Artistas, gestores e instituciones mantienen activa la movida cultural en Ciudad Guayana, estado Bolívar, mientras enfrentan desafíos de financiamiento. Tanto en San Félix como en Puerto Ordaz se muestra un movimiento diverso en expansión. 

Bolívar. Lejos de la idea recurrente de que en Ciudad Guayana “no hay movida cultural como en Caracas”, la realidad es otra. Tanto en San Félix como en Puerto Ordaz se muestra un movimiento constante, diverso y en expansión. 

Así lo asegura Juan Manuel Carvajal, actor de teatro y coordinador de Cultura de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) extensión Guayana. Destaca un crecimiento sostenido de la agenda artística en comparación con años anteriores, impulsado tanto por instituciones públicas como por iniciativas independientes.

“Cada vez más artistas están generando propuestas propias en distintos rincones de la ciudad, adaptándose a los horarios, a los espacios disponibles y a las realidades del público”. 

Esta dinámica, explica, provoca una programación que no siempre logra convocar a toda la ciudad al mismo tiempo, pero que sí fortalece la identidad cultural de cada sector.

En San Félix, la gestión pública a través del Instituto Municipal de Cultura mantiene una agenda permanente que incluye formación, talleres abiertos, conversatorios y conciertos

Espacios como la Casa del Músico y las casas de la cultura continúan activos “incluso con recursos limitados, pero con una clara vocación de servicio cultural”. A ello se suman presentaciones en plazas y espacios abiertos, como conciertos comunitarios y actividades escénicas.

Entre retos y desafíos

Carvajal agregó que la UCAB Guayana también destaca por una agenda continua, diseñada en horarios accesibles para facilitar la asistencia y el retorno del público a sus hogares.

“El gran reto es la conexión con la gente. Hay ciudadanos que no conocen espacios culturales históricos de la ciudad, como algunas casas de la cultura, y otros que solo consumen expresiones más contemporáneas o alternativas”,

explica. 

En este sentido, menciona el auge de movimientos vinculados al diseño gráfico, la cultura coreana, el anime y los festivales independientes. Estos conviven con la programación tradicional de música académica y teatro.

“Hoy muchos ciudadanos construyen su propia agenda cultural revisando redes sociales, perfiles en Instagram o grupos de WhatsApp donde se comparten actividades. Eso demuestra que hay interés, pero también que necesitamos estrategias más claras y sostenidas de difusión”.

Otro de los desafíos es la sostenibilidad económica. Tras la disminución del apoyo histórico de las empresas básicas de Guayana, muchos artistas tuvieron que asumir de forma independiente los costos de producción, formación y exhibición. 

“El artista entendió que no podía detenerse y que debía invertir en su propio trabajo: vestuario, iluminación, alquiler de espacios y formación continua”,

indica Carvajal.

A esto se suma una percepción arraigada en parte del público. “Existe la idea de que la cultura debe ser gratuita y, además, que lo de afuera es mejor que lo local. Ese es un monstruo con el que hemos lidiado durante años”.

Pese a las dificultades, el balance es optimista. Han surgido academias independientes, clases personalizadas y nuevos modelos de gestión cultural que buscan formar niños, niñas, adolescentes, adultos mayores, personas con discapacidad; y fortalecer el vínculo entre creador y comunidad. 

“La cultura en Ciudad Guayana sigue viva porque hay personas comprometidas que creen en lo que hacen y no se rinden”, concluye Carvajal.

La movida cultural guayanesa, aunque enfrenta retos históricos y actuales, continúa reinventándose y demostrando que el arte es un pilar para la vida ciudadana.

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