Aunque la canonización de José Gregorio Hernández se logró gracias a la sostenida veneración popular, la beatificación que lo puso a un paso de la santidad dependió del milagro atribuido y del testimonio del doctor Alexander Krinitzky, cirujano que atendió a Yaxury Solórzano.
Táchira. Desde hace más de 30 años Alexander Krinitzky ejerce como médico, especialista en neurocirugía quien fue partícipe del milagro que dio paso a la beatificación del doctor José Gregorio Hernández.
Krinitzky es el actual director del Hospital Central de San Cristóbal, cargo que ocupa desde hace más de cuatro años, luego que el actual gobernador del estado Táchira, Freddy Bernal, le solicitara llevar las riendas del primer centro asistencial de la región. Desde este lugar hizo seguimiento a la causa del conocido “médico de los pobres”.
Lo que consideraba una “cirugía de control de daños” fue el paso para que al trujillano lo beatificaran y estuviera más cerca de la canonización, que será el próximo domingo, 19 de octubre, junto con la madre Carmen Rendiles.
José Gregorio Hernández llega a los altares universales por aclamación popular, un recurso jurídico de la iglesia conocido como canonización equivalente, en el cual se toma en cuenta la devoción popular sostenida en el tiempo en vez de un nuevo milagro, según publicaciones en las redes sociales de la Arquidiócesis.
En una publicación de Unión Radio el arzobispo emérito de Caracas, cardenal Baltazar Porras, explica que para la beatificación hace falta la aprobación de un milagro, mientras que para la canonización el papa tiene dos vías: un segundo milagro o la expansión.
“En este caso para José Gregorio Hernández son tantos los testimonios existentes en Venezuela y el mundo que fue lo que hizo que el papa Francisco mandara a dar su decreto”, detalla el arzobispo.
“Un milagro continuado fue lo que hizo el doctor José Gregorio Hernández”, expresó el doctor Krinitzky sobre el proceso que se inició hace más de 70 años y que culminará este domingo en una ceremonia desde ciudad de El Vaticano.

Los hechos
El 10 de marzo de 2017 Yaxury Solórzano, de 10 años de edad, iba en motocicleta junto con su padre, en el sector de Mangas Coveras, en el estado Guárico, cuando unos delincuentes los interceptaron para robarlos. La niña recibió un disparo con una escopeta, a corta distancia.
A Yaxury la trasladaron en canoa, mula y carro particular hasta el Hospital General Pablo Acosta Ortiz, en el estado Apure, donde Krinitzky la operó 18 horas después de recibir el disparo.
Recordó Krinitzky que la operación fue catalogada como una intervención “de control de daños”, que se basa en la limpieza quirúrgica, con retiro de fragmentos metálicos, óseos, vegetales y tierra. También coagulación de vasos que estuvieron sangrando junto con el retiro de tejido cerebral que no tenía vida útil.
Por el sitio del disparo, detrás de la oreja derecha, sumado a las demoras en el traslado para la operación, el pronóstico de la niña no era bueno. De acuerdo a los argumentos médicos si la niña se salvaba quedaría con deficiencias neurológicas y destacaba la imposibilidad del habla, visión o caminar.
10 días después de la cirugía la niña llegó a su consultorio privado en compañía de su madre. Krinitzky la evaluó y su paciente caminaba, hablaba y escuchaba con total normalidad y esto lo sorprendió. A Yaxury le dieron de alta en el área de pediatría y neurocirugía.

Milagro en menos de un minuto
En el marco de las investigaciones realizadas por el tribunal eclesiástico para el procesamiento del caso, cuya comisión del Vaticano permaneció por más de un año en el país, le solicitaron a Krinitzky el CD de la tomografía de Yaxury previo a la cirugía, porque de lo contrario la causa no iba a avanzar.
Fue al lugar donde le hicieron el estudio a la niña en un centro privado en San Fernando de Apure, donde le notificaron que no tenían las imágenes, ya que borraban el material del sistema cada tres meses, para ese entonces ya había pasado más de un año.
Días después, mientras estaba su casa junto con su esposa e hijos, recibió una llamada del padre Gerardo Barrachini, vicepostulador de la causa del Dr. José Gregorio Hernández, quien le dijo que si no encontraba el CD con las imágenes el caso no lo evaluarían los 11 especialistas que pertenecen al cuerpo de médicos del Vaticano, quienes determinan si un caso no tiene explicación científica para admitir el milagro.
“Le recordé al padre que el CD no lo tuve nunca en la mano, que lo volvería buscar. Al colgar la llamada me vi frente al espejo del baño y dije: Dr. José Gregorio Hernández mete la mano para que aparezca la tomografía porque a ti te conviene”,
resaltó.

Y así la ayuda del cielo llegó. Su hija Irina Karenina hurgaba una caja junto con su hermano Dimitri y encontraron un CD. “No había pasado un minuto de haber dicho eso, cuando mi esposa entra a la habitación y me dice que mis hijos tumbaron una caja que tenían los trabajadores y salió un CD”.
El doctor procedió a revisarlo y se trataba de las imágenes de la tomografía. “Cómo llegó el CD hasta allí no sé. Cómo funcionó después de tanto tiempo, tampoco lo sé, pero todo se veía perfecto”.
Luego de la aprobación de la Comisión Médica de la Congregación para la Causa de los Santos, y la Comisión Teológica, el papa Francisco autorizó su proceso de beatificación, el cual se llevó a cabo en abril de 2021 desde Caracas.

Un colega más
Ante la canonización de los primeros santos venezolanos Krinitzky mostró su alegría. Argumenta que ve al doctor José Gregorio Hernández como un colega más, que está detrás de él cada vez que va a operar. Cada vez que va iniciar una operación se encomienda a él para que todo salga bien.
“El milagro que le pedí fue que apareciera el CD y me lo hizo en menos de un minuto”.
Afirmó que si bien la ciencia no cree en milagros, ahora sí está consciente de que existen. Irina Karerina, hija de Krinitzky quien encontró el CD, falleció en un accidente de tránsito en 2022. El médico junto con su esposa afirman que su misión en la tierra era encontrar este artículo que sirvió para la beatificación.
Otros procesos
El estado Táchira cuenta con siete Siervos de Dios, entre ellos el monseñor Tomás Antonio Sanmiguel, Amandita (Amandina Ruiz), Lucio León, Medarda Piñero, hermana María Israel Bogotá, monseñor Martín Martínez y madre Lucía de la Santa Faz.
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