Luego de las marchas recientes del gremio de la salud llegaron algunos recursos e insumos a este puesto asistencial, pero duraron lo mismo que un suspiro. Aún los quirófanos no están funcionando. Los familiares empeñan hasta el modo de caminar para poder costear las medicinas.

Caracas. En el hospital José María Vargas, ubicado en la parroquia Altagracia, no mejora el enfermo. Y no es solo al paciente al que le están pidiendo hasta el adhesivo y suministrando medicamentos vencidos, sino que también la infraestructura va de mal en peor: las salas de Observación y Emergencia no tienen aire acondicionado y la cocina está llena de aguas servidas y de cucarachas.

Esta no es una situación nueva en este puesto asistencial. Los trabajadores han hecho asambleas, protestas y se han reunido con el director Tirso Silva. “Solo nos han hecho promesas tras promesas por un lado y, por el otro, nos lanzan amenazas y amedrentamiento con los colectivos armados que hacen vida en este hospital”, dijo Marian Mejía, licenciada en Enfermería.

Ivonne Muñoz, delegada sindical, denunció amedrentamiento y amenazas de parte de los colectivos armados y personas de la Dirección. Responsabilizó a Tirso Silva, director, de lo que pueda pasar con ella o alguno de los trabajadores.

Luego de las dos marchas que realizó el gremio de la salud, primero el 17 y luego el 22 de mayo, al hospital empezaron a llegar algunos recursos.

“Entró un stock de medicinas que duró una semana. Ahora de tres antibióticos solo contamos con dos y el plan quirúrgico que anunció el presidente Nicolás Maduro, de 2100 operaciones, aquí no se activó. Más bien seguimos funcionando con un pabellón habilitado; mientras el director todo el tiempo nos corre la promesa una semana más cada vez que le consultamos sobre este tema”, dijo el doctor hematólogo, Danny Golindar.

Empeñan hasta el modo de caminar

Marcos Alvarado es uno de los que ha vivido, en tan solo una semana, la crisis hospitalaria. Su esposa, quien es enfermera con más de 22 años en el Vargas, entró a urgencias con una infección bucal que se le regó hasta el estómago.

“Llegó aquí en muy malas condiciones y está viva gracias a que yo he tenido que buscar hasta por debajo de las piedras las medicinas”.

Durante todo este tiempo suma ya un millón de bolívares en insumos y medicamentos.

“Cada seis horas le ponen el antibiótico Clindamicina y tengo que salir a comprar. 10 pastillas me salen en Bs. 120.000. Pero eso no es todo, los pañales, los centros de cama, las gasas, inyectadoras, el adhesivo, los tubos para las muestras… todo lo piden. Aquí dicen que a mi esposa la han atendido bien. Claro, no lo niego, pero también es porque todo lo que me han pedido lo he traído”, dijo.

La tomografía y los exámenes PPT, de leucocitos y las biopsias los hizo en clínicas privadas. “La biopsia me salió en Bs. 300.000. La verdad nadie se imagina, hasta que entra a un hospital, lo que es pasar por estas penurias y sin ayuda de ningún tipo. Ojalá Maduro esté leyendo esto, pues todavía me queda tiempo con mi esposa en el hospital y ya no tengo plata para los antibióticos”.

Alvarado no es el único al que se le vino el mundo encima con la enfermedad de su pareja. Las mamás que tienen los niños en Pediatría también pasan dificultades buscando los antibióticos y en la sala de Psiquiatría, donde en estos momentos hay 10 pacientes, no hay ni ansiolíticos.

La comida que les sirven a los pacientes no tiene proteínas. “La arepa de esta mañana tenía un guiso con puro cebollín y el arroz se lo dan con remolachas. ¿Cómo un paciente se recupera sin una dieta básica adecuada?”, comentó Marian Mejía.

Por tanto, el doctor Golindar indicó que continuarán en asambleas y seguirán exigiendo reuniones con la dirección. “No estoy a favor de una Hora 0, nosotros los médicos trabajamos por la salud de la población. Pero el único responsable de una Hora 0 es el mismo Estado que no garantiza este derecho».

Foto referencial: Angeliana Escalona


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