Cuatro mujeres, familiares de presos políticos, siguen en huelga de hambre en las adyacencias del centro de detención preventiva, desde el 14 de febrero. La medida la tomaron para exigir al Gobierno la libertad de sus seres queridos. Dentro de los calabozos los detenidos también se unieron a la protesta.

Caracas. “Frustración”, así describe Sandra Rosales lo que sintió al escuchar al médico decirle que no podía continuar la huelga de hambre que inició, junto con otras 10 mujeres más, a las 6:00 a.m. del sábado, 14 de febrero, en las adyacencias de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), en Boleíta.

Su cuerpo colapsó. El dolor de cabeza que la acompañaba, desde hacía varios días, terminó por imponerse como un golpe persistente. “La tensión se me disparó hacia arriba”.

Para la mujer, de 36 años de edad, comprobar que el sacrificio físico “no ha servido de nada” le apagó la esperanza, como una llama que titila en medio del cansancio.

“No tener expectativas es lo que te mantiene. Lo único que deseo es que esto termine, que Dios nos haga un milagro”,

expresa mientras intenta dormir.
Foto: Crónica Uno

Pero el descanso se le vuelve esquivo cuando mira a su alrededor y están las otras mujeres en huelga de hambre, o al pensar en sus hijos de dos, siete, 10 y 12 años, que la esperan en su casa, en Valencia, estado Carabobo.

Deterioro progresivo

“Las consecuencias a la larga son un deterioro orgánico progresivo que puede llegar a la fatalidad”, expone Rafael Arreaza Padilla, expresidente del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS), quien atiende a las familiares que permanecen en huelga de hambre.

El médico detalla que el cuerpo humano, especialmente el hígado, comienza a buscar energía en la grasa corporal. Pero cuando la persona alcanza un peso determinado, “la busca en el mismo hígado, intestinos y cerebro”. Es el organismo consumiéndose a sí mismo, lentamente.

Las siete mujeres que se retiraron de la huelga presentaron cuadros febriles, hipertensión, desgaste físico y faringitis. El cuerpo empieza a enviar señales que ya no se pueden ignorar.

“El lunes (16 de febrero) una señora hipertensa se tomó la medicación sin haber comido y presentó una crisis gravísima. Su tensión llegó a 165. La policía mandó a buscar una ambulancia que nunca llegó y yo tuve que llevarla al hospital Domingo Luciano”,

afirma Arreaza.

Asevera que acudió a la sede de la PNB, conocida como la antigua zona 7 de la extinta Policía Metropolitana, debido a que tiene conocidos detenidos en el centro de detención preventiva. Desde su llegada intentó prestar servicios médicos a los presos políticos, quienes también están en huelga, pero no se lo permitieron.

Foto: Crónica Uno

Hasta que el cuerpo aguante

Mariana Escalona es una de las cuatro mujeres que permanece en protesta, en las adyacencias de los calabozos.

Cuando la huelga de hambre comenzó, ella y las otras 11 mujeres que formaban parte de la acción creyeron que los resultados llegarían más rápido, como una puerta que empieza a abrirse. La medida la tomaron horas después de que los familiares recibieran a los primeros 17 excarcelados, la madrugada del sábado, 14 de febrero,

No obstante, ante sus ojos, lo único que comprueba es “la falta de humanidad” y empatía de quienes gobiernan y de las autoridades.

Espera que termine la discusión del proyecto de Ley de Amnistía, la cual se tiene prevista para este jueves, 18 de febrero, y que finalmente los suyos puedan recuperar la libertad, antes de que su cuerpo no resista más. “Hasta que el cuerpo aguante”.

Foto: Crónica Uno

Siguen en huelga de hambre:

  • Mileidy Mendoza, esposa de Erick Díaz.
  • Yaxzodara Lozada, esposa de Joel Eduardo Bravo.
  • Mariana Escalona, familiar de Julio Velasco.
  • Narwi Gil, cuñada de José Gregorio Pérez.

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