En una completa pesadilla se convirtió el “sueño americano” para Andry José Hernández Romero. Foto: Maryerlin Villanueva

Andry José Hernández fue uno de los migrantes venezolanos trasladados de Estados Unidos a El Salvador, a pesar de que no cometió ningún delito en el país centroamericano. En la prisión de máxima seguridad solo comían proteínas una vez al mes.

San Cristóbal. En una pesadilla se convirtió el “sueño americano” de Andry José Hernández Romero, de 32 años de edad, quien en su paso hacia Estados Unidos fue trasladado hacia el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de El Salvador, después de que lo acusaran de integrar el Tren de Aragua.

Viví un completo infierno en ese lugar con todo lo que pasamos. Espero más nunca volver”, contó Andry, quien desde el 24 de julio se encuentra en su casa, ubicada en el municipio Capacho Nuevo del estado Táchira, luego del canje entre Estados Unidos y Venezuela que permitió el regreso de los migrantes presos.

Cuando las autoridades lo llevaban de Estados Unidos a El Salvador el avión realizó una parada en Honduras, lo que generó suspicacia en los pasajeros. Presume que todo fue una maniobra bien calculada para llegar en horas de la noche sin periodistas ni fotógrafos.

“Allí (Honduras) pasamos cuatro horas, ellos argumentaron que estaban recargando combustible, pero solo estaban haciendo tiempo para llegar muy tarde. Apenas nos bajamos del avión comenzaron los golpes y vejámenes hacia nosotros”.

Imágenes: Secretaría de Prensa El Salvador

El 16 de marzo el gobierno de Estados Unidos trasladó a 252 migrantes venezolanos al Cecot, una cárcel de máxima seguridad de El Salvador, a pesar de que ellos no cometieron delitos en este país centroamericano.

El gobierno norteamericano los vinculaba con el Tren de Aragua, una megabanda que operaba desde la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua, y se convirtió en una estructura trasnacional tras expandirse por suramérica, de acuerdo con las investigaciones de Insight Crime.

Esta organización criminal fue la punta de lanza de la política antimigratoria de Donald Trump, quien asegura que no descansará hasta expulsar o detener a sus integrantes.

Cómo fue la prisión en El Salvador

El día en el Cecot iniciaba a las 5:00 a. m., comenzaban con posición de conteo, luego los detenidos iban al baño y desayunaban. Hacían deportes de vez en cuando. Después almorzaban, los contaban, cenaban y se iban a dormir.

Cuando llegaba el equipo antimotín los ponían en posición de requisa. Los golpes eran diarios. Algunos sufrieron fracturas en la nariz, hematomas grandes en los brazos, espalda y otras partes del cuerpo.

Imágenes: Secretaría de Prensa El Salvador

Andry asegura que la violencia se incrementaba con los integrantes de la Mara Salvatrucha (o MS-13), una organización criminal salvadoreña que se originó en Estados Unidos y se extendió desde Centroamérica hasta Europa, según Insight Crime.

“A nosotros no nos podían matar o herir de gravedad porque les podría venir un problema grave para ese país, pero sí dejaban morados, algunos se les fue de la manos y estaban graves, allí mismo los trataban”, expresó.

Mala alimentación

La alimentación en el Cecot era a base de carbohidratos. Desayunaban arroz, caraotas y una tortilla; almorzaban pasta, arroz y tortilla; mientras que en la cena se repetía la comida de la mañana. La proteína la consumían una vez al mes.

Andry no tolera los alimentos por la mala alimentación que recibió. Sufre de náuseas de forma constante y tiene una severa dermatitis a causa del jabón con el que se bañaba.

La crema dental que usaban los detenidos era industrial, “nos la ligaban con jabón de ropa”. Mientras que el jabón con el que se duchaban era una preparación a base de cloro que dividían para ocho personas.

Advierten que en barrios y caseríos los vecinos temen al retorno de la inseguridad y la arbitrariedad policial
Migrantes venezolanos deportados por EE.UU. a El Salvador / Imágenes: Secretaría de Prensa El Salvador.

