El gasto promedio mensual en atención psicológica y tratamientos puede superar los $200. Según expertos la opacidad de las cifras oficiales impide al Estado diseñar políticas efectivas que salven el tejido social del país.
Caracas. La estabilidad mental de Paola se vio afectada por la crisis económica. Hace seis meses tuvo una recaída fuerte. Desde los 16 años de edad lidia con la depresión y ansiedad.
“La recaída vino producto a que no podía comprar los medicamentos”, confiesa la joven de 26 años de edad.
La descompensación derivó en diagnósticos más complejos: trastorno límite de la personalidad y esquizoafectivo. Paola estuvo más de dos meses sin la medicación que la mantenía estable, un período en el que sus trastornos psicosociales la obligaron a dejar su trabajo como delivery al verse incapaz de gestionar el día a día.

“Es un gasto que no puedo asumir de verdad. Para mantenerme bien debo tomar 10 pastillas distintas durante todo el día. Hasta ahora me las recetaron tres en la mañana, tres al mediodía, dos en la tarde y en la noche”.
El costo mensual de estos medicamentos ronda los $120, en algunas cadenas de farmacias que recorrió Crónica Uno. Mientras el sueldo mínimo integral se ubica en aproximadamente $0,70 (130 bolívares mensuales).
Esto significa que pacientes como Paola necesitarían el equivalente a 20 sueldos mínimos solo para pagar sus medicinas.
“Ahorita los puedo costear porque un tío que está fuera del país al ver mi recaída empezó a ayudarme. Porque realmente mi mamá, con la pensión de jubilada de la Asamblea Nacional, solo le alcanza para la comida”.
Expertos consultados por Crónica Uno señalan que los venezolanos no pueden acceder a los servicios de psicología en el ámbito privado debido al deterioro económico y a que los seguros médicos rara vez cubren estas patologías.

Terapia y medicación
La carga financiera de la salud mental no se limita a la farmacia. El acompañamiento profesional, fundamental para casos complejos como el de Paola, añade una capa de gasto que resulta inabordable.
Sin embargo, hay pacientes con diagnósticos que solo requieren manejo de ansiedad y tienen otros esquemas de medicación con costos más bajos. Crónica Uno verificó que algunos pacientes pueden llegar a gastar al menos de $50 mensuales, para adquirir medicación por un mes.
Siboney Pérez, presidenta de Psicólogos sin Fronteras en Venezuela, explica que el costo puede variar mucho según el tipo de trastorno y la frecuencia del tratamiento, pero un paciente puede gastar un promedio de entre $40 y $100 mensuales solo en consulta psicológica.
Según la especialista, si un paciente como Paola acude a terapia una o dos veces al mes y requiere medicación constante, los gastos pueden duplicarse, o incluso triplicarse.

“La persona puede llegar a gastar $200 en un mes, una cifra que no logra ser cubierta por una gran parte de la población”, asegura.
Destaca que el ingreso promedio del venezolano, que está por debajo de la canasta alimentaria, no es suficiente para costear un tratamiento psicológico. Esta realidad evidencia que en la práctica “la salud mental sigue siendo un lujo para muchos”.
Diagnósticos se disparan
Pérez afirma que en los últimos años se observa un aumento significativo en la demanda de atención en salud mental, debido a que Venezuela atraviesa retos sociales profundos que impactan inevitablemente el bienestar emocional de sus ciudadanos.
Estas afirmaciones se reflejan en diversos estudios. Según el informe de Psicodata, de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), nueve de cada 10 venezolanos sufren de ansiedad y depresión sin acudir a consultas.

Pérez detalla que, aunque el acceso a la atención psicológica es una necesidad prioritaria y urgente, muchas veces resulta inalcanzable para amplios sectores de la población.
“El notorio incremento de personas que hoy hablan abiertamente de su deterioro mental se vincula a un proceso de aceptación colectiva. Después de la pandemia y de los años de dificultades sociales y de crisis, muchas personas se permitieron aceptar y reconocer su fragilidad”,
explica.
Para la especialista hablar de salud mental ya no es un tabú ni un estereotipo, sino una forma de buscar alivio y conexión.

