En Quinta Crespo, comerciantes informales llegan temprano para ofrecer ropa, comida y artículos de segunda mano, en busca del sustento diario.
Caracas. Desde las 6:00 a. m., los primeros comerciantes comienzan a llegar para instalar sus improvisados puestos en las aceras cercanas al mercado de Quinta Crespo, en el oeste de la ciudad. Relojes usados, taladros, ropa, accesorios y comida: cualquier oportunidad es buena para buscar ingresos a través de la venta informal de productos.
Alfredo Pimentel, quien ha trabajado en la acera durante aproximadamente diez años, antes se desempeñaba en una empresa de recolección de basura del gobierno. Vende diversos artículos de segunda mano y su ingreso diario oscila entre $5 y $20, precios que varían según la jornada. Prefiere trabajar por su cuenta, en lugar de aceptar un empleo formal, pues considera que no le resultaría económicamente sostenible.
Una cuadra más arriba del puesto de Pimentel, en dirección al Ávila, se encuentra Melvin Gonzalo Díaz, quien se dedica a vender platos de comida a «precios competitivos», como él mismo los define. A sus 57 años, ha dedicado cuatro de ellos a la venta de comida en la calle.
Comenzó con la venta de ají, pero decidió cambiar a la venta de pescado, pues le resultaba más rentable. Su jornada laboral se extiende desde las 7:00 a. m. hasta las 5:30 p. m. Su menú principal incluye pescado y pollo frito, siempre acompañado de yuca y ensalada. Puede vender más de 15 platos diarios y trabaja de miércoles a domingo, porque descansa los lunes y martes.
Este bullicioso ambiente matutino contrasta notablemente con el escenario urbano que se presenta al caer la noche: locales cerrados, basura acumulada en las esquinas y transeúntes que aceleran el paso para escapar de las calles oscuras y solitarias que rodean el mercado.
























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