En una celda podían estar hasta más de 19 personas, no tenían contacto con la luz natural y la concentración de olores era fuerte.

“Tuvimos que perder la pena, porque cuando nos duchábamos teníamos que vernos. Lo mismo ocurría para ir al baño”, expresó.

La migración

Andry es maquillador y diseñador de modas. Nació en el municipio Capacho Nuevo, una localidad ubicada a 16 kilómetros de San Cristóbal, capital del estado Táchira. En este pequeño pueblo nació la idea de viajar para buscar mejores oportunidades de vida.

El 23 de mayo de 2024 partió hacia Colombia, cruzó la selva del Darién, Panamá, Honduras, Guatemala, Costa Rica y México para llegar a Estados Unidos. El recorrido demoró un mes y medio aproximadamente.

selva del Darién
Foto archivo, cotesía para Crónica Uno

Al llegar a San Diego, en California, lo detuvieron por cinco meses. Mientras estuvo en esa prisión peinó a algunas personas para distraerse, pues tenía mucha incertidumbre sobre cuándo tendría su libertad para comenzar una nueva vida en suelo americano.

Transcurrido ese tiempo lo trasladaron a otro centro de detención en Texas, donde los acusaron de ser parte de la megabanda.

“Llegamos y nos pusieron en fila. Nos dijeron que nosotros no íbamos a hacer bochinche ni íbamos hacer lo que queríamos por ser miembros del Tren de Aragua”.

Aunque Andry manifestó que no pertenecía a esta organización criminal, el 15 de marzo lo enviaron a El Salvador.

Tras lo sufrido, no tiene planes de salir del país. Foto: MV/Crónica Uno

Tatuajes

El maquillador explicó que sus tatuajes fueron el ticket de viaje para el Cecot. En su piel tiene dos coronas con la palabra mamá y papá en inglés, una culebra en el brazo derecho, otros en las piernas y las iniciales de su hermano y la suya. 

De acuerdo con el Departamento de Seguridad Pública de Texas los tatuajes más comunes entre los miembros del Tren de Aragua son: coronas, armas de fuego, granadas, rosas, felinos, depredadores, trenes y dados.

“Si yo hubiese sabido que por esas dos coronas me iban a meter preso no me las hubiese hecho”.

Por dos coronas el maquillador tachirense fue enviado a El Salvador. Foto: MV/CU

Traslado a Venezuela

Desde que Andry emigró sus padres no “tenían vida”. Su madre lloraba a diario, poco comía y dormía al no tener noticias de su hijo. Por más de un año realizaron marchas y plantones tanto en el municipio Capacho Nuevo y San Cristóbal, con el propósito de exigir su liberación.

La buena noticia llegó. La madrugada del 18 de julio sonaban carros, bocinas y rejas, que indicaba que algo iba pasar. El director del Cecot les notificó a los venezolanos que serían trasladados. Rápidamente se vistieron y los subieron a unas camionetas que los llevaron hasta el aeropuerto.

Foto: Ministerio Interior, Justicia y Paz

Andry arribó a Venezuela el 18 de julio junto con otras 250 personas, tras permanecer más de cuatro meses detenido en la megacárcel del presidente Nayib Bukele. Con su familia se reunió el 24 de julio y en su pueblo lo recibieron con los brazos abiertos.

El traslado de los migrantes venezolanos deportados por Estados Unidos fue parte de un canje en la cual liberaron a 10 estadounidenses presos en Venezuela y excarcelaron a 80 presos políticos.

Diosdado Cabello, ministro de Interior, Justicia y Paz, dijo que las excarcelaciones se debieron a una gestión del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. “A esos venezolanos no los negociamos nosotros con Estados Unidos. Esos 80 venezolanos igual hubiesen salido”.

Luego de todo lo que sufrió, Andry no tiene planes de salir del país. Se dedicará al maquillaje, que es su pasión, a ayudar a los niños con cáncer y a los reclusos del Centro Penitenciario de Occidente en el municipio Córdoba de Táchira.

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