Sin respuestas
Según una nota de prensa el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (MINCYT) informa sobre iniciativas como el Programa Siempre Juntos, que brinda atención gratuita en salud mental con más de 50 especialistas.
No obstante, la precariedad del sistema público ilustra el fracaso de las políticas. Paola buscó ayuda en el Hospital Psiquiátrico de Lídice hace dos meses –cuando tuvo la recaída– pero la experiencia resultó ser un revés emocional.
“El doctor lo primero que me preguntó fue si yo había robado, matado o estaba en situación de calle. El trato y la manera que me miraba fueron muy despectivos”,
relata Paola.

La consulta de emergencia la dejó con más preguntas y mucha más inquietud. Ese día tuvo nuevamente una recaída porque se sintió culpable. “No me recetó nada y me dijo que volviera en tres meses para ver si había cupo para internarme”.
Descartada la opción de Lídice, Paola buscó ayuda en los centros psiquiátricos de Los Chorros y El Peñón, donde le dieron apoyo en las primeras consultas, pero le negaron la posibilidad de hospitalización —a pesar de que lo ameritaba— por la escasez de camas disponibles.
Gilberto Aldana, psicólogo del hospital Vargas, afirma que el Estado sí tiene programas para la atención integral de los pacientes con brotes psicóticos y existen servicios de psicología activos donde se ofrece un buen trato.
“En el hospital Vargas de Caracas existen consultas psicológicas y psiquiátricas para la población pediátrica y adulta. De hecho, vemos alrededor de 1000 pacientes al mes. Cumplimos con los parámetros que establece la OMS”,
comenta Aldana

El psicólogo añade que también existen programas para suministrar medicamentos esenciales, sobre todo en casos de emergencias psiquiátricas. “En el hospital hay medicamentos como Haloperidol, Acepan, Cloracepan y más”.
Hospital Vargas
Crónica Uno realizó un recorrido por el Servicio de Psicología y Psiquiatría del hospital Vargas, el 21 de octubre pasado, en el cual constató las barreras operativas que limitan el acceso a la salud.
Un empleado de la institución –se reserva su identidad por protección– indicó que no otorgarán más cupos para consultas por primera vez este 2025. Hasta finales de octubre solo se atenderán a los pacientes con citas previas.
Los pacientes detallaron que quienes aspiran a una consulta inicial deben llegar antes de las 5:00 a. m., porque solo se entregan 10 números los días lunes.
Betzaida, diagnosticada con depresión severa e insomnio, lleva cinco años atendiéndose en el servicio de este hospital y menciona que el trato del personal y las consultas son “muy buenas”.
No obstante, agrega que las citas de seguimiento se retrasan y dependen directamente de la disponibilidad de los especialistas.

”Sí entregan medicamentos, pero yo no tengo suerte porque siempre que llego a la farmacia ya se ha acabado, llegan muy pocas unidades. Hoy (21 de octubre) había Clonazepam, pero ya no quedaba cuando fui”,
lamenta Betzaida.
Crear políticas públicas
Siboney Pérez, quien también es psicóloga clínica, advierte que cuando la salud mental se descuida, se debilita el tejido social porque aumentan los conflictos, la violencia, la desesperanza y el aislamiento.
Para la especialista la salud emocional no es un asunto solamente individual, pues afecta la convivencia, la familia y también la capacidad de un país para reconstruirse y sostenerse. Por eso es necesario atender la mente, porque al mismo tiempo se atiende a la comunidad.
Pérez menciona que en Venezuela no existen cifras oficiales en torno a las enfermedades que afectan la salud mental. Esta opacidad impide diseñar políticas públicas efectivas que aborden debidamente la situación.

“Para que exista una buena atención el Estado debe crear programas que permitan los servicios psiquiátricos, mejorar la infraestructura, la dotación y la alimentación en los centros públicos”,
puntualiza.
Añade que es fundamental crear políticas públicas para la salud mental, integrándose en educación, trabajo y comunidad, ya que la prevención no solo reduce costos médicos, sino que también salva vidas e implica una inversión en el futuro emocional del país.
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