A sus 88 años, Vincenzo Aceto enfrenta una amenaza de embargo de su empresa, por parte de Fospuca. Una amenaza que persiste aún cuando la Gobernación de Bolívar rescindió el contrato con la compañía recolectora de desechos sólidos.

Puerto Ordaz. A pesar de la anulación de la contratación de Fospuca como encargada del relleno sanitario y aseo urbano en Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar, persisten las amenazas de embargos contra empresas como la de Vicenzo Aceto, un inmigrante italiano de 88 años que ha dedicado su vida a Guayana.

A los 17 años, Vincenzo Aceto tomó la decisión de emigrar de Italia a Venezuela. A sus 88 años, recuerda claramente que llegó el 2 de abril de 1955 y, apenas tres semanas después, el 23 de abril, cumplió sus 18 años. Desde entonces, como él mismo dice, “no hice el servicio militar, pero hice la vida”.

Vincenzo siempre había querido ser marino. Se presentó a las pruebas en Italia, pero lo rechazaron porque llevaba incrustado un pequeño proyectil antiguo bajo la piel, recuerdo de la segunda guerra mundial. Su respuesta fue impulsiva: “Entonces me voy a Venezuela”. Y así lo hizo.

Partió desde Nápoles con un contrato para trabajar en una mueblería de Maracay, en el estado Aragua. Era una salida rápida que encontró a través de una agencia de viajes llamada Celedonio. 

Su llegada a Caracas coincidió con un momento histórico: la recién inaugurada autopista Caracas–La Guaira, una obra icónica del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, que fue abierta al público apenas dos semanas antes. 

Primeros trabajos

Su primer empleo fue en Maracay, estado Aragua, en una mueblería, tal como lo establecía el contrato con el que había salido de Italia. Más tarde trabajó en distintas zonas del centro del país: San Mateo, La Encrucijada y El Palmar, desempeñándose en fábricas y cuadrillas de obra.

Vincenzo Aceto trabajó en la represa de Calabozo, en el estado Guárico. Luego escuchó hablar de la construcción de la represa de Macagua, en el estado Bolívar.

Con una moto, una maleta y muy pocos recursos, emprendió camino hasta llegar a Guayana.

Llegó a Guayana con la intención de quedarse apenas tres meses, para trabajar en Macagua, pero terminó quedándose en un momento crucial en la región cuando se apostó a la industrialización. Vivió en Ciudad Bolívar, en un ranchito, como cuenta en su anécdota. Para entonces, Puerto Ordaz aún no se fundaba, y no existían los puentes que hoy conectan con San Félix.

Trabajó en Sidor hasta el año 80. Se desempeñó como técnico, electricista, reparador y asesor. Fue reconocido por su capacidad para resolver problemas complejos con pocos recursos. Modificó máquinas, diseñó soluciones prácticas y llegó a crear adaptaciones mecánicas que luego fueron replicadas en distintas plantas.

Muchos lo recuerdan como alguien que sabía hacer funcionar lo que otros daban por perdido. Entre sus anécdotas destaca que en Sidpr existían máquinas que apodaron “Aceto”, un diseño modificado por él.

“Yo entraba y salía de Sidor como contratista, asesorando. La última vez que entré… no tenía lágrimas para llorar; la estaban desmantelando”,

recuerda con tristeza.
Vincenzo Aceto: el legado de un inmigrante italiano amenazado por un embargo de Fospuca
Desde hace más de 40 años, Aceto fundó su empresa. Según Fospuca, acumula una deuda de $9.700 dólares, a pesar de que no generan cantidades de desechos o residuos sólidos

Su legado familiar 

A su retiro de Sidor fundó su propio negocio en el 82, trabajando desde su casa con un taller de repuestos. El crecimiento fue tal que debió mudarse a una parcela más grande, primero de 400 metros cuadrados y luego a otra de aproximadamente 5.000 metros. Durante décadas, su taller fue un punto de referencia en la zona.

Pagó impuestos, mantuvo el negocio activo incluso en tiempos difíciles y lo concibió siempre como un legado familiar, que hoy administra una de sus hijas.

Precisamente se trata de un legado que décadas después, se ve amenazado por una medida de embargo por presuntas deudas con Fospuca, empresa que hasta hace poco estaba encargada de la recolección de desechos sólidos en Ciudad Guayana. Sin embargo, la familia Aceto sostiene que ni recibían el servicio ni generan basura para el monto que se les impuso.

“Lo que se desecha es papel. Básicamente los papeles que están en las áreas administrativas porque cuando uno vende algo allí, uno le entrega con su empaque. No se genera más basura”, explica Natalina Aceto, hija de Vincenzo.

La deuda que, según Fospuca, mantiene la empresa Tarreinca es de aproximadamente 9700 dólares.

“Como familia, es un sentimiento de impotencia, de tristeza, de ver el trabajo de toda una vida que te lo quieran quitar”,

agrega Natalina.

Las palabras de Vincenzo, en medio de su condición de salud, son: “me siento entre la espada y la pared”.

Hoy, ya con más de 80 años, Vicente enfrenta problemas de salud: operaciones intestinales, dificultades para caminar, dolores constantes. 

Incluso, lamenta lo que ha pasado con otras empresas por esa misma medida de embargo, o ver cómo cayó el proyecto de industrialización del país.

“Esta ciudad se está muriendo como me estoy muriendo yo”, lamenta Vincenzo

Vincenzo Aceto: el legado de un inmigrante italiano amenazado por un embargo de Fospuca
En Caroní hubo más de 135 medidas de embargo por deudas con Fospuca. A pesar de que la Gobernación rescindió su contrato, abogados siguen presionando a la familia Aceto con amenaza de embargo

La rescisión de Fospuca en Bolívar 

El miércoles 10 de diciembre, la gobernadora del estado Bolívar, Yulisbeth García, anunció en su programa radial su decisión de rescindir del servicio de Fospuca en los municipios Caroní y Angostura del Orinoco. La medida se firmó al día siguiente. 

Sin embargo, los abogados de Fospuca mantienen la presión sobre la familia Aceto para ejercer el embargo si no pagan casi 10 mil dólares.

En los tres años que estuvo Fospuca en Ciudad Guayana, hubo más de 135 solicitudes de embargo relacionadas con deudas por el servicio de aseo urbano, según declaró recientemente el Comité de Empresarios y Comerciantes en Guayana.

Vincenzo confiesa que en las noches, después de orar, no piensa en el futuro, sino en el pasado, repasando toda su historia: la llegada a Venezuela, sus primeros trabajos, la construcción de Guayana, su familia, sus inventos, y la vida que construyó sin planearla.

Su historia es la de miles de inmigrantes que llegaron al país en los años 50 buscando oportunidades y terminaron construyendo mucho más que una vida, que hoy peligra con quedar solo en el recuerdo por medidas arbitrarias.

Lea también:

Empresarios celebran rescisión de contrato con Fospuca en Bolívar