Daniella Inojosa, directora de Tinta Violeta, plantea que el maltrato psicológico en las relaciones de pareja no empieza con insultos ni golpes. Al contrario, estas inician con un cúmulo de atenciones y cuidados que buscan el control de la otra persona.
Caracas. “Cuando empezamos a ser novios siempre se mostró muy preocupado por mí y la verdad es que me encantaba porque me sentía cuidada. Después, al vivir juntos, trataba de controlar más mis cosas, al punto de elegir si visitaba a mis padres y hasta la más mínima actividad de mi día a día. Si no le hacía caso se molestaba y yo me sentía culpable por ello”, relata Karina* sobre la relación que mantuvo con quien ahora es su expareja.
La mujer, de 30 años de edad, se considera de carácter fuerte, pero le costó identificar lo que estaba mal en su relación. Aún, después de la separación, él intenta manejar muchos aspectos de su vida.
“Todavía es difícil para mí no sentirme mal cuando no lo dejo. No sé cómo, pero me hace sentir mal hasta de ir a tomarme un simple café con una amiga, o de si quiero hacer ejercicio físico”.
Las relaciones abusivas no empiezan con insultos ni golpes. Al contrario, estas inician con un cúmulo de atenciones y cuidados que buscan el control de la otra persona.

Daniella Inojosa, directora de la organización Tinta Violeta, expone que estas demostraciones de interés van acompañadas de mensajes constantes y mucho cuidado.
“Pasa bastante tiempo cuando comienzan estas manifestaciones que vienen las primeras descalificaciones, disfrazadas por lo general de broma y crítica hacia lo que visten, las amigas, al trabajo, forma de expresarse, a la familia y, en ese momento, es cuando se empieza a instalar una asimetría de poder entre la persona abusiva y la abusada”, dice sobre cómo inicia esta forma de violencia que puede no hacerse tan visible para el entorno.
Es por esto que, sin ser conscientes de ello, las víctimas terminan sumergidas en un papel de subordinación. Pero, ¿cómo identificar esta dinámica en la que se usa el falso cuidado como excusa para dominar?
En Crónica Uno mostramos algunos puntos importantes para reconocer y saber cómo se manifiesta este tipo de maltrato que tiende a ser normalizado en la sociedad y, que en los peores casos, puede ser el eslabón previo a otros tipos de agresión.
Minimizar el maltrato
Inojosa, de Tinta Violeta, sostiene que las mujeres han sido criadas con la idea de “sostener” las relaciones de pareja “a toda costa”, lo que en ocasiones, las hace justificar malos comportamientos masculinos.
Frases como: “Yo pensaba que él era celoso porque me quería”, excusan a los celos como demostración de amor o escenas de rabia, que normalizan estas actitudes y dejan de verse como indicadores de violencia que dicen hacia dónde va la relación.
Por esa razón, el maltrato no siempre se nombra como violencia.

“En el imaginario colectivo está esa idea de que el maltrato es un estadio menor a la violencia de género y no es así. El maltrato es violencia”, sostiene Inojosa.
Uso de la culpa
La vocera de Tinta Violeta plantea que la culpa e idealización, son mecanismos psicológicos que hacen que se minimice o justifique el maltrato.
“La culpa es la soga que nos pusieron los hombres al cuello antes de que pudiéramos gritar, porque es algo con lo que somos socializadas, con lo que crecemos”.
Menciona la idealización del cambio a la versión amorosa que brinda la pareja al inicio de la relación, como un impulso psicológico no consciente, para mantenerse dentro del vínculo, por la idea de que todo puede “mejorar” y cambiar.
“También está el gaslighting, que es cuando el agresor distorsiona la realidad hasta que las mujeres creen y dudan de su memoria, criterio y lo que paso. Romantizar inclusive el hecho de violencia y se dice que no fue tan grave, que no fue violencia y que solo fue una pelea”, indica.
Suma a los mecanismos la dependencia económica, ya sea en relaciones con hijos, o de forma independiente y afectiva, que en contextos de desigualdad, con el miedo a quedarse solas, justifica “lo que debe ser injustificable”.
Aislamiento como forma de control
“Mi papá no dejaba que mi mamá tuviese amigos. No se me olvida que una vez la fuimos a buscar a su universidad y la jaló por el cabello solo porque la vio hablando con un compañero. Le decía que todos querían algo con ella porque era muy bonita. Tampoco la dejaba estar con sus hermanos, ni familiares que no le parecían correctos a sus ojos. Claro que con la de él, o sea, familia paterna, sí podíamos”, recuerda Carmen sobre el maltrato psicológico y físico que vivió su madre por al menos 10 años.
Inojosa subraya que el aislamiento social y del entorno familiar es una estrategia clave de control que usan los agresores para que la mujer no pueda tener espejos que contrasten lo que vive ella con otras personas.
“El agresor busca que la única versión válida de vida sea la que ha creado de violencia con la mujer”.
Enfatiza que las redes de apoyo y redes feministas de cuidado son importantes para que las mujeres tengan una ruta de la salida de las relaciones de violencia.
Lo que debe encender alarmas en una relación:
- Que controle los tiempos
- Que hable en tono humillante, a solas, o delante de otros
- Control del dinero
- Control de las redes sociales, exigir contraseñas
- Aislamiento social de la red de apoyo, que va de la mano de críticas hacia el entorno, o de comentarios de tono manipulador con el propósito de alejar
- Que use la sexualidad como “premio o castigo”
- Que después de un episodio de violencia no se haga cargo y que, por el contrario, culpe a su pareja
- La indiferencia como forma de castigo
- La comparación con otras mujeres
- Frases como: “Nadie te va a querer como yo”, “no vas a conseguir a nadie que te quiera”, o calificativos que pretenden minimizar a la pareja
- Hacer sentir mal moralmente porque no se ajusta a los ideales .
Círculo de violencia
La directora de Tinta Violeta menciona que el círculo de violencia dificulta que las personas puedan salir de las relaciones abusivas.
“Están en un círculo de poder y control que tiene el agresor reproduciendo tres o cuatro etapas donde se alterna el maltrato con una etapa que llamamos la luna de miel, en donde después del daño, sea físico o psicológico, pide perdón y promete cosas”, añade.
Recalca que usualmente el maltrato viene cuando las relaciones están asentadas, hay hijos o hijas, o un “enganche” emocional muy fuerte que crea el agresor a partir de las dinámicas de poder y control, lo que crea confusión.
Luego viene una etapa de tensión en la que se presentan microviolencias y finalmente, el estallido de la etapa de violencia, uno de los más álgidos.

“Las mujeres suelen intentar salir de los círculos de violencia en los momentos de maltrato más visibles, pero luego viene este período de la luna de miel, en la que el agresor genera una espacio y tiempo muy romántico”.
Entre las limitantes para superar la violencia se encuentra que las mujeres no tienen a dónde ir, por lo que Inojosa destaca la importancia de las casas de abrigo, de la protección institucional, sin ingresos seguros.
“En todo caso la decisión de salir de la situación de violencia no es solo racional, sino en un contexto determinado donde hay miedo a las represalias, a perder a los hijos e hijas, temor a no sostenerse económicamente, y el juicio social a que te llamen fracasado o fracasada porque fracasó tu relación”, expresa.
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