolana hace tres años y la posterior paralización de Ford Motors de Venezuela y FCA, que según la CIEC durante el último año no han logrado ensamblar ni un solo vehículo, impactó profundamente a las zonas industriales de la capital carabobeña, cuyo motor era precisamente la industria automotriz.

Hasta le fecha, la CIEC y otras instituciones afines no han podido calcular con exactitud el daño en el sector y la contracción en cuanto a producción y generación de empleos registrados en el parque industrial carabobeño debido a la falta de cifras de apoyo que lograban obtener del INE y el Banco Central de Venezuela (BCV). El último censo económico realizado por el Estado corresponde al período 2007-2008.

Pymes no escapan del colapso

La industria funciona como un gran tejido en el que las compañías que lo conforman se interrelacionan entre sí. Por eso, cuando una de las grandes empresas del parque industrial carabobeño se paraliza o cierra, los efectos sobre las pymes son devastadores, afirmó la presidenta de Cámara de Pequeños-Medianos Industriales y Artesanos de Carabobo (Capemiac), Elizabeth Brandt.

Las ensambladoras no están operativas. Por lo tanto, muchas de las pequeñas y medianas empresas (pymes) que antes les prestaban servicios están ahora completamente paralizadas. Ese es uno de los rubros que se ha visto más golpeado, dijo Brandt en entrevista con El Carabobeño.

Capemiac cuenta con 620 afiliados, distribuidos en nueve sectores productivos, los cuales “han sufrido los problemas propios de estos últimos años” y, en consecuencia, trabajan a 20 % de su capacidad instalada. Además, la mayoría redujo sus plantillas de trabajadores ante la falta de producción: en algunos casos pasaron de 45 a solo 12.

Las pymes tampoco escapan del colapsado servicio de electricidad, que obligó al 60 % de los establecimientos a adquirir plantas eléctricas. También deben hacer frente a otros problemas relacionados con la calidad del agua, la poca disponibilidad de unidades de transporte público y la escasez de combustible.

En el último año al menos 28 pymes cerraron sus puertas. Esta cifra podría ser mayor, si se toman en cuenta a las empresas que no están afiliadas a la institución, reportó Capemiac. Para evitar otros cierres, el sector optó por conformar grupos industriales, como el clúster metalmecánico. De esta forma, mediante las nuevas alianzas, varias compañías han logrado reinventarse y sobrevivir.

Importación en detrimento de la producción nacional

La importación de productos terminados aumentó aceleradamente en detrimento de la producción nacional. Datos del BCV evidencian que el país pasó de importar el equivalente a 16.755 millones de dólares en 1998, a alcanzar su punto más alto en 2012, con 65.951 millones de dólares.

El vocero de la CIEC expuso que los productos importados no pagan aranceles ni cumplen con los permisos sanitarios correspondientes. De esta manera, resultan más baratos que muchos de los producidos en el país, generándose así una “competencia desleal” con los productores locales de las grandes industrias y las pymes.

Al respecto, Brandt criticó que se le otorguen mayores beneficios a quienes importan y no a los que se dedican a la producción nacional, con generación de puestos de trabajo dentro del país.

Gráfico 3: Balanza comercial de Venezuela

La dificultad para exportar

Las industrias manufactureras de Carabobo llegaron a generar 60 % de las exportaciones no tradicionales del país. Pero con la consolidación del denominado “Socialismo del Siglo XXI” esto también fue decayendo. Cifras de la CIEC revelan que entre 2007 y 2012, el número de empresas exportadoras en la entidad federal pasó de 212 a 35. Actualmente, las que continúan exportando no llegan a 10.

Según el BCV, el país exportó bienes equivalentes a 97.877 millones de dólares en 2012, mientras que para 2018 el saldo fue de 33.677 millones de dólares, lo que representa una contracción de 65 %.

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Venezuela siempre ha sido un país exportador de productos terminados, teniendo como base la materia prima extraída en su propio territorio, lo cual le generaba ventaja comparativa en los mercados internacionales, explicó Hernández. Las industrias básicas como Pequiven, Alcasa y Sidor eran grandes aliadas de muchas de las empresas del parque industrial carabobeño, sobre todo de las autopartistas, metalmecánicas, del sector químico y plástico.

