Los violentos terremotos del 24 de junio pasado ocasionaron daños estructurales focalizados y cortes críticos de servicios en el centro de Caracas. El temor a las continuas réplicas mantiene a los ciudadanos en las calles mientras La Guaira concentra los peores colapsos del país.
Caracas. El centro histórico y financiero de Caracas intenta recobrar un pulso de frágil normalidad en medio de un escenario marcado por la devastación y el miedo colectivo.
Los violentos movimientos telúricos registrados el 24 de junio pasado, con magnitudes estimadas entre los 7.1 y 7.5 grados de magnitud y epicentro en Morón, estado Carabobo, han dejado una profunda huella en sectores emblemáticos como La Candelaria, Bellas Artes, Capitolio y los alrededores de la Plaza Bolívar.
A pesar de la contundencia del doblete sísmico, el impacto estructural en el núcleo capitalino muestra daños focalizados. Esto contrasta con los colapsos masivos e irreversibles documentados en el cercano estado costero de La Guaira. La inestabilidad del subsuelo mantiene a la población civil en un estado de alerta permanente.
Tras los desprendimientos parciales de cornisas, el agrietamiento de fachadas y las densas nubes de polvo en sectores del centro y de zonas como Altamira o San Bernardino, miles de ciudadanos optaron por pernoctar a la intemperie en plazas y parques por el fundado temor al desplome de sus viviendas.
El paisaje urbano se ha transformado drásticamente con la aparición de hileras de carpas que albergan a cientos de damnificados en parques y plazas. Esta imagen se repite con especial crudeza en los alrededores de Plaza Venezuela.
Fuentes de los equipos de auxilio desplegados en la Plaza Bolívar describieron la primera noche como una auténtica crisis de nervios colectiva. Crónica Uno hizo un recorrido para constatar el ambiente en el centro de la ciudad y esto fue lo que encontró en imágenes:


El colapso del transporte por las réplicas
La vialidad en el área metropolitana se vio severamente comprometida durante los primeros días debido a la acumulación de cascotes y al caos circulatorio derivado de los fallos eléctricos masivos.
Aunque hacia el 29 de junio el tráfico peatonal y automovilístico mostraba una reactivación visible, las persistentes réplicas, incluida una sacudida de magnitud estimada entre 4,6 y 5,1 este mismo lunes, forzaron la interrupción intermitente de las principales arterias de transporte público.
El Metro de Caracas se vio obligado a paralizar de nuevo sus operaciones para realizar evaluaciones de seguridad urgentes.
A este paralización forzada de los servicios se suma un inusual vacío en las avenidas; hoy se ve poca gente en las calles, un fenómeno motivado en gran parte por la suspensión indefinida de las clases y un evidente miedo colectivo que retiene a los ciudadanos en sus hogares.
La gerencia del subterráneo en redes sociales confirmó las razones que motivaron la clausura temporal de las líneas de transporte subterráneo.
“Nos hemos visto obligados a suspender el servicio del Metro de forma temporal debido a las continuas réplicas sísmicas que comprometen la seguridad de los túneles”, anunció

Actividad económica bajo mínimos
A pesar de la falta sostenida de agua, luz y conectividad telefónica, la actividad comercial del centro exhibe una tenacidad asombrosa con locales y centros comerciales abiertos parcialmente. Sin embargo, el retorno a la normalidad en el comercio es lento y precario.
Los grandes centros comerciales mantienen a equipos técnicos revisando minuciosamente los daños en su infraestructura antes de permitir el acceso total del público.
La gravedad de la situación humanitaria es palpable en algunos muy pocos edificios públicos convertidos en refugios provisionales. En zonas como el Capitolio, las redes civiles urgen el envío urgente de alimentos y medicinas para asistir a los damnificados más vulnerables. En especial ancianos y niños en situación de desamparo.
Una voluntaria encargada de la distribución de suministros básicos detalló la apremiante carencia de víveres que sufren los refugiados en el centro de acopio.

El balance provisional, que sitúa el total preliminar de fallecidos en más de 1700 y más de 5000 heridos, según el presidente de la Asamblea Nacional, constata la magnitud de una catástrofe que ha cambiado el rostro de la región central del país.
En medio de los esfuerzos internacionales de rescate y recuperación de cadáveres, que se concentran en el devastado litoral de La Guaira, la capital venezolana se debate entre el trauma latente y la necesidad de subsistir.
Caracas trata de recuperar su pulso cotidiano con los pocos comercios abiertos y el tráfico restablecido. Pero lo hace con la mirada fija en el cielo y los pies en el asfalto, consciente de que, bajo sus cimientos, la tierra aún no ha dejado de rugir.

