Luego de asistir a una entrevista de trabajo, Liomary Espina regresaba de Caracas a Puerto Ordaz, estado Bolívar, cuando en una alcabala en Cúpira subieron funcionarios al autobús, quienes buscaban específicamente a la dirigente.

Puerto Ordaz. El 23 de febrero de 2025 Liomary Espina fue detenida e imputada de graves delitos, por pertenecer a Vente Venezuela, el partido que lidera María Corina Machado.

Liomary es coordinadora de Organización de Vente Venezuela, en el municipio Caroní del estado Bolívar. En entrevista para Crónica Uno, recordó aquella madrugada cuando regresaba de Caracas, luego de una entrevista para un trabajo al que se postuló.

Su detención no fue fortuita, los funcionarios sabían que ella iba en ese autobús que la regresaría a Puerto Ordaz. Pero fue en una alcabala en Cúpira, estado Miranda, donde la interceptaron.

“Cerca de la 1:30 a. m. el autobús fue detenido en una alcabala policial. Los funcionarios le dijeron al chofer que buscaban a alguien que estaba prófugo. Cuando revisaron, preguntaron: ‘¿Quién es Liomary Espina?’ Yo respondí: ‘Soy yo’. Me bajaron de inmediato y me dijeron que estaba detenida”,

relató.
Foto: Crónica Uno

Le mostraron una supuesta orden de captura que no le permitieron leer sino hasta después de su detención. Este es un patrón constante en detenciones por razones políticas.

Incomunicación constante

Desde ese momento comenzó un proceso marcado por la incomunicación y la vulneración de sus derechos. “Me movían de un calabozo a otro para evitar que mi familia me encontrara”.

Cada vez que su hermana llegaba a un sitio donde la recluían, ya no estaba. Antes de su audiencia de presentación no pudo comunicarse con un abogado.

“Los calabozos son oscuros, inmundos, insalubres. No hay baños, no hay servicios básicos. Muchos animales están en mejores condiciones”, describió.

Tras su audiencia de presentación, de Puerto Ordaz pasó al Internado Nacional de Orientación Femenina (INOF). Allí estuvo hasta su excarcelación, el 8 de febrero de 2026.

Cerca de la entrada de la cárcel del Rodeo I, familiares despegaron una pancarta que dice «libertad para todos», donde dejan mensajes de aliento para sus seres queridos. «A solo horas de los abrazos», dice uno de los mensajes.

Más allá de las condiciones físicas, Liomary enfatizó el impacto de las prácticas psicológicas dentro de los centros de detención. “El trauma psicológico se subestima. Es constante”.

Relató que en algunos espacios la luz permanecía encendida toda la noche y les ponían música a alto volumen en la madrugada.

“A la 1:00 a. m. ponían cornetas con propaganda hasta las 5:00 a. m.. Eso no es casual, parece parte de un manual para quebrarte”,

denunció sobre el INOF.

Angustia 24/7

Liomary Espina describió el encierro como un estado permanente de incertidumbre, una angustia 24/7 en la que “no sabes con qué te vas a encontrar al día siguiente”.

Aunque asegura que tenía fe en que su situación cambiaría, reconoce que muchos detenidos no tienen esa certeza.

“Hay gente que tiene tres o cuatro años esperando. No saben quién los va a sacar de allí. Los que salen deben ser la voz de los que quedan”.

En ese sentido, destacó la necesidad de visibilizar todos los casos y apoyar a quienes continúan detenidos.

“Cuando sales lo primero que te dicen es: ‘Qué bueno que te vas’. Eso te retumba en la cabeza. Porque ellos no saben cuándo les tocará”,

señaló.

Para ella su testimonio busca ser voz de quienes siguen privados de libertad, de que más allá de un número que cuantifica a los presos políticos, no deja de recordar que son detenciones arbitrarias que implica violaciones de derechos humanos y sufrimiento para familias enteras.

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