Sin embargo, debido a la deficiente administración por parte de las autoridades gubernamentales, las industrias básicas también se minimizaron. Prueba de eso es Sidor, que desde hace aproximadamente cinco años no produce una tonelada de acero. Al no haber producción de materia prima en Venezuela, no podemos hacer productos terminados para exportar, agregó el representante de los industriales.

Para evitar paralizarse o cerrar, algunas compañías se han visto en la necesidad de importar su materia prima, aumentando así los costos de producción y, a su vez, el precio final del producto a través de un proceso que tampoco está libre de dificultades. Debido a los altos aranceles portuarios del país y la corrupción en los puertos, se han registrado casos en los que empresarios prefieren importar los materiales hasta alguna costa cercana, como la de Cartagena, Colombia, y de allí transportarlos por tierra a territorio venezolano.

Este mismo régimen arancelario y plagado de burocracia que les obstaculiza a los industriales la importación de materia prima, también les entorpece la exportación de sus productos. Las retenciones injustificadas de las mercancías en los puertos venezolanos han generado retrasos en las entregas, provocando así pérdidas de clientes y el posicionamiento de Venezuela como un exportador no confiable.

Expropiaciones, intervenciones y tomas arbitrarias

En Carabobo, varias decenas de grandes industrias han sido expropiadas, intervenidas y tomadas por el Estado de forma arbitraria. El primer caso de expropiación ocurrió en 2005, bajo el segundo mandato presidencial de Chávez. Se trató de la empresa fabricadora de papel, Venepal, que luego pasó a ser nombrada Industria Venezolana Endógena de Papel, S.A. (Invepal).

De ahí en adelante, los casos no han cesado en casi 15 años. En 2007, el Gobierno tomó el control de Ruedas de Aluminio, C.A. (Rualca); en 2008, Lácteos Los Andes, en 2009, las empresas Café Madrid y Fama de América; en 2010, Industrias Diana y Envases Internacional, esta última perteneciente a la firma Evergreen; y en 2011, Owen Illinois, que luego pasó a llamarse Venvidrio.

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En 2014, ya en el primer período presidencial de Maduro, la Corporación Clorox fue tomada por el Estado. En 2017 ocuparon la planta de General Motors Venezolana, presente en el país desde 1948, lo que ocasionó que la multinacional estadounidense cesara sus operaciones por lo que, en su momento, calificó mediante un comunicado como «un secuestro judicial ilegal de sus activos».

Entre los casos más recientes de intervenciones arbitrarias está el de Smurfit Kappa Cartón Venezuela, ocurrido en 2018 en las instalaciones de su compañía Cartones Nacionales  Molino, bajo el argumento de supuesto “desacato laboral”. La corporación Smurfit Kappa, con bases en Dublín, operaba en Venezuela desde 1986 y generaba más de 2000 puestos de trabajos directos e indirectos.

Foto: El Carabobeño

Otras empresas no menos importantes que también pasaron a manos de la administración gubernamental son: Electricidad de Valencia, plantas arroceras y de pastas Cargill, las concesionarias de Puerto Cabello, hipermercados Éxitos y Cada, Agroisleña, Demaseca, Venoco, Duncan, Fulgor, Ruedas de Aluminio (Rialca), entre otras.

En todas las antes mencionadas, los procesos productivos están en su peor momento. Algunas, incluso, están completamente paralizadas o cerradas. Entre las multinacionales que también se fueron del país está Cauchos Pirelli y Good Year.

Generación de confianza

Para Hernández, la recuperación del parque industrial carabobeño pasa por el levantamiento de todas las medidas restrictivas que afectan negativamente a las compañías, así como también por la promoción de políticas económicas y de seguridad jurídica que generen confianza al sector privado. “Necesitamos condiciones para nosotros poder seguir trabajando y aportando a nuestros trabajadores, clientes y proveedores”.

Brandt resaltó la importancia de la reinvención de las pymes en medio de las condiciones hostiles, a fin de evitar la extinción definitiva de las empresas que quedan. A su parecer, “estos momentos van a pasar, no van a ser para siempre. Lo importante es que nos mantengamos”. 

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