Mérida ocupó por 23 años el primer lugar en tasa de suicidios de Venezuela, pero en 2024 cayó al tercer puesto. Su tasa se redujo un 46 % desde 2020, un cambio que los expertos atribuyen a factores sociales, campañas de prevención y medidas locales efectivas.

Caracas. En Mérida, durante décadas, hablar de suicidios era enfrentar una de las estadísticas más dolorosas del país. La entidad andina encabezaba el ranking nacional, hasta que en 2024 ocurrió un giro inesperado: por primera vez en 23 años dejó de ocupar el primer lugar y descendió al tercero, superada por Táchira y Distrito Capital.

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en Mérida reveló en su Informe Anual de Violencia Autoinfligida 2024, publicado en febrero pasado, que la tasa cayó un 46 % entre 2020 y 2024, al pasar de 19 muertes por cada 100.000 habitantes en la pandemia a 10,8 el año pasado.

Al recordar esos años más oscuros —cuando la cifra rozaba los 19 por cada 100.000 habitantes—, muchos residentes asociaban ese alto índice con la incertidumbre económica y social de la crisis, una sombra que parecía imposible de disipar. La reducción abrupta refleja, por tanto, un viraje notable en la percepción y manejo comunitario del problema.

“El desplazamiento de Mérida a la tercera casilla obedece a que su tasa decreció en 30,3 % (una de las cinco entidades con mayor descenso), y que, aunque en Táchira y Distrito Capital también las tasas disminuyeron, su declive fue mucho menor: 9,2 % y 13,4 %, respectivamente”,

puntualizaron los investigadores del OVV en el informe.

El cambio parece responder a factores sociales, campañas de prevención y medidas locales para reducir los medios accesibles al suicidio.

A escala nacional, el balance también muestra señales alentadoras: la tasa venezolana se ubicó en 6,9 fallecimientos por cada 100.000 habitantes, lo que supone una reducción de 15,7 % respecto a 2023.

En estas cifras late no solo una mejora estadística, sino también el reflejo de transformaciones sutiles: conversaciones más abiertas, comunidades que, frente al dolor, decidieron actuar colectivamente.

Opacidad oficial y fuentes internacionales

La obtención de datos recientes sobre las tasas de suicidio en Venezuela depende casi exclusivamente de fuentes internacionales o independientes. Organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington (IHME) se han convertido en los principales proveedores de esta información.

Esta dependencia de agentes externos es el resultado directo de la opacidad del Gobierno de Nicolás Maduro, el cual dejó de publicar estadísticas oficiales sistemáticamente a partir de 2016.

Esta falta de transparencia comenzó precisamente en 2016, cuando el oficialismo perdió el control de la Asamblea Nacional y la opacidad se convirtió en política de Estado

La consecuencia es una opacidad estadística: a falta de datos oficiales, las cifras de 2024-2025 se construyen con estimaciones de ONG, modelos internacionales y reportes de prensa.

En 2019, la OMS y la OPS reportaron una tasa de suicidios en Venezuela de 10,3 por cada 100.000 habitantes. La cifra es superior al promedio de Sudamérica, estimado en 8,5.

La tendencia ha sido fluctuante: 8,2 en 2016; 9,5-10 en el período 2020-2022, de acuerdo con la IHME. El alza reflejaría el efecto de la pandemia de COVID-19 que aumentó factores de riesgo como depresión, desempleo e inseguridad alimentaria.

En 2023, la OPS indicó que Venezuela estaba entre los países con tasas más altas de la región andina. Ese mismo año, en su Informe Anual de Violencia Autoinfligida 2024 el OVV contabilizó 1962 muertes por suicidio —cinco vidas perdidas al día—, lo que se traduce en una tasa de 6,9 por cada 100.000 habitantes.

Fotografía: Crónica.Uno

Crisis poselectoral

Para 2024-2025, no hay cifras oficiales consolidadas. Proyecciones de la OMS sitúan la tasa en torno a 10,5, pero con advertencias de subregistro. Es decir, muertes registradas como homicidios o accidentes podrían en realidad ser suicidios.

La OPS, en su informe preliminar de 2025, menciona un posible repunte ligado a la inestabilidad poselectoral, aunque sin números exactos.

Desde agosto de 2024, las condiciones extremas de detención en Venezuela, especialmente en Tocorón y Tocuyito, han ocasionado una ola de intentos de suicidio entre los detenidos poselectorales, alertó el Instituto Casla, debido a torturas físicas y psicológicas masivas.

“Son múltiples los testimonios que nos llegan sobre personas detenidas en el contexto de las manifestaciones que trataron de quitarse la vida en Tocorón y Tocuyito. En general, por desesperanza y creer que estarían en prisión muchos años, por depresión, por la tortura física y psicológica expuesta en este capítulo que causaba en las víctimas pensamientos suicidas”,

denunció la ONG en un informe entregado a la Organización de Estados Americanos en febrero pasado.

