Entre los asistentes a la final nacional de Rap sin Groserías estaban Anthony y su hijo Carlos, quienes comparten el amor por el hip hop. También estuvo Emily, quien sigue el movimiento desde sus inicios y ahora acude con su hermano menor, Bryan.
Caracas. El aire de Caracas se llenó de rimas y energía en la cuarta edición de la final nacional de Rap Sin Groserías. Entre el público observaba con atención Pedro, un médico de 60 años, con su delgada figura y lentes que le ayudan a ver mejor.
“Estos muchachos tienen una mente muy hábil, son muy inteligentes. Se concentran muy bien. Para esto es necesario pensar en poco tiempo las respuestas”, así describe Pedro la capacidad de improvisar.
El freestyle es una disciplina que Pedro descubrió hace cuatro años. Un día, mientras caminaba por Sabana Grande, se encontró con un grupo de jóvenes que improvisaban entre ellos. Escuchó por un largo rato el ingenioso contrapunteo.

El freestyle o estilo libre es la capacidad de rapear de forma improvisada. Se puede ejecutar sobre una base musical, a la cual se le llama bombo y caja –un ritmo propio del hip hop–, o sin necesidad de esta.
Esta cultura surgió en la década de 1970, en Estados Unidos. Años después continúa en las calles, en forma de “batallas”, como se llama a esta especie de debate entre parejas o grupos de freestylers.
Acudir en familia
Las batallas de freestyle, un arte que combina habilidad y creatividad, se convirtieron en un fenómeno cultural que atraviesa generaciones. Anthony y Carlos son padre e hijo. Uno tiene 34 años y el otro 11 años de edad.
Ambos comparten no solo un parecido físico, sino también una pasión por el hip hop que los unió en un mismo espacio. Anthony conoció este estilo de música cuando estaba en el liceo y Carlos adquirió el gusto a través de su padre.

Ambos suelen ver batallas de freestyle por Youtube o acuden a las plazas donde se forman ruedas de jóvenes que improvisan entre ellos. Ahora, acudir a este tipo de eventos es motivación para Carlos, quien luego de conocer esta cultura, planea ser un futuro freestyler venezolano.
“A mí me dan alegría y bastantes enseñanzas. También me gusta poder disfrutarlo junto con mi papá”, dice Carlos, quien menciona a Akapellah como su mayor referente del rap nacional. Akapellah, cuyo nombre real es Pedro Aquino, es un rapero y freestyler venezolano, nominado al Grammy en varías oportunidades.

“Yo antes pensaba que el freestyle era pura grosería”
Entre el público también estuvo Emily, de 19 años de edad, junto con su hermano menor, Bryan, de 11 años. Emily es seguidora del movimiento Rap Sin Groserías prácticamente desde el inicio, cuando los freestylers se reunían a improvisar en Parque Carabobo y Parque Central.
“Yo antes pensaba que el freestyle era pura grosería”, confiesa la joven, pero ahora entiende que para improvisar al ritmo del rap también hace falta “mayor conocimiento”.
Bryan, además de tener gusto por el freestyle también escucha exponentes de la música hip hop como Canserbero, un rapero venezolano, catalogado por la revista Rolling Stone como el mejor rapero de habla hispana, y quien murió cuando él tenía apenas un año de edad.
“Conocí su música por mis hermanos”,
dice Bryan.

Al terminar la competencia, Bryan le pidió a su hermana que le tomará una foto con R-Dani, el competidor que quedó subcampeón luego de batallar con Lou-T, un competidor de 24 años de edad, con mucha más experiencia.
Daniel Rodríguez (A.K.A R-Dani), es un freestyler de 19 años. El viernes, 29 de noviembre, llegó, por primera vez, a Caracas desde Trujillo para competir en la final de Rap Sin Groserías. “Improvisando yo a ti te destruyo, yo soy el oponente de mí mismo, no necesito ser el tuyo”, fue una de las rimas que soltó durante su primera participación.
“No gané pero será la próxima”,
dijo Daniel, quien por primera vez batalló en Caracas.

Daniel estudió en una escuela de música. Ahora está enfocado en producir y componer. Conoció el hip hop gracias a un primo que solía escuchar Akapellah. “Eso fue una gran influencia en mí. Desde ese momento me interesé en el hip hop y más en el venezolano”, dijo R-Dani, quien considera que lo mejor de la escena venezolana es “la fluidez y la frescura” de los freestylers nacionales, además del “talento”.
Cómo nace la idea
Rap Sin Grosería nació en 2016. Para ese entonces era solo un pequeño grupo de freestylers que improvisaba sin malas palabras en plazas de Caracas. Poco a poco la idea se transformó en un evento, con cada vez mayor cantidad de competidores y de público.
En la final nacional de 2023 participaron 15 competidores. El viernes, 29 de noviembre, fueron 24, uno por cada ciudad que logró visitar la organización, liderada por Abraham Indriago, cuyo nombre de rapero es Indriago, fundador y director de Rap Sin Groserías.

Este 2024 la competición volvió al anfiteatro del Centro Cultural de Arte Moderno, en La Castellana. Las entradas tuvieron un costo de 10 dólares. Además, fue transmitida vía streaming. Para 2025, el plan es convertir esta competencia en un evento internacional.
“Esto es un deporte mental como el ajedrez”, dice Indriago, quien cuenta que hoy por hoy el público de Rap Sin Groserías está compuesto por personas de edad avanzada y niños.

La idea de freestalear sin groserías surge como una opción de llevar el proyecto a grandes medios de difusión masiva o de encontrar apoyo en la empresa privada, para erradicar cualquier tipo de estigma que pueda existir sobre la cultura hip hop.
Esto no quiere decir que al momento de batallar a los competidores no se le salgan una que otra grosería. Sin embargo, cada vez que esto ocurre los participantes son penalizados con un punto menos en su calificación.
“Esto les ha hecho entender que decir groserías le puede hacer perder una batalla que podían haber ganado”, cuenta Indriago.
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