Los precios en escuelas, colegios, liceos y universidades están dolarizados. La modificación diaria del tipo de cambio hace que la capacidad de compra de los estudiantes se reduzca de manera significativa a lo largo de la semana.
Caracas. “Mis padres hacen un esfuerzo y me dan una mesada de $50 semanales en bolívares, pero la devaluación hace que este dinero no me alcance porque todos los días aumenta el cachito, el jugo, las copias, las impresiones, entre otros gastos. Muchas veces es miércoles y ya no tengo dinero”, asegura Efraín*, estudiante en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
El joven, quien cursa el tercer semestre de Comunicación Social, sostiene que ya no se puede planificar económicamente porque los precios cambian de manera constante debido a que están atados al dólar.
“No puedo pedirle más dinero a mis padres porque estoy claro del sacrificio económico que están haciendo para pagar la universidad. Tampoco puedo trabajar porque estoy en el ciclo básico y tengo materias en la mañana y en la tarde. Cuando se me acaba el dinero pido cola y me llevo el desayuno y el almuerzo de casa, porque no me queda otra opción”, explicó.

Desde hace más de un año el Banco Central de Venezuela (BCV) instauró una política de devaluación, que según algunos economistas, oscila entre 1 % y 1,2 % diarios, lo que impacta directamente en los precios y la capacidad de compra del venezolano.
“Mucha gente cree que los estudiantes de la UCAB tenemos mucho dinero, pero no es así. Tengo compañeros que tienen becas y muchas veces no cuentan con los recursos para imprimir un trabajo o comprar algún material que pidan los profesores, el dinero no nos alcanza”.
El economista y profesor universitario, José Guerra, a través de su cuenta en Instagram, calificó la situación como una «gravísima devaluación» orquestada por el ente emisor, cuyo efecto inmediato está siendo empujar a la economía venezolana a un estado «cercano a la hiperinflación».
«Las políticas del BCV han colocado al país en una senda de crecimiento de inflación y devaluación significativa», afectando principalmente a los sectores más vulnerables de la población», declaró.
“Los trabajos los escribo a mano”
Hilda* estudia en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y muchas veces tiene que entregar trabajos escritos a mano porque no tiene la posibilidad de imprimirlos, ya que no cuenta con los recursos económicos suficientes a pesar de trabajar.
“Ya estoy en el sexto semestre de mi carrera y encontré unas pasantías donde me pagan el equivalente a $100 mensuales en bolívares. Ese monto solo me alcanza para el pasaje y algunos gastos básicos. Los trabajos impresos los hago a mano porque si me pongo a gastar $1 por cada impresión, sencillamente no me alcanza el dinero”.

Asegura que sus padres y su hermano mayor le ayudan de forma parcial y en la medida de sus posibilidades. “Muchas veces no me alcanza el dinero porque todo aumenta. La gente cree que dos o tres bolívares no son nada, pero cuando uno hace la suma de todo lo que gasta en el día, es un montón de dinero que se va en la semana”.
Aunque estudia en una universidad pública y no debe pagar mensualidad, la joven considera que mientras no se resuelva la situación económica en el país será muy difícil costearse los estudios.
“Yo no sé cómo hace la gente que estudia Medicina, Arquitectura, Ingeniería, que son carreras costosas. En el caso de Sociología, que es mi carrera, también se gasta, pero se puede sobrellevar. Mientras tengamos esta crisis económica y la devaluación sea constante nunca nos rendirá el dinero”.

Cero crédito en cantinas
María* es madre de un niño que cursa segundo grado de primaria en un colegio privado.
En su dinámica escolar realizaba un abono semanal en bolívares para que su hijo pudiera desayunar en la cantina. No obstante, hace algunos días le confirmaron que esta modalidad había fue suspendida.
“Ya no podemos hacer ese abono, que era una especie de crédito que tenía el niño cuando iba a pedir algo en la cantina. Ahora solo nos aceptan abonos en dólares o el pago inmediato de los productos que se consuman. Antes también se podía pagar semanal pero ellos nos dicen que ya no es una opción para su negocio”,
explicó la representante.
Aunque no están claros los motivos de la suspensión de los abonos y la venta a crédito, María* señala que este tipo de decisiones surgen por la compleja situación económica que atraviesa nuestro país.
El economista, Asdrúbal Oliveros, en su podcast Tertulia y Dinero, sostiene que «factores como la volatilidad del tipo de cambio y la inflación reducen el valor real del dinero prestado. Esto significa que, al momento de cobrar, el monto recibido puede valer mucho menos que cuando se otorgó el crédito».

Todos los días hay que sacar cuentas
“En el colegio de mi hija todos los precios están dolarizados. Los padres pedimos una lista de precio tanto en la cantina como en la proveeduría, y la noche antes, comienzo a sacar cuentas para saber cuánto le debo depositar en su cuenta para que pueda comer o comprar algo que le haga falta para sus materias”, reveló Karina, madre de una adolescente, de 14 años años de edad, estudiante de noveno grado.
Explica que por la complejidad económica y los precios dolarizados, no se atreve a destinar un monto fijo para las mesadas, ya que tiene temor que su hija se quede sin dinero.
La abogada de profesión recuerda que mientras se mantuvo la estabilidad del dólar, podía planificar mejor el dinero que le daba a su hija.

“Hace algún tiempo yo destinaba el equivalente a $100 para un mes de mesada e incluso a mi hija le quedaba dinero para ahorrar, en estos momentos la realidad es otra, porque no alcanza la plata”.
Reveló que muchos de los compañeros de su hija no tienen la posibilidad de hacer gastos extras, porque sus padres no tienen como costearlos. “Ahorita la gran mayoría de los chamos se llevan su comida y la calientan en el colegio, porque muchos padres tienen que decidir entre pagar la mensualidad o darle una mesada a sus hijos, esa es la realidad que estamos viviendo”.
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