En ese periodo se ha confirmado al menos un suicidio, el de Lindomar Bustamante en mayo pasado. Sin embargo, la falta de datos precisos sobre el número total de intentos o suicidios refleja la opacidad en la información oficial. La necesidad de mayor investigación por parte de organizaciones independientes es crucial.

Más allá, la situación de salud mental se agrava porque Venezuela cuenta con apenas 1 psiquiatra por cada 100 000 habitantes —frente a 70 % de cobertura de salud mental en Brasil, por ejemplo— y el último plan nacional de prevención del suicidio data de 2007.

Por iniciativa de la OMS, cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio —una fecha internacional de sensibilización— con el propósito de visibilizar y educar sobre el tema.

Los expertos insisten en la importancia de conocer las señales de alerta para, con las medidas apropiadas, actuar y salvar vidas.

Prevención cotidiana

Más allá de las estadísticas, psicólogos recuerdan que la prevención del suicidio pasa por la observación y el acompañamiento.

Celibeth Guarín, coordinadora académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), subrayó que la depresión y otras enfermedades mentales aumentan el riesgo, pero también lo hacen duelos, rupturas o la pérdida de empleo.

Guarín explicó —para aclarar el proceso a la audiencia— que existen tres etapas en este fenómeno. Estas son: la ideación (pensamientos de hacerse daño), los intentos (acciones que no llevan al acto consumado) y el acto consumado (la concreción del suicidio).

“La prevención siempre irá orientada a cualquiera de las etapas. Es importante estar atentos a las señales. Por ejemplo, a episodios emocionales difíciles como como duelos, rupturas amorosas, pérdida de empleo, conocimiento de una enfermedad médica”, indicó en una nota de prensa enviada a Crónica Uno.

La psicóloga recordó que alrededor del suicidio existen tabúes, mitos y procesos internos que pueden ser invisibles para el entorno. Pero que, a veces, se expresan en cambios de conducta o en frases aparentemente casuales.

Además, aclaró que situaciones graves —como duelos, rupturas amorosas, pérdidas de empleo o el diagnóstico de una enfermedad— pueden detonar la crisis.

Suicidio
Foto: cortesía de Pixabay

Señales de alerta

La especialista enfatizó que escuchar y acompañar puede ser decisivo. “Muchas veces no sabemos qué hacer, pero con la sola presencia es bastante. Lo importante es no minimizar el malestar ni juzgar, porque frases como ‘no seas débil’ generan mayor dolor”.

Entre las señales más comunes también están la pérdida de interés en actividades, despedidas sutiles, cambios en la forma de hablar, ideas de inutilidad, consumo elevado de alcohol o drogas e impulsividad.

En cuanto a recomendaciones básicas, Gaurín mencionó promover la atención profesional y reforzar el autocuidado emocional. Este autocuidado implica —según Guarín— observar las propias emociones y cambios internos, algo que todos podemos practicar.

“Muchas veces no sabemos qué hacer, pero con la sola presencia es bastante. Se debe evitar decir ‘ve de compras y sales de esto’; ‘no seas débil’ y ese tipo de frases que, incluso, pueden generar aún más malestar. Es importante ser empático y no ignorar la situación”,

apuntó.

Sobre el terreno en Mérida, muchos habitantes ahora caminan por las calles con la sensación de que “algo ha cambiado”, no solo en los números, sino en la forma en que la comunidad se mira y se sostiene.

Suicidio
Foto: cortesía de Pixabay

Campañas y medidas locales con impacto

En Mérida, la caída de las cifras coincide con acciones institucionales y comunitarias. Destaca la campaña “Vive aquí estamos”, impulsada desde 2022 por la legisladora Fabiana Santamaría en alianza con organizaciones sociales y el propio OVV. Su objetivo: educar, investigar y atender conductas suicidas.

La OMS avala tanto la educación como medidas físicas de prevención. Un ejemplo es el cercado de los viaductos Miranda y Sucre en Mérida, una obra culminada en enero pasado para restringir el acceso a puntos de riesgo.

No obstante, expertos de la OPS advierten que el fenómeno es complejo y requiere respuestas múltiples.

Además, enfatizan en que solo la combinación de conocimiento científico, voluntad política y estrategias sociales puede consolidar la prevención. Por ello, el informe regional insiste en que las autoridades deben integrar las recomendaciones internacionales a sus políticas públicas.

Pese al descenso, los retos persisten: entre enero y septiembre de 2025, los medios locales han reportado al menos 11 presuntos suicidios en Mérida. La preocupación se mantiene, pero el cambio de tendencia abre una esperanza en una entidad marcada durante décadas por esta tragedia silenciosa.

Al final, esa bruma andina que envuelve los valles parece transformarse, quizá no en días claros, pero sí en momentos donde la presencia, la solidaridad y la escucha —más allá del dato— pueden marcar la diferencia.

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