La película es otra adaptación de la novela de H. G. Wells. Esta versión, protagonizada por Elisabeth Moss, se adentra en la violencia de un invento que menoscaba en todos los sentidos la estabilidad de su ex pareja.

La presencia de una persona que no se puede ver es tan inquietante como atrayente para la narrativa. El escritor H. G. Wells publicó en 1897 la novela El hombre invisible, clásico de la ciencia ficción que ha servido de fuente a distintas adaptaciones tanto en cine como en televisión.

Nada más la idea de estar con alguien imposible de ver, a merced de la voluntad y el proceder de quien aparenta no estar, es un escenario suficientemente aterrador para desarrollar todo tipo de historias. Eso sí, por el tiempo que ha pasado desde la publicación del libro del escritor británico, quien ha firmado obras como La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau y La guerra de los mundos, no es sencillo generar la tensión en una historia bastante conocida y cuyos conflictos pueden ser fáciles de advertir.

Recordemos que entre las películas basadas en esta historia, cada una con sus variantes, están El hombre invisible (1933) de James Whale, protagonizada por Claude Rains y Gloria Stuart, y El hombre sin sombra (2000), dirigida por Paul Verhoeven con Kevin Bacon en el papel del científico que logra la invisibilidad. La saga animada de Hotel Transylvania también tiene entre sus personajes secundarios a un hombre invisible. 

Ahora, en 2020, Leigh Whannell trae a los cines un filme inspirado en la novela de H. G. Wells. titulado tal como la novela del británico. El director y guionista presenta una historia de suspenso protagonizada por Cecilia Kass, interpretada por Elisabeth Moss. Una mujer que escapa de una mansión parecida a una fortaleza en la que vive con su pareja. El espectador entiende las razones de la huida a medida que se lleva a cabo el angustiante plan. En esos primeros minutos, Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen) da claros indicios de una personalidad violenta que paulatinamente será más enfermiza.

Elisabeth Moss protagoniza esta versión del clásico de H. G. Wells

Cecilia logra escapar y es recibida en casa de su amigo James Lanier (Aldis Hodge), quien vive con su hija Sydney Lanier (Storm Reid). En ese hogar está segura, pero no se siente a salvo. Tiene miedo, tan solo salir al jardín se convierte en una experiencia traumática por el temor a ser atacada, el miedo a una figura masculina extraña que sea reminiscencia de la ex pareja.

Todavía no hay hombre invisible, pero el temor a ser alcanzada por quien está lejos es una tensión muy bien trabajada por parte del cineasta australiano. Las secuencias psicológicas de la violencia son la pesadilla en esta trama de suspenso recién estrenada, que se ubica como una de las películas más taquilleras en lo que va de 2020.

Con un presupuesto de 7 millones de dólares, hasta ahora ha recaudado 55,8 millones de dólares en el mundo. 

Cecilia empieza a recobrar la tranquilidad cuando le dicen que Adrian se suicidó. Incluso, le dejó una millonaria herencia que le permite agradecer a quienes la han ayudado en el proceso postraumático. 

Entonces, cuando su vida se adentra en cierto sosiego, todo se tambalea cuando Adrian se manifiesta. Durante su vida pública fue un conocido investigador y ahora, en la clandestinidad, se aprovecha de uno de sus inventos para atormentar a quien fue su pareja: un traje de invisibilidad.

La trama de El hombre invisible se convierte en un conflicto en el que Cecilia, anteriormente comprendida y apoyada, empieza a ser tratada con condescendencia cuando asegura ser perseguida por un hombre que no se puede ver. 

Leigh Whannell sorprende a los escépticos al dar un vuelco a una historia que puede ser considerada predecible, incluso desde el tráiler. El largometraje es angustiante, con ademanes en su planteamiento que enriquecen el género en el que se inscribe el filme, para compenetrar al espectador y luego sorprenderlo con los giros en su narración.

La actuación de Elisabeth Moss en El hombre invisible es uno de los principales atractivos del metraje, convincente en demasía por las distintas emociones expresadas y cónsonas con una persona en situaciones agobiantes.

Imposible no empatizar con la protagonista en ese desespero de quien no halla cómo demostrar el peligro que le ronda.

Elisabeth Moss
El antagonista logra acabar con la credibilidad del personaje principal.

El largometraje se torna violento cada vez que Adrian está con ella, a quien no solo maltrata, sino que empieza a mellar la credibilidad y la confianza entre quienes la quieren y protegen. Su objetivo es no solo físico, sino acabar con ella moralmente. Un sociópata. 

Es así como El hombre invisible se presenta como una película con perspectivas psicológicas y sociales, dentro de los códigos del suspenso. Vale acotar que el cineasta también dirigió películas como Upgrade (2018) e Insidious: Capítulo 3 (2015). Además, es el coguionista de Saw (2004) y secuelas. 

Leigh Whannell además tiene grandes méritos al representar al antagonista, que en esta ocasión no se preocupa por hacerse ver, sino por ser cada vez más imperceptible para alcanzar su vil objetivo, esos planes con repercusión no solo en el cuerpo, sino en la mente, donde las luchas suelen ser encarnizadas durante y después de la tragedia. El terror no yace en figuras extraordinarias, sino en acciones repugnantes que no están alejadas de varias realidades. 


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